15 agosto, 2004
 Los expresidentes de Costa Rica, Rodrigo Carazo (izq.), y de Argentina, Raúl Alfonsín, observaban ayer un periódico viejo que les mostró el gobernante venezolano Hugo Chávez (der.). Los dos exgobernantes llegaron a Caracas como observadores del referendo de hoy en Venezuela. Con los observadores. | AP /LA NACIÓN
Los expresidentes de Costa Rica, Rodrigo Carazo (izq.), y de Argentina, Raúl Alfonsín, observaban ayer un periódico viejo que les mostró el gobernante venezolano Hugo Chávez (der.). Los dos exgobernantes llegaron a Caracas como observadores del referendo de hoy en Venezuela. Con los observadores. | AP /LA NACIÓN

Los venezolanos acuden hoy a las urnas para decidir el destino del presidente Hugo Chávez, divididos políticamente y temerosos ante un posible caos si el referendo se ve empañado por denuncias de fraude.

El viernes, el gobierno avivó la incertidumbre sobre el futuro del quinto exportador mundial de crudo, al advertir a través de su ministro de Energía, Rafael Ramírez, que si Chávez pierde la justa, “nadie” aceptará la decisión.

La declaración sembró inquietud ante la posibilidad de que se repitan episodios violentos como los que rodearon el fugaz golpe de estado contra Chávez en abril del 2002, después de un desgarrador paro petrolero de dos meses y choques callejeros que desde entonces han dejado decenas de muertos y heridos.

Pero Chávez aplacó los temores al comprometerse ayer ante los observadores internacionales a aceptar el resultado.

“Yo les expresé la garantía del respeto por nuestra parte a los resultados del referendo histórico de mañana (hoy), sea cual sea el resultado”, dijo Chávez.

“Uno no sabe lo que va a pasar mañana y ahorita estoy comprando algunas cositas que me faltaron (...) Esperemos que mañana no pase nada porque hay muchos cuentos”, dijo Rodolfo Escalona, un pintor de 36 años, en el mercado popular de Quinta Crespo, en Caracas.

La tranquilidad imperaba en el país, cuyas calles y avenidas centrales están tapizadas con propaganda electoral a favor de cada una de las opciones: el “Sí” que propugna la oposición y el “No” en apoyo al gobierno, opciones ante la pregunta de si Chávez debe dejar anticipadamente el cargo.

Algunos nerviosos compradores en un supermercado del barrio de Santa Mónica, en el sur de Caracas, se apertrechaban de enlatados de atún, sardinas, botellones de agua y velas.

Muchos venezolanos expresaron temores de que los chavistas desaten la violencia si pierden la consulta.

Pero Chávez aseguró que “pase lo que pase mañana, cualquiera que sea el intento de algún sector de imponer la violencia, el pueblo va a imponer la paz”.

“Tengo mucha fe en una victoria nuestra, que está casi asegurada. Matemáticamente es prácticamente imposible una derrota bolivariana, todo lo dice, hasta el viento, hasta las flores lo dicen, hasta las piedras”, afirmó.

Chávez declaró lo anterior tras reunirse con el secretario general saliente de la OEA, César Gaviria, y el expresidente estadounidense Jimmy Carter, quienes actúan como jefes de misiones de observadores internacionales.

Transparencia segura

El Consejo Nacional Electoral ha garantizado la imparcialidad y transparencia del proceso automatizado al que están convocados más de 14 millones de votantes.

Si Chávez pierde, el actual vicepresidente, José Vicente Rangel, asumiría la presidencia hasta que se celebren nuevos comicios en los 30 días siguientes y a los que el militar retirado ha insinuado que concurrirá y ganará.

Observadores internacionales, jefes militares y funcionarios gubernamentales reiteraron ayer su confianza de que se mantendrá la paz en la nación suramericana, no importa cuál sea el resultado de la consulta.

“Cualquiera que sea el resultado creo que ya se consolidó la democracia en Venezuela. Los intentos de terminar con la democracia por la vía violenta fracasaron. Pensamos que va a ser un día festivo”, dijo el canciller Jesús Pérez a la televisora estatal.