Marvin Barquero. Hace 4 días
Costa Rica tiene un poco más de 39.000 colmenas, de acuerdo con cifras al 2018. Están distribuidas en todo el país, pero hay más producción en Guanacaste y la Península de Nicoya. Aquí un apiario en la zona de Jicaral. Foto: Rónald Acuña Matarrita de Asoapi.
Costa Rica tiene un poco más de 39.000 colmenas, de acuerdo con cifras al 2018. Están distribuidas en todo el país, pero hay más producción en Guanacaste y la Península de Nicoya. Aquí un apiario en la zona de Jicaral. Foto: Rónald Acuña Matarrita de Asoapi.

La producción nacional de miel de abeja presentó un aumento saludable en los últimos años, pues se elevó desde las 889 toneladas en el 2015 a 1.180 toneladas, el año pasado, es decir, 33%, según datos del Programa Nacional de Apicultura, adscrito al Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).

De acuerdo con los datos presentados en el Boletín estadístico agropecuario 2015-2018 la cantidad de colmenas se elevó aunque en menos cantidad, pues pasó de 37.910, en el 2015, a 39.376, en el 2018. Este informe es preparado por la Secretaría Ejecutiva de Planificación Sectorial Agropecuaria (Sepsa), con detalles de diversas fuentes, entre ellos, los programas sectoriales del MAG.

Ana Cubero, gerenta del Programa Nacional de Apicultura, explicó que aún no se llena la demanda con la producción local. Por lo tanto, se debe importar y el año pasado las compras en el exterior crecieron fuertemente.

El rubro denominado miel natural pasó de importaciones por 380 toneladas, en el 2017, a una cifra de 650 toneladas, en el 2018, de acuerdo con el portal estadístico de la Promotora del Comercio Exterior (Procomer).

En relación con la producción local y la demanda, Rubén Chavarría, administrador de la Asociación de Apicultores (Asoapi), con sede central en Jicaral (Puntarenas), cuestionó: “¿Por qué no se produce la totalidad de la demanda?; ahí es donde viene la falta de apoyo al agro. La apicultura es una cosa que el Gobierno no la apoya”.

El representante aseguró que eso se debe a la falta de incentivos mediante un programa sectorial, pues el rubro de apicultura no se ha visto nunca como se ve a la ganadería, la porcicultura, la horticultura y otros sectores.

La producción es variable en el tiempo, pues este sector depende de muchos factores, reconoció Cubero. Uno de es el clima, pues la miel se produce en verano, cuando las abejas polinizan flores de diferentes cultivos y variedades, y las lluvias afectan el resultado final. La cosecha se hace entre diciembre y abril. El otro es la variación en el área de cultivos como al café, el melón y la sandía, de cuya polinización dependen las abejas.

El estudio Producción y consumo de miel de abeja en Costa Rica, realizado por Luis Fernando Morales y publicado en le edición de julio del 2017 de la revista Agronegocios, encontró que Costa Rica logró 1.502 toneladas de miel en 1998. Pero esa cifra se desplomó a 904 toneladas, en el 2014.

“Las causas de esa disminución están asociadas a, entre otras razones, el aumento en el uso de sustancias agroquímicas que afectan la floración y el ciclo de vida de las abejas, el fenómeno del cambio climático y las consecuencias de la presencia de la abeja africanizada en el país”, explica el investigador en el documento.

El estudio también determinó que entre 1999 y el 2014, el rendimiento en producción fue de 32 kilos por colmena al año. Esta cifra fue de 30 kilos por colmena al año, en el 2018, según los datos publicados en el informe Sepsa.

La producción local abastece alrededor del 60% el consumo local. El resto se importa. Foto: Rónald Acuña Matarrita, de Asoapi.
La producción local abastece alrededor del 60% el consumo local. El resto se importa. Foto: Rónald Acuña Matarrita, de Asoapi.

La información acerca de los alcances del sector es también escasa. Por ejemplo, se estima que el consumo de miel de abeja en Costa Rica está cerca de los 500 gramos (medio kilo) por persona al año, pero no está basado en un estudio del caso.

Pese a esto, Cubero estimó que el consumo es creciente. “La demanda en el país si ha ido aumentando, por los estilos de vida saludables. Cada día, la gente sabe más de los beneficios del consumo de los productos naturales. Eso sube la cantidad que se consume”, detalló.

También hay cifras dispersas acerca de la cantidad de apicultores en el país. Cubero explicó que en algunos censos se cuentan como productores a todos los miembros de una familia dueña de un apiario (padre, madre, hijos, tíos). Pero en el Programa Nacional este caso se cuenta como solo un productor. Tomando en cuenta tal situación, Cubero dice que se calculan entre 1.000 y 1.100 apicultores dueños de las 39.376 colmenas.

Grupo organizado

La producción apícola tiene desde muy pequeños productores para quienes es una actividad secundaria hasta quienes viven dedicados solo a ella y, por tanto, es su ingreso familiar. Casos de estos dos extremos se presentan en la Asociación de Apicultores (Asoapi), una organización que está en la parte sur de la Península de Nicoya y cuyo centro de operaciones está en la localidad de Jicaral.

Rubén Chavarría, administrador de Asoapi, explicó que para vivir de la apicultura se deben tener al menos unas 300 colmenas.

En Asoapi, de los 32 asociados unos 12 tienen la apicultura como principal actividad económica. El resto se dedican a la ganadería y diferentes tipos de agricultura como actividades principales e incluso hay maestros que también realizan apicultura.

Esta organización tiene 21 años de existencia y logró construir una planta de proceso financiada, en parte, con una transferencia de fondos no reembolsables del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).

Este grupo organizado no solo compra la producción a sus asociados sino también, a productores de otras áreas cercanas de Guanacaste y Puntarenas. Procesa unos 150.000 kilos entre diciembre y marzo, almacena el producto y vende todo el año por medio de la compañía Manzaté, con la marca La Abejita.

Cubero detalló que el sector se ha tratado de organizar en relación con los precios. Así, se establece un precio recomendado para el productor, el cual en la cosecha pasada fue de entre ¢650.000 y ¢700.000 el barril de 300 kilos. Este valor ha subido alrededor de ¢50.000 anuales en los últimos años.

El precio del producto al consumidor está liberalizado, por lo que se comporta conforme a la oferta y la demanda y las estrategias de la empresas.