Política

La ultraderecha de Vox quiere ganar votos en España con el ‘cabreo’ político

Apunta a abrirse campo en el Parlamento quitándoles escaños a la izquierda y a la derecha

Madrid. Llevan meses llenando auditorios, aspiran a entrar con fuerza en el Parlamento español en las legislativas del domingo, y poco les importa que los llamen “fachas”. Es Vox, el partido de extrema derecha que quiere capitalizar en las urnas el descontento político.

Hasta hace poco, España era uno de los escasos países europeos sin una fuerza visible de extrema derecha. Todo cambió cuando este partido fundado en el 2013 irrumpió en el Parlamento regional andaluz en diciembre, propiciando un giro a la derecha junto con Partido Popular (PP) y Ciudadanos.

Ahora esperan repetir escenario a nivel nacional, como quinta fuerza legislativa con unos 30 diputados, según los sondeos de intención de voto.

Su objetivo es desalojar del poder a los socialistas de Pedro Sánchez, a quienes tachan de “enemigos” de España por apoyarse en la izquierda radical de Podemos y dialogar con el separatismo catalán, y comerle todo el terreno posible al Partido Popular (PP).

Para ello diseñaron una campaña en la que llenaron anfiteatros por todo el país, y aplicaron la táctica mediática de Donald Trump o el presidente brasileño, Jair Bolsonaro: hacer a un lado a los principales medios, y privilegiar las redes sociales.

“Hay una realidad oficial, y luego hay otra realidad popular, otra realidad tapada de una España silenciada que va a dar un auténtico vuelco el día 28 de abril”, dijo –esperanzado– este miércoles el líder del partido, Santiago Abascal.

El partido de Abascal, un exmiembro del PP vasco forjado bajo la amenaza de la banda separatista ETA, insiste en el relato de una España ultrajada por el independentismo catalán. Según él, “hay que suspender la autonomía de Cataluña”, gobernada por los soberanistas, e ilegalizar sus partidos porque “se han convertido en organizaciones criminales”.

“Vox es una respuesta a eso que causaba tanta risa a una gran parte de españoles hasta antes de la rebelión catalana (en el 2017): que España se rompe”, apunta John Müller, coordinador del libro de ensayos “La sorpresa Vox” (Ed. Deusto, 2019).

Rechazos y electores meta

La agrupación quiere también expulsar a los inmigrantes ilegales, recela del islam, se opone al matrimonio homosexual, la eutanasia y el aborto, y fustiga el feminismo de la izquierda. En ese sentido rompió el consenso político criticando la ley contra la violencia machista, que según dice “criminaliza” al varón.

Jorge del Palacio, profesor de Historia de las Ideas Políticas en la Universidad Rey Juan Carlos, señala el interesante “juego de espejos” que Vox está haciendo con Podemos, actualmente en declive.

“En el 2014, Podemos es capaz de capitalizar (el descontento) porque la crisis es económica. Ahora, Vox es capaz de capitalizar porque la crisis es de identidad”.

Una de las apuestas de Vox ha sido el mundo de la caza. De hecho, el presidente de la Federación de Caza, Ángel López Maraver, será candidato del partido a las europeas del 26 de mayo.

“Vox ha sido un partido que irrumpe dirigiéndose al corazón de las tradiciones”, afirmó esteen una feria celebrada en Madrid en marzo.

“Yo voy a votar a Vox, que es el que más nos defiende”, expresó allí Gonzalo García-Germán, gerente de la empresa Caza Salvaje y hasta ahora votante del PP.

Aunque su apuesta más audaz tal vez es la de dirigirse a los descontentos de la izquierda, atrayéndolos incluso como militantes.

Es el caso de David García, coordinador de Vox en San Vicente del Raspeig, una ciudad dormitorio junto a Alicante.

Cuenta este hombre de 38 años que él siempre votó por los socialistas, como sus padres, hasta que el descontento con el panorama político y social lo llevó a afiliarse a Vox en el 2014.

“Somos gente nueva, que lleva toda la vida trabajando. Estas no son manos de político”, manifestó –mostrando sus callos– este padre de familia que desde los 16 años ha sido vigilante de seguridad, responsable de logística y hasta peón agrícola.

David lleva meses organizando mesas informativas en su localidad, con militantes como Adela Márquez, una desempleada de 43 años y víctima de violencia de género.

Asegura esta madre de familia, exvotante de Podemos y ahora afiliada a Vox, que ha visto “mujeres que hacen denuncias falsas”, lo cual “hace mucho daño a las que hemos sido maltratadas”.

La afirmación de Vox de que habría miles de denuncias falsas cada año se ve cuestionada por un dato de la Fiscalía General: desde 2009, la proporción de condenas por denuncia falsa ha sido un 0,007% del total.

Aunque según Müller, estas críticas “están reforzando” a un partido alimentado por “el cabreo” con la situación política.

Una actitud resumida por Macarena Olona, candidata de Vox a diputada: “Paso corto, vista larga, y mala leche, mucha mala leche”.

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