Ximena Alfaro M.. 25 abril

La expresidenta Laura Chinchilla considera que la apertura de una mesa de diálogo en Nicaragua, para aplacar el malestar social que envuelve al país, podría ser una estrategia del mandatario nicaragüense, Daniel Ortega, para ganar tiempo con el fin de mantenerse en el poder y evitar hallar una solución definitiva al conflicto.

Los obispos nicaragüenses aceptaron la propuesta de Ortega de mediar en un diálogo nacional para bajar la tensión en el territorio, luego de los enfrentamientos que han cobrado la vida de al menos 34 personas.

La exgobernante también se refirió a los intercambios que mantuvo con Ortega durante su administración (2010-2014), ya que en ese tiempo debió enfrentar el lío de isla Calero, suscitado cuando el Ejército de Nicaragua invadió suelo costarricense, realizó trabajos con dragas y abrió canales adyacentes al río San Juan.

Chinchilla solicitó este martes, junto a un grupo de 20 exgobernantes, la intervención de la Organización de Estados Americanos (OEA) para aplacar la tensión en tierra pinolera.

La expresidenta Laura Chinchilla cree que la Conferencia Episcopal de Nicaragua es una de las figuras que cuenta con mayor credibilidad en el conflicto interno de ese país.
La expresidenta Laura Chinchilla cree que la Conferencia Episcopal de Nicaragua es una de las figuras que cuenta con mayor credibilidad en el conflicto interno de ese país.

Miles de estudiantes, pensionados, trabajadores y empresarios se lanzaron la semana pasada a las calles para manifestarse por el anuncio de una serie de reformas en el sistema de pensiones decretadas por el Gobierno, que incrementaban las contribuciones de los trabajadores y gravaban el pago a los pensionados.

Las protestas, que dieron inicio el miércoles 18 de abril, fueron reprimidas por agentes policiales y grupos de choque conformados por simpatizantes del Frente Sandinista. Ortega derogó la medida el domingo pasado para tratar de mitigar los violentos enfrentamientos con la Policía.

Este es un extracto de la conversación con la exgobernante.

– ¿Cuál es su impresión sobre lo que ha ocurrido en los últimos días en Nicaragua?

– A los costarricenses siempre nos debe preocupar cualquier situación que afecte al pueblo nicaragüense. Somos pueblos muy cercanos y estamos interrelacionados unos con otros como para que lo veamos con indiferencia y particularmente en los eventos de los últimos días, una crisis que no se recuerda de esta magnitud desde hace muchísimos años en Nicaragua. A mí, en lo personal, me está preocupando mucho como ciudadana costarricense y centroamericana, creo que es un tema de atención para toda Costa Rica.

Estudiantes de la Universidad Politécnica de Nicaragua portan arman improvisadas en su manifestación contra el gobierno del presidente, Daniel Ortega, en Managua, el 25 de abril del 2018. Foto: Agencia AFP
Estudiantes de la Universidad Politécnica de Nicaragua portan arman improvisadas en su manifestación contra el gobierno del presidente, Daniel Ortega, en Managua, el 25 de abril del 2018. Foto: Agencia AFP

– ¿Cómo evalúa el silencio de los gobiernos centroamericanos?

– Me extraña mucho, me extraña que no haya todavía un pronunciamiento de parte de presidentes de la región. Se tiene la obligación de actuar, obviamente con prudencia, no se trata aquí de provocar un ambiente que complique la situación, pero por otro lado no se puede desconocer que el conflicto que está viviendo Nicaragua en este momento, va mucho más allá de la razón coyuntural que fueron las reformas al sistema de seguridad social. Daniel Ortega salió a echar para atrás la medida y las protestas han seguido y las personas están poniendo sobre la mesa un conjunto de razones que son las causas de fondo.

"Creo que hay tres causas de fondo: en primer término un régimen donde se ha venido asentando una dinastía familiar mediante un control total y absoluto del Estado nicaragüense, ahí ya no existe independencia de poderes y se han venido dando prácticas electorales totalmente fraudulentas.

"A esto se han unido las reformas constitucionales, todas ellas cuestionables, que lo que buscan es que la familia Ortega se perpetúe en el poder, es decir, es algo que se ha venido fraguando de manera muy evidente y esto pues ha generado inconformidad en la población.

"El tercer elemento tiene que ver con un régimen que logró legitimarse sobre la base de un sistema de regalías financiado por Venezuela y ahora que ya no cuenta con ese flujo de recursos billonarios, ya no es tan fácil sostener muchas de las lealtades que el régimen sostenía. Además, me parece que niveles de corrupción absolutamente vergonzantes que llevaron hasta hacer a un lado al presidente del poder electoral. Estos elementos han creado un caldo de cultivo.

"Espero que el silencio no sea un silencio que denote complicidad, no me atrevería a llegar a ese extremo. Es un balance difícil, los presidentes de la región siempre se cuidan mucho las espaldas con respecto a sus respectivos colegas. Daniel Ortega no tiene ningún empacho al amenazar con medidas que afecten a los países vecinos en caso de que él se sienta hostigado y acosado, entre ellos cerrar fronteras.

"Muchas veces prevalece el cálculo basado en eso, por eso es que precisamente existimos los expresidentes, para que a veces digan lo que los presidentes no pueden decir, pero tampoco he visto que nadie nos esté desdiciendo".

(Video) ¿Cuál es la situación de Nicaragua luego de una semana de protestas?

¿Qué le ha parecido la reacción de Costa Rica?

– No quisiera opinar sobre eso de momento, pero sí creo que el pueblo costarricense se está sintiendo indignado con lo que está viendo. Los países de la región tienen que procurar instancias como el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), tienen que procurar llevar el tema de manera colectiva al seno de la Organización de Estados Americanos (OEA), solicitar el despliegue que ya está haciendo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en territorio para verificar violaciones, verificar que todo eso suceda, y ponerse del lado de las grandes mayorías que están siendo las principales víctimas de lo que está aconteciendo.

Durante su administración, usted que tuvo la oportunidad de tener intercambios con el gobierno de Nicaragua por el caso de isla Calero, ¿qué se puede esperar de Daniel Ortega en este conflicto?

– Daniel Ortega es un experto en ganar tiempo. Lo mismo nos hizo a nosotros con la resolución de los conflictos que enfrentamos, cada vez que de buena fe y creyendo como se presume, creer en la palabra de un presidente, acudíamos a intentar una negociación, más lo único que hacía era engañarnos, eso yo lo tengo clarísimo. Lo viví de manera personal. Engaño tras engaño, para simplemente ganarse el tiempo. Ha venido haciendo un ejercicio de apariencia de querer adoptar reformas institucionales que finalmente no se implementan.

¿Considera que la implementación de la Carta Democrática de la OEA puede ser más efectiva que el diálogo nacional?

– En absoluto son excluyentes, de hecho ya la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Relatoría de Libertad de Expresión de la OEA, son organismos que ya habían anunciado acciones concretas en materia de monitoreo de lo que estaba pasando y de acompañamiento a las eventuales víctimas de abusos. De manera que ya la OEA estaba tomando cartas en el asunto, yo no veo que sea contradictorio con este llamado a la comunidad internacional a darle seguimiento a la situación en Nicaragua y empezar a accionar mecanismos que ya tiene a su haber.

"Creo que el diálogo tiene que ser bienvenido siempre y la Conferencia Episcopal me parece que es en este momento la única parte creíble que queda en Nicaragua con suficiente autoridad como para convocar a las partes y como para garantizarse un seguimiento inteligente del proceso, muy particularmente por el papel también tan notable que ha jugado monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de la arquidiócesis de Managua.

"También agregaría que en esa mesa de negociación debe prevalecer la mejor de las disposiciones para dialogar con honestidad y estar muy alertas a que no sea utilizada por Daniel Ortega para ganar tiempo.

"El tema del conflicto en isla Calero fue un claro ejemplo y el tema de los límites marítimos fue un claro ejemplo de lo mismo. Años de años, tratando nosotros de llegar a un acuerdo y nunca se pudo. Y segundo, tiene que verse a la luz de la experiencia de Venezuela, de manera en que no vayan a caer en los engaños en que el régimen de Venezuela llevó a grupos opositores que de muy buena fe trataron de dialogar y nunca se avanzó. En esta ocasión, mi recomendación sería la buena fe, por supuesto, pero siempre con una pizca de suspicacia sobre cuál puede ser la intención última del régimen de Ortega, que a mi modo de ver va a ser seguir manteniéndose en el poder".