Salud

Costa Rica y Nicaragua en un mismo barrio... y una misma vacunación

En territorios fronterizos es muy común que se viva en un país y se trabaje en otro y que haya familias en ambas naciones, esto se refleja en la vacunación contra covid-19

El suelo polvoriento de la trocha fronteriza hacía que el calor del mediodía del jueves 17 de febrero se sintiera todavía más intenso en El Bochinche. Los equipos de vacunación lo sabían y entendían que esto podía complicar la afluencia de algunas personas, sin que eso los doblegara. Sabían que sacarían la tarea.

Catalogar este barrio como tico o nicaragüense sería incorrecto: es binacional. Una parte se ubica en Medio Queso de Los Chiles, pero pocos cientos de metros después ya están las primeras casas nicaragüenses. No hay un mojón, ni un hito, ni una línea divisoria.

“Bienvenidos a Nicaragua”, nos dijo Melvin Anchía, epidemiólogo de la región Huetar Norte, a mi compañero John Durán y a mí cuando caminamos unas casas dentro del barrio. Nos volvimos a ver incrédulos, pero Anchía estaba en lo correcto.

La diferencia entre un país y otro era como cruzar una alameda en un barrio josefino. Ni siquiera tenía el ancho de una calle estrecha.

Es justamente en los sitios donde los mapas marcan la frontera, seguía explicando Anchía, donde paradójicamente las fronteras se desdibujan y las comunidades viven como si las nacionalidades no existieran.

“Los enredos fronterizos solo existen para Managua y San José, aquí para nosotros todo es lo mismo”, recordé las palabras que me había dicho ya hace un tiempo alguien que vivía en las inmediaciones del río San Juan y que tenía familia en ambos países.

En El Bochinche, la trocha fronteriza pasa no como línea divisoria, más bien se ubica varios metros dentro del lado tico. Las familias que vivían justo en el límite no perdieron sus casas. En la comunidad aledaña a la trocha, hay 225 casas en Nicaragua y 64 en Costa Rica, donde viven 1.012 y 202 personas, respectivamente.

Ese jueves, la tarea que le correspondía al personal de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) era llevar las primeras vacunas a los niños de la comunidad, completar esquemas de adolescentes y adultos, y aplicar algunas dosis de refuerzo. Las filas comenzaron a formarse con cuentagotas en un salón aledaño a una iglesia evangélica, facilitado por el pastor.

Arturo Montano, asistente técnico de atención primaria en salud (ATAPS) y Hugo Montano, auxiliar de enfermería, se instalaron y prepararon todo. El equipo de primos saludaba a cada uno de los que llegaban, pues muchos tienen años de conocerlos.

Poco importaba el país donde nacían los asistentes. Todas las personas tienen arraigo con Costa Rica fácilmente demostrable y por eso cualquiera de los vecinos podía participar de la campaña de inoculación.

Algunas madres llegaban con los libros de vacunación y seguimiento a la salud de sus hijos, otras, con su acta de nacimiento. Los adolescentes y adultos con cédulas (tanto nacionales como de residencia), constancias laborales, licencias de conducir o cualquier otro documento que los identificara.

Ashlin Daniela Masín, de nueve años, fue la primera en pasar, también es una de las primeras niñas en recibir la vacuna contra la covid-19. Mileidy Génesis Mendez, tres años menor, le siguió.

Por lo lejano de la zona, esta vacuna llegó cuando el país llevaba cerca de un mes de estar vacunando a los niños. Por esta misma razón, aquí no se hace distingo de edad o de factores de riesgo para participar en la campaña.

“Para nosotros ir a un Ebáis o clínica es cuestión de sacar todo un día, se dilata mucho. Aquí tal vez hay que esperar más días a que lleguen, pero vienen cerca de la casa”, dijo la madre de Ashlin.

Para el equipo vacunador, no importaba el documento ni el país de origen o residencia, es una dinámica a la cual están acostumbrados, pues ya es mucho tiempo de atender necesidades de salud binacionales. Así se ha inoculado siempre, no solo contra la covid-19, los niños de estas zonas tienen todas las vacunas al día gracias a este tipo de estrategias.

“Desde el punto de vista de salud pública, al ser población trasfronteriza es muy beneficioso para el país mantener buenas coberturas en una frontera tan porosa y vulnerable”, subrayó el especialista.

Esta no es la única comunidad con estas características en la línea fronteriza e incluso en poblados más alejados de los límites en cualquiera de las dos naciones.

En sitios como Mojón 8, Mojón 9 o Esperanza, todos del lado nicaragüense, las familias binacionales son una constante. Muchos de sus miembros trabajan en suelo tico y sus hijos estudian también ahí. Alguna de sus vacunas se reciben en territorio pinolero, pero por ese arraigo con el espacio nacional la mayoría de las vacunas se administran en territorio tico sin que medie problema.

No son pocos quienes viven así. Solo estas tres comunidades suman 445 viviendas en las que habitan 3.870 personas, según datos de la Caja.

No todos residen allí todo el tiempo porque dependen de las cosechas y los trabajos informales que se logren conseguir, por eso van y vienen. Esa dinámica migratoria hace más complejo su acceso a la atención en salud.

Lo mismo sucede en otras diez comunidades ubicadas en su totalidad en Costa Rica, pero donde es regular cruzar a Nicaragua a diario o varias veces por semana para diferentes actividades.

Santa Fe, Asentamiento Santa Fe, La Primavera, Las Delicias, Medio Queso, Coquital, Isla Chica, El Cachito, Punta Cortés y Cuatro Esquinas conforman diferentes barrios y caseríos donde se albergan unas 1.308 viviendas en total en las que residen unas 4.196 personas.

Estas son poblaciones del cantón de Los Chiles, pero muy cerca de ahí, en Pocosol o Cutris de San Carlos hay barrios con las mismas características de binacionalidad y la misma forma de abordaje en salud pública.

También se ven estas comunidades binacionales en otras zonas separadas por el San Juan en distintos puntos de Sarapiquí, o en comunidades aledañas a Upala o a La Cruz de Guanacaste.

“Es una dinámica en todo el corredor fronterizo, con diferentes tipos de pasos. Las personas entran, salen y conviven. Que todos estén vacunados es una forma de protegernos entre todos”, aseguró Anchía.

Este reportaje fue realizado con el apoyo de la International Women’s Media Foundation (IWMF) como parte de su Iniciativa global de reportajes sobre la salud: vacunas e inmunización en América Latina y el Caribe.

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