Ronald Matute. 23 julio

Con hidalguía y humildad, el doctor Rodrigo Marín admitió que hizo un viaje en lancha sin cumplir las medidas de protección para prevenir el contagio del coronavirus y renunció.

El médico, uno de los grandes líderes de la lucha contra el virus, entendió que ese imperdonable error lo despojó de la autoridad moral para seguir pidiendo disciplina a la población.

Pocas horas después, algunos diputados aprovecharon el incidente para señalar las incongruencias de un gobierno que impone medidas sanitarias que luego son irrespetadas por los suyos.

Tales voces no sospechaban que muy pronto se verían enfrentadas a una situación que exhibiría sus propias incongruencias.

En plena rayería, trascendió que los legisladores Carmen Chan, Melvin Núñez y Óscar Cascante también efectuaron un viaje conjunto de pesca, sin mascarillas ni distanciamiento físico.

Siguiendo el ejemplo del ex director sanitario, lo congruente habría sido que los tres congresistas, por lo menos, aceptaran su error, pero más bien justificaron su periplo alegando que son una “burbuja laboral”.

Tampoco se escuchó a ninguno de sus colegas pedirles la salida o, tan siquiera, una disculpa pública.

Pero hay más. ¿Acaso no es incongruente que los diputados abrieran el grifo a las municipalidades para elevar su gasto en momentos en que ellos mismos exigen al gobierno reducir el gasto público?

Recordemos que los congresistas también solicitaron apurar la presentación de un presupuesto extraordinario más ambicioso para reducir el gasto, pero luego hicieron un receso de una semana.

Otro hecho inaudito ocurrió este miércoles. Tras semanas de reclamar austeridad, los diputados suavizaron dos reducciones impulsadas por el gobierno en las transferencias a municipios y asociaciones de desarrollo.

Esta decisión se suma a otras que el Congreso ha tomado, en las últimas semanas, para favorecer a potenciales nichos electorales (perdón, sectores), sin prestar oídos a las advertencias sobre su grave impacto financiero.

El doctor Marín aceptó su falta y se fue, como debía ser. En el Congreso, nadie admite sus incongruencias y con frescura siguen señalando la paja en el ojo de los demás.

rmatute@nacion.com