Patrimonio

Orines humanos y vandalismo hacen mella en el Teatro Nacional

Costado sur es el más vulnerable por su cercanía con la acera y la avenida segunda

Con 122 años de antigüedad, no es de extrañar que el Teatro Nacional sufra un permanente proceso de deterioro asociado a causas naturales como el envejecimiento de sus materiales, los sismos y las excretas de las palomas.

Pero existen otros factores en los que el ser humano tiene un efecto directo: los orines y el vandalismo.

La cara del Teatro Nacional más vulnerable a los daños asociados a la conducta de las personas, es la fachada sur, que recientemente fue restaurada.

“Las otras tres fachadas tienen un retiro, esta no (la sur) está sobre la acera, entonces cuesta más controlarlo (el daño)” , señaló Andrea Aguilar, ingeniera encargada de mantenimiento.

Esta cercanía con la acera y la avenida segunda, hace que la estructura esté sometida diariamente a la contaminación en el medio ambiente pero también a la que producen las personas que hacen sus necesidades fisiológicas.

“La limpieza (del edificio) no es solo por estética, sino también para evitar accidentes y minimizar la acidez que impacta las piedras por la orina de las personas”, explicó Carmen Marín, restauradora del Teatro Nacional.

Vandalizan pared recién restaurada

Las paredes exteriores del monumento nacional también son víctima del vandalismo.

Uno de los hechos más recientes ocurrió el pasado 2 de mayo, cuando se encontraron una serie de grafitis hechos con crayola en un muro recién restaurado.

“Es un impacto que tenemos muchas veces y tenemos que estar atacándolo inmediatamente. Son personas que por a, b o c, deciden hacer rayas o dibujos (en las paredes)”, indicó Marín.

El daño que provocan estos grafitis, depende del material que se utilice, por lo que cuando se detecta algún dibujo de este tipo, se procede inmediatamente a eliminarlo, para facilitar el proceso.

“En este caso fue con crayola, entonces se eliminó la mayor cantidad con mucho cuidado con bisturí y el resto con borrador para evitar utilizar solventes, ya que estos, aunque sean agua y jabón, pueden provocar que los pigmentos se vayan hacia el interior y lo que se genera es una mancha, leve pero mancha al fin.

“Así, se retiró de una forma mecánica, sin maltratar el repello que recién se había restaurado”, explicó la restauradora.

Lucía Astorga

Lucía Astorga

Bachiller en Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica y Bachiller en Periodismo de la Universidad Latina; finalizando la Maestría en Diplomacia del Instituto Manuel María Peralta.

En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.