Michelle Campos. 14 diciembre, 2020
La mayoría de los exiliados nicaragüenses mantiene la fe de poder regresar a su patria en paz y con una democracia establecida, eso sí, afirman que será tras la salida de Daniel Ortega del poder. Foto: Rafael Pacheco
La mayoría de los exiliados nicaragüenses mantiene la fe de poder regresar a su patria en paz y con una democracia establecida, eso sí, afirman que será tras la salida de Daniel Ortega del poder. Foto: Rafael Pacheco

Desde el 2018, muchos de niños, jóvenes y adultos han abandonado Nicaragua para refugiarse en Costa Rica por temor a las amenazas del gobierno de Daniel Ortega

Sin embargo, su estancia en suelo tico ha sido marcada por la pobreza, el desempleo y una diversidad de situaciones sociodemográficas que la Fundación Arias para la Paz saca a la luz en el informe Las caras del exilio nicaragüense en Costa Rica.

“Los exiliados han padecido condiciones precarias que se mantienen hasta ahora y se expresan en la baja calidad de los empleos, los bajos ingresos que perciben y su alta dependencia de la ayuda humanitaria”, relata el informe.

Según la investigación, dada a conocer este lunes por la Fundación, los resultados revelan que estos migrantes nicaragüenses tienen como características el ser, mayoritariamente, jóvenes con un nivel académico alto y una buena parte de ellos son profesionales, pero viven en pobreza.

En 2018, cuando el gobierno de Nicaragua respondió con una política de represión y violencia a la ola de protestas sociales que surgió ese año; miles de nicaragüenses se desplazaron de manera forzada hacia Costa Rica.

Frente a esto, la Fundación Arias se planteó el objetivo de identificar las condiciones actuales en las que se encuentran los exiliados nicaragüenses, qué nuevos retos enfrentan y las expectativas que tienen sobre su futuro.

Para la investigación se utilizó una muestra de 500 personas y se abordaron temas como el perfil sociodemográfico de los exiliados; su situación migratoria; la situación familiar y de los menores acompañantes.

También se analizó el acceso a la ayuda humanitaria, violaciones a sus derechos humanos, su exposición a expresiones de xenofobia; y sus percepciones con respecto a la situación política en Nicaragua.

Viven en pobreza pese a nivel académico

Uno de los hallazgos reveladores es que el 33,5 % de los encuestados tiene nivel de universidad incompleta y el 25,3 % tiene nivel profesional. Mientras, un 16% de estos extranjeros tiene la secundaría completa.

Sin embargo, la situación laboral de los exiliados actualmente no corresponde con su alto nivel académico, pues el 63% reportó no tener ocupación.

“Los porcentajes restantes se distribuyen en empleos que son de baja calidad en su mayoría. Por ejemplo, el 1% se dedica a labores de agricultura o varias; el 3,8 % a la construcción; el 4,6 % se dedica a actividades comerciales.

" El 8,6 % se dedica a prestar servicios profesionales en sectores como educación y salud; y el 15,4 % se dedica a la prestación de servicios como asistente del hogar, belleza, autolavado, salonero”, agrega el informe.

Otro de los datos alarmantes es que todas las “estimaciones de ingresos se ubican por debajo del salario mínimo establecido para la categoría ´Trabajador en Ocupación No Calificado’”, el cual está tasado por el Ministerio de Trabajo en ¢316.000.

Según el análisis, una tercera parte de las personas afirmó que sus ingresos mensuales son inferiores de ¢100.000 mensuales; el 16 % dijo que percibe entre ¢150.000 y ¢200.000 y otro 15% aseveró que obtiene entre ¢100.000 y ¢150.000.

En el 69,9 % de los casos, las otras personas que conviven con los encuestados aportan ingresos económicos para el grupo; sin embargo, también son inferiores al salario mínimo.

Actualmente, un poco más de un tercio de los exiliados está viviendo en casas (36,5 %), otro 34 % reside en apartamentos y un 25 % vive en cuartos.

Según el estudio, un 30% de quienes comparten vivienda no tienen vínculos de parentesco y en el 11% se trata de núcleos familiares integrados por padre/madre e hijos.

Ingresos apenas cubren gastos

“Dos de los rubros más importantes en el gasto mensual son la alimentación y la renta”, indica el informe sobre los exiliados nicaragüenses.

Según la investigación, la mitad de las personas entrevistadas estiman su gasto mensual en alimentación en menos de ¢100.000 y otro 28% lo calcula entre ¢100.000 y ¢150.000 .

En cuanto al pago de renta, para el 64% de los encuestados representa un gasto de entre ¢150.000 y menos de ¢100.000.

A los gastos que deben cubrir esos nicaragüenses con sus escasas ganancias, se le suma el hecho de que gran parte de ellos posee familiares en Nicaragua, quienes dependen del dinero que les puedan enviar los refugiados desde suelo tico.

“El 63,5 % de las personas entrevistadas tiene dependientes en Nicaragua (...). En el 20,5 % de los casos la cifra es de 2 personas dependientes y en el 17,5 % es una persona.

“Eso quiere decir que el exiliado que se encuentra en Costa Rica y tiene personas dependientes en Nicaragua, experimenta un alto nivel de presión socioeconómica a fin de garantizar el envío de recursos”, sostiene el informe.

Además, un 46% de los refugiados consultados para el estudio tiene personas dependientes en Costa Rica.

Como otro factor importante, es que el 31% de los extranjeros indicó estar cargo de niños y adolescentes. De ellos, el 76 % asiste a clases y el 21% no recibe educación.

El 64 % de estos menores se ubican en niveles de preescolar y primaria, mientras que el 35 % se encuentra cursando la secundaria.

Secuelas del exilio

Desde su llegada a Costa Rica, los exiliados señalan que han experimentado situaciones positivas, pero también dificultades relacionadas con el proceso de instalación e inserción en la sociedad.

La mayoría de las dificultades se relacionan con su sostenimiento económico y las condiciones de vida; mientras que entre las experiencias positivas señalan la solidaridad de los costarricenses.

Actualmente, solo un 22 % de los menores exiliados han tenido acceso a atención psicológica, esto “a pesar de que han experimentado situaciones traumáticas con altos niveles de violencia y el desarraigo provocado por el desplazamiento forzoso de su grupo familiar”.

En el caso de los jóvenes, que tienen entre 16 y 30 años, menos de la mitad de ellos han intentado incorporarse al sistema educativo, mientras que la mitad no lo ha hecho.

“El hecho que una mayoría de ellos son universitarios que cursaban carreras en Nicaragua, de manera que su inserción a las universidades ha tenido dificultades por diferentes razones que van desde los procedimientos y requisitos para el ingreso, hasta la falta de documentos”, agrega la investigación.

Estos jóvenes tampoco han contado con atención o acompañamiento psicosocial, aun cuando estuvieron expuestos a la “represión más cruda del gobierno de Nicaragua”.

Debido a la necesidad de refugio, un poco más de la mitad de las personas encuestadas entró al país sin visa (58,6 %) y por la vía terrestre informal, es decir por los llamados puntos ciegos de la frontera.

Un 41% ingresó con visa, de forma terrestre y formal.

Pese a lo que vivieron en el vecino país, los exiliados siguen vinculados al proceso político de Nicaragua, pues el 69 % afirmó que va a regresar a Nicaragua.

Ellos piensan retornar a su país cuando cambie la situación política, sea más seguro y se vaya el presidente Daniel Ortega Esperan que esto suceda para las próximas elecciones, fijadas en el 2021.

Los anhelos que ellos manifiestan es poder vivir en democracia, tener libertad de expresión y movilización, así como exceso a la justicia.

Con respecto al proceso de conformación de la Coalición Nacional como la principal plataforma de oposición en Nicaragua, hay una opinión mayoritaria de que debe ser inclusiva y existen percepciones encontradas sobre los actores que deberían conducirla.

El informe indica que los entrevistados tampoco ven “liderazgos claros y suficientemente confiables” tanto en la Coalición como entre los exiliados.

Sin embargo, estos exiliados piensan que deberían de ser incluidos en la Coalición y que el voto en el exterior (que pueden ejercer desde Costa Rica, sin poner en riesgo su vida ni las de sus familias) es un aspecto clave para la salida de la crisis en las próximas elecciones de Nicaragua.