Ángela Ávalos. 24 junio, 2020
La directora médica del Hospital Nacional de Geriatría, Milena Bolaños, considera fundamental la participación comunal en la protección de sus adultos mayores. Foto: Archivo/Jorge Navarro
La directora médica del Hospital Nacional de Geriatría, Milena Bolaños, considera fundamental la participación comunal en la protección de sus adultos mayores. Foto: Archivo/Jorge Navarro

Solo el año pasado, el Hospital Nacional de Geriatría atendió a 60 adultos mayores que fueron abandonados por sus familias en sus instalaciones. Simplemente, los dejaron ahí a su suerte, y el hospital tuvo que correr a buscarles asilo.

Esta semana, dos ancianos permanecían allí abandonados también por sus parientes. Uno de ellos, lleva 130 días en espera de un espacio en algún hogar de larga estancia. Otra, lleva casi tres meses sin recibir visita de sus parientes.

Quienes abandonen a sus familiares adultos mayores ya no estarán protegidos por la impunidad.

El pasado15 de junio, el presidente de la República, Carlos Alvarado, firmó la ley 9.857 que castiga el abandono de nuestros ancianos con penas de cárcel entre un mes y diez años.

La directora médica de ese hospital especializado, Milena Bolaños, considera ese instrumento como fundamental para la protección de los derechos de esta población.

“Antes yo, familia, lo dejaba en el hospital y nada pasaba. En este momento, esto es un delito. Lo que busca es desincentivar esa práctica dentro de las familias y hacer una toma de conciencia, como ciudadanos, de la responsabilidad con nuestros adultos mayores. Todas las familias son la unidad básica de la sociedad llamada a nutrir a todos sus miembros y apoyarlos en sus necesidades”, afirma la especialista en Geriatría.

“Lamentablemente, se siente que cada vez hay adultos mayores más solos, con familiares que trabajan y no tienen el mismo tiempo y disposición para cuidarlos, y esto empeora los factores de riesgo de abandono y sufran maltrato”.

En el 2019, ahí detectaron 716 víctimas de algún tipo de abuso o maltrato; la cifra ha crecido no solo por el incremento en la cantidad de adultos mayores, sino también por un cambio en la dinámica de las familias actuales.

El siguiente, es un resumen de una entrevista con la directora médica del Hospital Geriátrico a propósito de la firma de esa ley y del Día Nacional contra el Abuso, Maltrato, Marginación y Negligencia hacia las Personas Adultas Mayores y del Día Mundial sobre la Toma de Conciencia Sobre el Abuso y Maltrato en la Vejez, celebrados el 15 de junio.

– ¿Cómo se refleja en las estadísticas hospitalarias el impacto de la violencia contra las personas adultas mayores?

– Como hospital especializado, tenemos un comité que dedica todas sus acciones a la atención de los adultos mayores que sufren alguna forma de maltrato. En el 2019, tuvimos 716 casos. De esos, la principal forma documentada fue la violencia psicológica, con 358 casos. Ese maltrato no son solo gritos o insultos. Implica hacer sentir culpable al adulto mayor, o verlo como una carga, y no necesariamente lo estás gritando. Son formas de abusar sin necesidad de gritar.

“La negligencia es la segunda causa. Ocurre cuando dejamos de hacer: no los cuidamos apropiadamente ni les damos medicamentos, no los llevamos a las citas médicas, no los bañamos. La tercera causa, es el abandono propiamente, cuando el grupo familiar o cuidador descuida completamente el nexo con el adulto mayor y lo deja a su suerte.

“Esto es apenas la punta del iceberg, son los casos que logramos detectar, que muchas veces no vienen por esta causa al hospital sino por otros motivos, pero por ser un hospital especializado con una visión integral, logramos detectar que hay algo que no está bien y de ahí es que salen estos números.

“La cuarta causa de maltrato que registramos es la que llamamos “otros”: se incluye el abuso patrimonial, cuando se le quita al adulto mayor el dinero o sus propiedades. Ahí también se incluye cuando se le pone a firmar como fiador y después no pago para que él asuma la carga. O lo pongo a sacar una tarjeta de crédito y le exijo que me dé una adicional mientras él paga todas mis cosas. O pongo a responder por el pago de servicios la pensión que esa persona recibe. Otra forma de abuso es el físico, cuando hablamos de golpes, quemaduras y agresión”.

– ¿Han logrado documentar la mortalidad por esa causa?

– Es una buena pregunta. Los pacientitos que son abandonados en hospitales, muchos de ellos, no sé cuántos, sí estamos claros que tienen un alto riesgo de mortalidad porque terminan en el hospital días de días, y mientras se reubican contraen infecciones y fallecen por esa causa. La principal causa fue la infección, pero esta derivó del abandono del adulto mayor.

“También la negligencia puede derivar perfectamente en mortalidad del adulto mayor, porque si no le doy medicamentos puede fallecer de una descompensación. Pero hay que revisar los datos porque el registro de la mortalidad depende de si el médico incluyó como una de las causas asociadas la negligencia o el abandono”.

– ¿Cuáles son los principales desencadenantes de violencia identificados en el hospital?

– Hay algunos factores de vulnerabilidad que hacen a un grupo de personas más susceptibles al maltrato. Generalmente, son los pacientes que tienden a tener dependencia física. Entre más dependencia física, más vulnerables son al maltrato o abandono.

“También aquellos con enfermedades psiquiátricas como demencia, depresión severa o ansiedad, que por sus trastornos conductuales son más vulnerables a recibir maltrato. Y aquellos pacientes con cuidadores únicos, por el cansancio del cuidador, donde hay personas que ya definitivamente se saturan y no pueden seguir cuidando con la misma capacidad y dedicación al adulto mayor”.

– ¿Hay registrado un incremento de los casos?

– Con el paso del tiempo, hemos ido aumentando porque lamentablemente se siente que cada vez hay adultos mayores más solos, con familiares que trabajan y no tienen el mismo tiempo y disposición para cuidarlos, y esto empeora los factores de riesgo de abandono y de que sufran maltrato.

“Hemos notado que, entre más avanzada la edad de la persona, más riesgo tiene. Dentro de la dependencia que tienen también el hecho de que tengan dependencia financiera o emocional con el cuidador, esto los hace tener más factores de riesgo”.

– ¿Cuáles avances ha tenido Costa Rica en la protección de esta población, y cuáles son aún las deudas?

– Creo que la Red de Cuido es una iniciativa maravillosa que ha permitido en diferentes áreas solventar las necesidades de los adultos mayores y sus familias. Su función principal es mantener a los adultos en sus comunidades. El reto de la Red de Cuido, como siempre, es la parte económica. Se podrá apoyar a tantos adultos mayores como recursos se tenga.

“La otra cosa que se vislumbra, aunque todavía muy tibiamente, es la función protectora que también pueden cumplir los gobiernos locales. Las municipalidades deben promocionar la formación de grupos de adultos mayores para brindarles no solo posibilidades de mejorar su independencia física, sino que se conviertan en grupos de apoyo. Digo que tibia porque he percibido que depende mucho de las municipalidades. Hay unas muy proactivas y otras que no tanto.

“Las comunidades, las organizaciones activas sería importante que se comprometan con el cuidado. Entiendo que la familia es la base y responsable de sus miembros, pero las comunidades podrían involucrarse más. Hay muchas organizaciones comunales activas que deberían ver quiénes son sus adultos mayores y cómo la están pasando.

“Definitivamente, no podemos hacernos de la vista gorda ante las cosas que están ocurriendo. Más bien, al no ser vigilantes o comprometernos con los adultos mayores, estamos propiciando la no denuncia cuando sufren situaciones de violencia o abandono. Las comunidades deben tomar conciencia de esto y convertirse en factores protectores y prevenir.

“Un elemento importante es toda la legislación que el país ha creado. La ley de atención integral genera todo un marco de protección en salud, educación y vivienda. Y por supuesto la última ley, que le da nombre y apellido al abandono como un delito. Antes yo, familia, lo dejo en el hospital y nada pasaba. En este momento, esto es un delito. Lo que busca es desincentivar esa práctica dentro de las familias y hacer una toma de conciencia como ciudadanos de la responsabilidad con nuestros adultos mayores. Todas las familias son la unidad básica de la sociedad llamada a nutrir a todos sus miembros y apoyarlos en sus necesidades”.

–¿Cuáles solos factores de protección contra el maltrato en la vejez?

– Ser independiente es lo mejor. A mayor independencia, mayor empoderamiento y capacidad para hacer valer sus derechos como ciudadano e impedir ingresar en un círculo de violencia. La otra cosa es tener una red de apoyo funcional que le brinde todas sus necesidades básicas. Y por supuesto la socialización, que es otra cosa importante: una persona aislada no va a tener a quién acudir en caso de abandono.

En este momento, ¿cuántos adultos mayores están abandonados en el hospital geriátrico en espera de una alternativa de protección?

– Dos personas. El año pasado, tuvimos 60. Ahorita tenemos dos. Hemos ido ubicando, pero nos quedan dos. Uno lleva 130 días, y la otra tres meses. Están muy viejitos y complicados. A veces, pueden durar hasta seis meses esperando un sitio que los reciba. Por eso, le mencionaba que mientras esperan un hogar, pescan una infección y se mueren. Nada tienen que ver con la causa por la que vinieron, pero terminan falleciendo mientras esperan, y estas esperas son largas.

– Vienen al hospital por diarreas o infecciones respiratorias, pero su ojo clínico detecta otras cosas que sugieren maltrato. ¿Qué es lo que identifican?

– La actitud del cuidador. Cuán identificado o no está con el adulto mayor. Nos fijamos mucho en el conocimiento que el cuidador tenga de las necesidades del adulto. Muchos signos: con solo ver si lo traen bien bañado, si está bien cuidadito o no... solo eso nos dice qué está pasando con esa persona.

“También la relación que tenga con el adulto mayor. Nos hemos topado cuidadores que desde que llegan al hospital entran gritándole al adulto mayor. Así pasa a vista y paciencia de todo el mundo. Y desde ahí empezamos con las señales de alarma. Al internar a un paciente, les damos una atención integral con Trabajo Social, que se encarga de valorar la red de apoyo y las necesidades. Se les hace una entrevista y el personal, entrenado, detecta factores de riesgo”.

– ¿Cuál es la nueva dinámica familiar que podría convertirse en factor de riesgo para el maltrato contra los adultos mayores?

– Hay dos cosas fundamentales. La primera, que ahora todos los miembros de la casa trabajan. Esto hace que sea un reto mayor para las familias cuando su adulto mayor necesita apoyo. Y en segundo lugar, las familias muy pequeñas. Esto sucede porque ahora no son 6 o 7 hijos que se pueden organizar; ahora son uno máximo dos y los dos trabajando.Esto es un reto para el cuidado del adulto.

“Lo tercero es que nos desplazamos bastante para trabajar. Puede ser que el adulto viva en Cartago toda la vida, y los hijos en Alajuela o Heredia... pero si no se vale por sí mismo, ¿quién lo va a ayudar? Puede que tengan los recursos para contratar un cuidador, pero quién lo supervisa, porque puede ser que estos también abusen. Todos estos son retos hoy que, como sociedad, debemos plantearnos para ver cómo solventarlos, para ver cómo protegemos a los más vulnerables.

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