Salud

Hijos y hermanos de funcionarios de hospitales relatan su admiración por ellos y los dramas familiares en pandemia

Seis jóvenes contaron a ‘La Nación’ cómo ha sido su vida al tener a sus seres queridos en la primera línea de lucha contra la pandemia de covid-19

“Mi mamá es enfermera en el Hospital México. Mi mayor temor es que se enferme porque es asmática. Ella trabaja en la Unidad de Vigilancia Epidemiológica y su horario normal es de 6 a. m. a 3 p. m., pero, desde que empezó la pandemia, no tiene tiempos fijos; ha acumulado más de 100 horas extras hasta el momento".

“De hecho, la he visto trabajar hasta 12 horas seguidas sin parar. Ella llama a los pacientes para comunicarles que su prueba salió positiva. Cuando trabaja desde la casa, escucho esas conversaciones donde las personas se enojan, lloran, gritan o simplemente se quedan calladas; del miedo no pueden ni contestar.

“Mis hermanos y yo nos sentimos muy orgullosos de ella, pero a veces no sabemos cómo ayudarle. Hay momentos en que ella solo está demasiado cansada para lidiar con cualquier otra cosa. Siempre dice que nos tiene abandonados, pero yo creo que no, que simplemente tiene una tarea muy importante y debe cumplirla”.

Esa es la realidad que vive María Fernanda Valle, de 25 años. Es la misma que afecta a todos los hijos y hermanos de los funcionarios de centros médicos que trabajan en la primera línea de lucha contra la covid-19.

Estos jóvenes sufren en confinamiento las consecuencias de la pandemia y temen que el coronavirus llegue a sus vidas sin avisar.

Algunos tienen padres con factores de riesgo o viven con adultos mayores, por lo que la posibilidad de un contagio podría desencadenar una serie de consecuencias devastadoras.

Emily, César, Melanie, Sebastián, Ana Timea y María Fernanda contaron a La Nación cómo es vivir con un funcionario de un hospital en este momento y lo que ha significado para sus vidas.

‘La pandemia me ha devastado emocionalmente'

María Fernanda Valle es ingeniera industrial y trabaja en Amazon. Su mamá, la enfermera Cynthia Herrera, viaja en bus al Hospital México todos los días. Además, las noches y los fines de semana labora desde casa.

Valle comenta que ella se siente grande y que puede defenderse sola, pero sus hermanos todavía están en el colegio y que a veces les hace falta la atención de su mamá, quien pasa muy ocupada a diario.

“Mis hermanos y yo siempre tratamos de hacer los quehaceres de la casa lo mejor posible, para que ella no sienta que también tiene que hacer eso. Además, le cocinamos todos los días para que lleve almuerzo", acotó.

María Fernanda dice al principio de la pandemia estaba muy pendiente de las noticias sobre el coronavirus, pero ahora solo se informa sobre “lo necesario”.

No obstante, como su mamá se encarga de notificar a los pacientes cuando dan positivo por covid-19, ha escuchado a muchas personas lamentarse y sufrir al saber que tienen el virus.

“Hay personas que, en muchos casos, en vez de preocuparse por estar enfermos, se preocupan porque no saben cómo van a hacer sin poder trabajar. Eso me ha impactado y me ha hecho ver lo afortunada que soy”.

Esta vecina de Belén, Heredia, destaca que la pandemia la ha devastado emocionalmente. También, teme por sus abuelos.

“Cada quien está haciendo lo que puede. Algunas personas deben vivir esto en la primera fila, ser líderes de un país y tomar decisiones para todos.

"Esas personas también tienen que llegar a la casa, ver a sus hijos y a sus familias. También tienen miedo de enfermarse y ver mal a sus seres queridos. Lo más importante es siempre tener eso en cuenta”, manifestó.

‘Hay muy poca disciplina en Costa Rica’

Para César Bermúdez, el vínculo con su madre se ha fortalecido desde la llegada del nuevo coronavirus. La admiración y el respeto que le tenía antes de la pandemia eran muy grandes, pero ahora crecieron.

Su mamá se llama Cristina Vargas y es enfermera en el hospital Calderón Guardia. Vive sola en un apartamento de la capital, aunque en ocasiones viaja desde la casa de ambos, ubicada en Puriscal, San José.

“Al inicio tenía un miedo e incertidumbre muy grande por todo lo del virus, pero la valentía y las ganas de servir a los demás que tiene mi mamá me han ayudado tener empatía y a dejar de lado esas cosas negativas”, dijo.

Este joven de 21 años menciona que siempre le sorprende el gran amor con el que su mamá hace las cosas. Eso le ha enseñado muchos valores como la responsabilidad y la satisfacción de actuar por el bien común.

Dice que siempre trata de motivar y apoyar a su mamá, de decirle que “la valentía es aguantar el miedo un minuto más”.

“Una de las cosas que más me marcó fue cuando me contó que llegó una joven de 17 de años a dar a luz y era positiva por covid-19. La muchacha no sabía y le afectó bastante. No me puedo ni imaginar el susto".

Bermúdez es técnico en logística y considera que muchas acciones sanitarias se han tenido que hacer a la fuerza, porque dice que existe muy poca disciplina en Costa Rica. Además, cree que el país está muy dividido.

“Siento que hay mucha manipulación e ignorancia desde la Asamblea Legislativa porque varios diputados han utilizado esta situación tan dolorosa para hacer campaña".

"Es una falta de ética que jueguen con la salud de tantas familias. Una falta brutal de respeto y de conciencia. Vienen tiempos muy difíciles, es mejor que busquemos salir adelante y no bajarnos el piso”, concluyó.

‘Él tiene contacto con todos los que llegan al hospital’

A la joven Emily Fallas le ha tocado asimilar algo muy complicado: su hermano tiene contacto diario con pacientes covid-19 que no saben que tienen el virus, ya que es guarda de seguridad en un centro médico.

“Me siento muy preocupada porque obviamente él está en primera línea, es quien recibe a la gente y tiene contacto con sus documentos para poderles orientar hacia dónde tienen que ir”, afirmó.

Su hermano se llama James Fallas y trabaja en el área de seguridad del Hospital Nacional de Niños. Siempre cambia de posición con sus compañeros según el día y todas las semanas le toca un puesto distinto, dice ella.

La vecina de Aserrí, San José, explica que el horario de su hermano se ha intensificado por la pandemia y que ha tenido que trabajar hasta doble o triple turno. Su mayor miedo es que se llegue a contaminar su familia.

“La relación entre nosotros ha cambiado significativamente porque evitamos el contacto. Yo formo parte de la población de riesgo porque tengo asma y tratamos de evitar abrazarnos o darnos besos como antes”, subrayó.

Cuando James Fallas llega a su casa, tiene que entrar por un portón distinto al que usan normalmente en su hogar, quitarse la ropa, lavarla inmediatamente y luego bañarse.

Emily recuerda cuando su hermano le dijo que uno de sus compañeros dio positivo por covid-19. Toda su familia tuvo un gran cuadro de ansiedad, más porque el hombre infectado trabajaba de cerca con James.

“Me enorgullece que siga atendiendo a los pacientes con tanto respeto sin importar si son positivos y los haga sentir que no perdieron su humanidad.

"Ya casi ni nos vemos porque sus jornadas son bastante duraderas. Cuando él se va a al trabajo yo estoy dormida y, cuando él vuelve, yo ando haciendo entrevistas”, añadió la estudiante de Periodismo.

Para esta muchacha de 21 años, la pandemia es un asunto que la sociedad no ha terminado de aceptar, ya que considera que muchas personas todavía se niegan a asimilar que “esto cambió la forma en la que vivimos”.

‘No sé cuánto tiempo tengo de no abrazar a mi mamá’

El caso de Melanie Carrillo se resume en una cosa: no recuerda cuándo fue la última vez que abrazó a su mamá. Ella se queda en la casa de su papá.

Ella tiene 20 años, vive en Moravia y estudia Trabajo Social y Economía en la UCR. Su mamá se llama Lidiola Pitty y trabaja en la parte administrativa de la Clínica Central, como coordinadora de Ebáis en San José.

Este trabajo implica que su mamá se movilice constantemente por varios centros médicos y que tenga contacto con muchos funcionarios de salud.

“Tengo un sentimiento de incertidumbre constante por lo expuesta que está ella. Mi mayor miedo no es solo que se contagie, sino no saber cómo le va a afectar el virus, porque tiene hipertensión”, dijo.

La estudiante explica que la cercanía que siempre tenía con su mamá se rompió.

“Al inicio yo no tenía ganas ni de ir al supermercado y ver que ella no podía decidir por el trabajo, y que lo hacía con tanta valentía y compromiso, me llenó de mucho orgullo.

"Creo que nunca me he preocupado mucho por transmitirle esa admiración, porque es tanta la preocupación que tengo que lo que le paso diciendo es que se cuide”, agregó.

Melanie considera que la pandemia vino a retratar problemas sociales que han existido desde hace mucho tiempo. Le preocupa la salud mental de las personas mayores y la violencia infantil o doméstica actual.

Destaca que los jóvenes no deben creerse invencibles ante el virus.

‘Han habido problemas por la sobreconvivencia'

Aunque el amor entre familiares puede ser muy fuerte, el exceso de convivencia producto del confinamiento puede generar conflicto hasta entre las personas más cercanas. Eso le sucedió a Ana Timea Porras en su casa.

Esta estudiante de Medicina de La Trinidad de Alajuela ha llevado su carrera de manera virtual los últimos meses y ha tenido que adaptarse -a la fuerza- a muchos aspectos que la han afectado emocionalmente.

Su mamá, Rosibel Fernández, trabaja como auxiliar administrativa en la clínica médica-forense del Poder Judicial. No es un hospital, pero atiende a personas que llegan a hacer trámites todas las semanas.

“Siento que ha sido muy duro para ella porque, a pesar de que no es médico, ha tenido que atender personas que llegan positivas por covid-19 de la cárcel ‘La Reforma’, que las llevan a hacerse valoraciones".

"Aunque no es un centro médico per se, es una clínica, entonces sí tiene que tomar todas las medidas del caso por si llegan personas contagiadas”, dijo.

La joven de 21 años dice que teme por su mamá, ya que es prediabética, pero también por sus abuelos, quienes viven con ellas.

“Ella dice que no quiere morirse porque aspira a vernos a mi hermana y a mí graduadas”, agrega.

Subraya que la pandemia ha sido una situación muy pesada para su salud mental y que ha habido problemas en su casa por la ‘sobreconvivencia’, ya que ella a veces es difícil concentrarse en la universidad.

“La verdad la admiro mucho y entiendo que es una situación complicada porque ella se está exponiendo. Sé que lo hace porque sabe que tiene un deber con nosotros, con la familia y necesita esa entrada económica".

“Ella podría decir ‘me quedo en mi casa con mis familiares y no me expongo’, pero hay obligaciones y por eso la admiro, por asumirlas”, dice esta hija sobre su mamá.

Ana Timea considera que el virus vino a demostrar de lo que es capaz el mundo y, específicamente, las ciencias de la salud.

Dice que esto es muy importante porque reta a los científicos a lograr mucho contrarreloj.

‘Mi hermana se fue de la casa para cuidarnos’

Otra persona que vive con temor es Sebastián Gutiérrez, ya que su hermana Ana trabaja en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital San Juan de Dios, el centro médico más impactado por la covid-19.

Él vive en Desamparados de Alajuela y estudia administración de empresas en la Ulacit. Comenta que su hermana se fue de su casa con el fin de evitar contacto y un posible contagio.

“Al inicio de la pandemia, ella empezó a dormir en el cuarto de visitas, lejos de nosotros, pero después decidió irse de la casa para que no corriéramos riesgo, ya que mi abuela de 80 años también vive aquí. Esto me golpeó bastante porque estaba a acostumbrado a tener a mi hermana cerca”, relató.

Sebastián recuerda el día que su hermana le dijo que ya no quería ver a más personas morir por el virus. Dice que, para ella, no son solo números en una estadística y que conoce el sufrimiento detrás de los fallecimientos.

“La enseñanza que a mí me ha dejado esto es seguir creyendo que, entre nuestra sociedad, podemos encontrar héroes que no necesitan usar capa o que no necesitan hacer actos gigantescos”, añadió.

También menciona que la admiración que siente por su hermana es enorme y considera que debería decírselo de más maneras.

“Me gusta pensar que con mis publicaciones en redes puedo llegar a diferentes personas y concientizarlas para así salir más pronto de esto, para tener a mi hermana más rápido en casa”, expresó.

El muchacho de 21 años cree que el país puede salir beneficiado de esta situación, pues algunas personas explotan su creatividad y convierten un problema de la pandemia en oportunidades.

“Dentro de las cosas por mejorar, el Gobierno no debería actuar como un ente que da limosnas. Es momento de que Costa Rica ayude a los emprendedores. Pequeños negocios y microcréditos con tasas decentes podrían ayudar bastante”, afirmó.

José Andrés  Céspedes

José Andrés Céspedes

Periodista en la sección Sociedad y Servicios de La Nación. Escribe sobre vivienda y trabajo.