Ximena Alfaro M.. 14 junio
El nuevo presidente de El Salvador, Nayib Bukele, saluda junto con su esposa, Gabriela Rodríguez, durante la ceremonia de su investidura, en una plaza en el centro de San Salvador, el 1°. de junio del 2019. Foto: AFP
El nuevo presidente de El Salvador, Nayib Bukele, saluda junto con su esposa, Gabriela Rodríguez, durante la ceremonia de su investidura, en una plaza en el centro de San Salvador, el 1°. de junio del 2019. Foto: AFP

Desde que Nayib Bukele comenzó su gobierno en El Salvador, hace apenas 14 días, recurre a Twitter para despedir funcionarios, exigir proyectos a sus ministros y resolver problemas como el desabastecimiento de medicinas, la devolución de una ambulancia que permanecía guardada o la construcción de un puente. Cada inicio tiene su afán.

La oleada de anuncios diarios tomó por sorpresa a los salvadoreños. Con la frase “Se le ordena a…” Bukele convirtió su perfil de la red social en un apartado más del despacho de la Presidencia.

En cada una de las órdenes de despido menciona los salarios que devengan los funcionarios, familiares del expresidente Salvador Sánchez Cerén, representante del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), y de otros empleados que ahora enfrentan críticas por actos de nepotismo.

Muchos de sus seguidores lo aplauden; sin embargo, sobrevive el desconcierto, pues aún no presenta un plan de gobierno ni directrices concretas para combatir, por ejemplo, la violencia o la pobreza. También hay reproches sobre el modo autoritario con el que se dirige a sus ministros, quienes responden casi de inmediato al presidente por la misma vía.

“Los despidos son bien vistos por mucha gente que estaba indignada. Aunque en círculos más pensantes ha suscitado muchas críticas la forma autoritaria, arbitraria y sumaria de realizarlos. El verdadero propósito no es limpiar la administración pública, el verdadero propósito es ahondar en el desprestigio del FMLN y destruirlo como fuerza política”, considera el analista político salvadoreño Salvador Samayoa.

Para este, el estilo de Bukele tiende hacia la autocracia y señala que es “predominantemente mediático”. “Intenta producir todos los días algún golpe de efecto que sirva a su imagen, más que al desarrollo del país o a la armonía social”, aseguró.

Bukele ganó las elecciones presidenciales con el 53,1% de los votos y marcó el hito de romper el bipartidismo en un país asolado por la violencia. Inicialmente militó en el FMLN, pero por diferencias de criterio se separó de la agrupación política. Luego, se unió a la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), vinculada a graves casos de corrupción.

En El Salvador tomó protagonismo desde que asumió el cargo de alcalde de San Salvador (entre el 2015 y el 2018). Anteriormente, lideró con éxito empresas familiares y trabajó en una agencia de publicidad. Empezó estudios universitarios en la carrera de Derecho, pero no los finalizó.

Cuando fue candidato, el empresario de 37 años se perfiló como un experto en el manejo de las redes sociales, aunque desde que fue juramentado como presidente –el 1° de junio– incrementó su actividad en Twitter con cerca de 40 intervenciones diarias. Es un espacio que también aprovecha para interactuar con los usuarios y donde también hace uso del humor en algunas de sus respuestas.

Aunque Bukele, quien se autodenominó ‘el presidente más cool del mundo’, refleja gran apertura en Twitter, su relación con la prensa es bastante limitada. El mandatario no brinda entrevistas y solo admite al menos tres preguntas de los periodistas luego de los consejos de gobierno. En las actividades públicas, no concede tiempo para dar declaraciones ni permite que le pregunten.

“Ha sido un proceso de deterioro (con la prensa) desde que era funcionario, pasando por candidato, hasta ahora ser presidente. Ha ido cerrándose más y controlando más su comunicación. Ahora, en su primera interacción con la prensa convocó a los medios en la instalación de ministros. Al final, abrió un espacio para cinco preguntas, pero a la segunda pregunta cerró el micrófono y dijo que era todo. Es un control bastante férreo el que está haciendo en sus comunicaciones y preveo que no va a mejorar”, comentó Gabriel Labrador, periodista del diario digital El Faro.

“Es muy distante. Él está en una mesa, en un gran salón, y los periodistas están un poco lejos, o sea, es una interacción muy fría. Además, cuesta que su equipo de comunicación conteste sobre inquietudes básicas acerca de quiénes van a ser los titulares de ciertos ministerios. La información ha sido a cuentagotas”, agregó.

(Video) El presidente salvadoreño Nayib Bukele gobierna a punta de tuits

En El Salvador, el 57,7% de los ciudadanos tienen acceso a Internet, según el reporte de Internet World Stats publicado en noviembre del 2018. La penetración de Internet en Costa Rica alcanza al 86,7%, de la población.

El consultor salvadoreño especializado en medios, Willian Carballo, considera que la brecha digital en el país aún es bastante amplia, por lo que los anuncios del gobernante no le están llegando de la misma manera a toda la población.

“Nayib Bukele debería tomar en cuenta que no puede abandonar los medios tradicionales y no puede dejar de dar entrevistas a la prensa. Hay gente que merece saber qué está haciendo el presidente y cuáles son sus órdenes y a lo mejor no está teniendo acceso a esa fuente directa”, argumentó Carballo.

Un giro radical

El estilo de comunicación de Bukele dista mucho del que implementaba el anterior presidente Salvador Sánchez Cerén, quien tenía escasas apariciones públicas y cuyas interacciones en las redes sociales tampoco eran muy habituales.

“De un silencio absoluto pasamos a un presidente que es exactamente el polo opuesto. No pasamos un punto medio como sucede en muchos países de América Latina. Tenemos un presidente que basa su estrategia de comunicación en la herramienta de las redes sociales. Creo que a la mayoría de los ciudadanos le sorprendió que volvió Twitter su escritorio. Aunque solo vemos lo que nos quiere mostrar. Las decisiones que le funcionan las hace públicas, pero hay decisiones que por supuesto nunca las va a hacer públicas”, explicó Carballo.

Por su parte, el periodista Gabriel Labrador estimó que Bukele es bastante hábil en el manejo de las redes sociales, una herramienta que le permite “mostrar lo que le conviene”.

“En la redacción de sus tuits mata como tres pájaros de un tiro: primero, da la impresión de que está combatiendo la corrupción; dos, reafirma su estatus de líder de cómo se hace la nueva política y, tres, mantiene a la audiencia entretenida y les da la impresión de que está trabajando”, manifestó el reportero.

El modo implacable del presidente está lejos del recuerdo que tiene sobre él Óscar Picardo, su profesor de colegio de sétimo a noveno año, en un centro educativo bilingüe de San Salvador.

Picardo destaca que Bukele mantiene un círculo de amigos de esa época colegial, el cual lo acompaña ahora en el gobierno.

Además, lo recuerda como un adolescente introvertido y sin intereses políticos. Muy lejos de poseer una personalidad severa y excesiva, características que se le atribuyen en la actualidad.

“Uno recuerda mucho a los buenos y a los malos alumnos, pero él no estaba en ninguno de esos dos extremos. Era un alumno promedio”, rememoró Picardo.