AFP. 9 abril, 2018
Seguidores del partido FIDES, del primer ministro Víktor Orban, celebran el domingo 8 de abril del 2018, en Budapest, la victoria electoral en los comicios parlamentarios.
Seguidores del partido FIDES, del primer ministro Víktor Orban, celebran el domingo 8 de abril del 2018, en Budapest, la victoria electoral en los comicios parlamentarios.

Budapest. El dirigente soberanista Víktor Orban obtuvo una contundente victoria en las elecciones legislativas en Hungría y dispondrá de un tercer mandato para continuar su centralización de poderes y seguir enfrentándose con la Unión Europea (UE).

El éxito del dirigente más controvertido de Europa no dejó lugar a dudas. Según resultados casi definitivos, el partido Alianza de los Jóvenes Demócratas (Fidesz) que fundó en 1988, obtuvo 48,8% de los votos, mejorando los resultados obtenidos hace cuatro años.

Aventajó por casi 30 puntos al movimiento de la extrema derecha Jobbik, que abandonó la retórica xenófoba frente a las aspiraciones nacionalistas del gobierno.

Con una creciente movilización de votantes (69,2%), el primer ministro obtendrá 133 escaños de los 199 en el Parlamento, lo que significa una “supermayoría” de dos tercios, como en el 2010 y el 2014, lo que le permitirá avanzar en cambios constitucionales.

“Es una victoria histórica que nos ofrece la posibilidad de continuar defendiéndonos y de defender Hungría”, declaró el dirigente de 54 años ante una multitud de simpatizantes reunidos a orillas del Danubio y vestidos de naranja, el color de su partido.

Orban ganó con un discurso contra “la invasión migratoria”, el multiculturalismo y la supuesta injerencia de la UE. Encarna así a una derecha europea sin complejos que desafía a una parte de los Estados miembros del bloque que le reprochan su falta de solidaridad con la acogida de refugiados.

Derecha antiintegracionista

Al frente de un país de menos de 10 millones de habitantes, Víktor Orban es también un modelo para los grupos de derecha identitaria en el continente, que rechazan la globalización homogeneizadora y promueven la preservación de los pueblos y sus culturas.

Estos movimientos vieron en la reelección en Hungría un nuevo símbolo de las líneas de fractura que atraviesan la Unión Europea.

“La inversión de los valores y la inmigración masiva defendidos por la UE han sido rechazados de nuevo”, tuiteó la líder del partido de ultraderecha francés Frente Nacional, Marine Le Pen, quien se sumó a las felicitaciones del líder de la oposición holandesa, el diputado antiislamista Geert Wilders, visitante regular de Orban en Budapest.

Admirado por las derechas populistas europeas, criticado por quienes lo acusan de deriva autoritaria, el primer ministro húngaro había expresado su deseo de hacer “irreversibles” las transformaciones que impulsó desde su retorno al poder en el 2010, tras un primer mandato de 1998 al 2002.

“Es una victoria histórica que nos ofrece la posibilidad de continuar defendiéndonos y de defender Hungría”. Víktor Orban, primer ministro

Beatrix von Storch, diputada del partido nacionalista (derecha radical) alemán AfD, saludó lo que consideró “un mal día para la UE, pero un buen día para Europa”, dijo el diputado británico pro-brexit, Nigel Farage, quien llamó a Viktor Orban en Twitter la “peor pesadilla de la UE”.

El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, fue uno de los pocos dirigentes europeos en felicitar el lunes a su homólogo húngaro, uno de los aliados más cercanos a los conservadores en el poder en Varsovia.

Además del eje formado con sus vecinos en Europa Central, Víktor Orban dijo durante su campaña que deseaba trabajar con Italia y Austria en una alianza de países hostiles a la inmigración musulmana.

En Viena, una coalición entre los conservadores y la extrema derecha está en el poder desde diciembre.

En Roma, la Liga de Matteo Salvini, formación de extrema derecha, lidera la coalición de derecha que encabezó el escrutinio del 4 de marzo.

El primer ministro húngaro, Víktor Orban (derecha), y el viceprimer ministro, Zsolt Semjen, cantaban mientars celebraban el triunfo electoral, el domingo 8 de abril del 2018 en Budapest.
El primer ministro húngaro, Víktor Orban (derecha), y el viceprimer ministro, Zsolt Semjen, cantaban mientars celebraban el triunfo electoral, el domingo 8 de abril del 2018 en Budapest.

“Es un maremoto para el Fidesz, que da a Orban una enorme legitimidad a causa de la alta tasa de participación, también en el plano internacional”, declaró el politólogo Daniel Hegedus, quien predijo un refuerzo “de los ataques contra la facción crítica de la sociedad civil”.

Admirador confeso del presidente ruso, Vladimir Putin, y paladín de la “democracia iliberal” -como se ha dado en llamar en los últimos años a esta mezcla de culto al hombre, exaltación nacionalista y limitación de ciertas libertades en nombre del interés nacional-, Orban ejerce desde hace ocho años un estilo de gobierno con creciente control sobre la economía, los medios y la justicia.

Defensor autoproclamado de una “Europa cristiana”, Orban también se distinguió por una campaña contra el financiero estadounidense George Soros, al que acusó de orquestar una inmigración masiva en Europa.

No dejó de agitar el temor de que una posible derrota de su bancada equivaldría a un caos migratorio y a una victoria de los “enemigos” que “quieren desposeer” a los húngaros de su país.

La oposición hizo campaña denunciando el clientelismo, la decadencia de los servicios públicos y un poder adquisitivo insuficiente que, pese a la baja tasa de desempleo (3,8%), llevó a numerosos húngaros a emigrar del país, miembro de la UE desde el 2004.