Ronald Matute. 4 abril

Tal vez sin quererlo, la Comisión Nacional de Préstamos para Educación (Conape) sacudió los cimientos de la enseñanza superior al anunciar la suspensión del financiamiento de 36 carreras de alto desempleo en el país.

En la lista figuran disciplinas que, aunque atraen el interés de muchísimos jóvenes, en realidad tienen saturado el mercado local y los profesionales están desocupados.

Medicina, Enfermería, Nutrición, Mercadeo, Educación Preescolar, Turismo, Historia, Psicología, Relaciones Internacionales y Periodismo son algunas de esas carreras.

Días después del anuncio por parte de Conape, la ministra de Planificación, Pilar Garrido, lanzó un dardo a las universidades.

Garrido, en una visita al Congreso, afirmó que dichos centros gradúan estudiantes en énfasis que no son necesariamente “los que nuestra economía y sociedad necesitan”.

Por ello, abogó por efectuar un mayor esfuerzo para intensificar la formación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemática.

No cabe duda de que la ministra puso sal sobre una llaga abierta. ¿Cuán sincronizada está la oferta académica de los recintos públicos y privados con la demanda real de mano de obra?

¿Se sentarán los rectores y los dueños de universidades a conversar con los empleadores para conocer su opinión sobre la calidad de los graduados y el perfil del trabajador que necesitan?

Es evidente que no, pues el sector empresarial se viene quejando hace tiempo de las dificultades para reclutar personal con las habilidades requeridas.

Tal parece que este es un buen momento para que las universidades pongan las barbas en remojo y revisen en profundidad su menú de carreras.

Si no quieren que se les catalogue como máquinas de producir títulos, deberían invertir parte de los recursos que reciben del Estado y de sus clientes para aprender a leer mejor los signos de los tiempos.

Pero también es necesario que la educación primaria y secundaria ayude en forma decidida a descubrir, orientar y fomentar las vocaciones desde edades tempranas.

Sería muy útil que, al llegar al cierre del colegio, los muchachos tuviesen una visión más clara de sus destrezas y de las carreras ofrecidas con las mejores condiciones para desarrollarlas. Tienen la palabra las autoridades educativas.

Ronald Matute es jefe de Información de La Nación.