Política

Partidos independentistas refuerzan dominio del Parlamento de Cataluña

Aunque los socialistas son la fuerza política con más votación, los secesionistas pasan de 70 a 74 de los 135 escaños

Barcelona. Los separatistas catalanes reforzaron este domingo su mayoría en el Parlamento regional tras unos comicios marcados por la pandemia de covid-19, en los que los socialistas del presidente del gobierno español Pedro Sánchez consiguieron una victoria insuficiente para tomar el poder.

La política quedó eclipsada parcialmente por la emergencia sanitaria, que dejó la imagen del personal desplegado en los colegios de votación protegidos de pies a cabeza para permitir el sufragio presencial de electores enfermos de covid-19 o en cuarentena.

A pesar de las divisiones internas surgidas tras el fracaso de la tentativa de secesión de octubre del 2017, los independentistas en el poder ampliaron su mayoría parlamentaria e incluso superaron por primera vez en unos comicios regionales el 50% de los votos.

Esto diluyó la pírrica victoria de los socialistas de Pedro Sánchez, que se encomendó a la popularidad de su exministro de Sanidad y timonel de la lucha contra el virus en España, Salvador Illa, para conquistar esta rica región de 7,8 millones de habitantes.

Con un 97,5% del voto escrutado, Illa quedó en cabeza (23,4%), pero con solo 33 de 135 escaños se ve difícil que llegue a presidir la comunidad autónoma, toda vez que los independentistas se comprometieron a vetar al Partido Socialista de Cataluña (PSC) de los pactos de gobierno.

Pisándole los talones quedaron las dos agrupaciones del gobierno regional, Izquierda Republicana de Cataluña (ERC) con 33 bancas y Juntos por Cataluña (JxC) con 32.

Con los nueve de la izquierda radical CUP, los independentistas pasarían de 70 a 74 escaños y podrían formar gobierno si salvan las fuertes discrepancias surgidas desde el fracaso del 2017.

Por primera vez, ERC supera a sus socios de coalición JxC, lo que sitúa a su candidato Pere Aragonés, un separatista moderado, como favorito para presidir la comunidad.

Los comicios llevaron por primera vez al Parlamento catalán a la ultraderecha de Vox, que con un encendido discurso contra el separatismo catalán se erigió como cuarta fuerza con 11 curules.

Condición extraordinaria

La pandemia condicionó unos comicios celebrados entre un fuerte despliegue de medidas sanitarias (mascarillas, distancia, gel, controles de aforo...) y donde pudieron votar presencialmente personas enfermas de covid-19 o en cuarentena.

Para ellos se reservó la última hora de votación en una situación excepcional que obligó al personal del centro de votación a cubrirse completamente con monos blancos, guantes y pantalla facial.

“Estoy aquí por obligación. Si hubiera podido elegir, no habría venido”, decía escondida tras todas estas protecciones Marta Manzanero, una comercial de 46 años esperando la llegada de votantes enfermos.

El temor a la pandemia hundió la participación, que no alcanzó el 55% de los 5,6 millones de electores, 25 puntos por debajo del nivel récord registrado en los comicios precedentes del 2017.

“Dudé hasta el último momento si venía a votar o no (...) Creo que estas elecciones deberían haberse pospuesto”, reconoció Cristina Caballero, una educadora infantil de 34 años en Barcelona.

“Es evidente que no es el mejor momento para hacer elecciones (...), pero cuando vas a trabajar cada día en metro, también te estás exponiendo”, dijo Sergi López, otro votante de 40 años.

El Gobierno regional intentó aplazar los comicios a finales de mayo por la pandemia, pero la Justicia lo impidió.

Aunque se temía a una desbandada de los ciudadanos designados por sorteo para trabajar en el dispositivo electoral -más de un 40% había pedido no ir-, todos los puntos de votación funcionaban con normalidad a media mañana.

“Tenía miedo a venir, pero también a que te multen si no vienes. Al final, no te queda opción”, expresó Xavier Navés, técnico audiovisual de 45 años.

Para minimizar el riesgo de contagio, las autoridades establecieron puntos de votación en espacios abiertos como el entorno del estadio del FC Barcelona o una plaza de toros en la ciudad de Tarragona.

En todos ellos, los votantes entraban a cuentagotas para evitar aglomeraciones y hacían fila en el exterior bajo una molesta e intermitente lluvia.