AFP. 5 octubre, 2018
Karin Housley, candidata a un escaño senatorial, participó el jueves 4 de octubre del 2018 en un mitin en Rochester, Minnesota, donde contó con el respaldo del presidente Donald Trump.
Karin Housley, candidata a un escaño senatorial, participó el jueves 4 de octubre del 2018 en un mitin en Rochester, Minnesota, donde contó con el respaldo del presidente Donald Trump.

Austin, EE. UU. Casi dos años después de la llegada al poder de Donald Trump, los estadounidenses están llamados a votar para dar un veredicto sobre su presidente, en unos comicios legislativos que dictaminarán si el Partido Republicano sigue teniendo el control del Congreso y marcarán el paso sobre la política y la economía.

¿Estarán hastiados los estadounidenses con las maniobras del inquilino de la Casa Blanca, lo suficientemente como para castigar en la Cámara de Representantes y en el Senado a los republicanos? La respuesta a esta pregunta saldrá de las urnas el 6 de noviembre.

Los demócratas apuestan a que su color insignia, el azul, va a barrer el mapa electoral y arrebatar a los republicanos el control del Congreso.

Pese a que Trump, uno de los líderes más controvertidos que ha tenido Estados Unidos, no estará en las papeletas, su sombra se proyecta sobre todo el proceso, que él mismo calificó como "la elección legislativa más importante de estos tiempos".

En consecuencia, Trump anima regularmente mítines en distintos estados para intentar movilizar a su base, atacando a los demócratas, a los que califica de "obstruccionistas", y promocionando su gestión de la economía y los cambios en temas migratorios.

“Yo no estoy en la papeleta”, dijo a sus seguidores este martes en Misisipí. “Pero, sí estoy en la papeleta porque se trata también de un referendo sobre mí”, agregó.

Algunos republicanos prefieren guardar una distancia prudente de Trump, cuya popularidad en las encuestas es débil. Pero muchos candidatos saben que su destino está unido al del presidente.

Expectativas de los demócratas

Los demócratas se sienten alentados por campañas con recaudaciones de fondos abultadas, con las que esperan hacerse con escaños en estados tradicionalmente republicanos.

La oposición aspira a ganar en plazas como Tenesí Georgia, Kansas y Texas, para volver a controlar el Congreso, compuesto por una Cámara de Representantes de 435 miembros y un Senado de 100.

El demócrata Josh Harder realizó un mitin en Patterson, California, el jueves 4 de octubre del 2018. Disputa con el republicano Jeff Denham por una banca en la Cámara de Representantes.
El demócrata Josh Harder realizó un mitin en Patterson, California, el jueves 4 de octubre del 2018. Disputa con el republicano Jeff Denham por una banca en la Cámara de Representantes.

“La gente siente los vientos de cambio aquí”, dijo en la ciudad de Austin, Texas, Tariq Thowfeek, el director de comunicación del Partido Demócrata en este estado tradicional del sur.

Como ejemplo señaló al candidato salido de las bases Beto O'Rourke, una osada apuesta de los demócratas frente al consagrado senador republicano Ted Cruz. Si O'Rourke consigue la hazaña, sería indicio de un cambio mucho más fuerte en todo el país.

En su campaña, O'Rourke reitera constantemente que se trata de "un momento definitorio" y ha puesto sobre la mesa temas como el sistema sanitario, que es clave para los votantes demócratas.

Pero tampoco se ha olvidado de asuntos como el empleo, la educación, una reforma del sistema de justicia, un ajuste de las políticas migratorias y también ha planteado el delicado tema de la legislación sobre las armas.

La sombra de Trump

Pero, sin dejar de lado los temas locales, la sombra de Trump es larga.

“Para los demócratas, el principal asunto es de lejos Donald Trump”, manifestó Larry Sabato, director del Centro de Política de la Universidad de Virginia. “Él es la razón por la cual ellos están movilizándose a votar y de una forma casi unánime, están votando contra él”.

En las primeras elecciones después del movimiento MeToo, que destapó abusos sexuales en Hollywood tras el escándalo sobre Harvey Weinstein, el voto de las mujeres puede ser clave.

Aún más porque la campaña debutó con el escándalo que rodea a la nominación del candidato de Trump para la Corte Suprema, Brett Kavanaugh, acusado de agresión sexual.

Todavía no está claro cómo esta pugna puede afectar el resultado.

Por el momento, Trump confía en que su candidato, cuya postulación inclinaría hacia la derecha a la máxima jurisdicción del país, atice la participación de su base, un imperativo si los republicanos quieren mantener el control del Congreso.

Kavanaugh “es como un grito de guerra para los republicanos”, expresó Trump el martes a la prensa.

La representante demócrata Kyrsten Sinema, habló a los ciudadanos el martes 2 de octubre del 2018 en Tempe, Arizona. Ella compite con la republicana Martha McSally por un escaño en el Senado.
La representante demócrata Kyrsten Sinema, habló a los ciudadanos el martes 2 de octubre del 2018 en Tempe, Arizona. Ella compite con la republicana Martha McSally por un escaño en el Senado.

Los demócratas tienen que ganar 23 escaños más de los actuales para reconquistar la Cámara.

Dave Wasserman, del centro de estudios Cook Political Report, predice que los demócratas lograrán avanzar entre 25 y 40 escaños. El Centro de Política plantea que podrían ser hasta 50.

Una encuesta reciente de Quinnipiac Poll le da, sin embargo, un poco de esperanza a los conservadores, mostrando que habían logrado recortar la ventaja que le llevaban los demócratas en la Cámara de 14% a 7%.

En el Senado, los republicanos tienen actualmente una mayoría de 51 a 49.

Y, de los 35 escaños en disputa en el Senado el 6 de noviembre, los demócratas salen a defender 26, 10 de los cuales están en estados en los que Trump se impuso. Los republicanos buscan conservar nueve representantes que ya tienen.