Irene Rodríguez. 11 abril, 2018
El programa de investigación comenzó en 2016 con un taller de actuación de hora y media todos los martes, que se impartió a un grupo de 10 jóvenes. Fotos Melissa Fernández (se cuenta con la debida autorización)
El programa de investigación comenzó en 2016 con un taller de actuación de hora y media todos los martes, que se impartió a un grupo de 10 jóvenes. Fotos Melissa Fernández (se cuenta con la debida autorización)

Todo comenzó hace poco menos de tres años, con una duda que tenían varias personas cuyos hijos presentaban trastorno del espectro autista (TEA) y estaban por graduarse del colegio.

Mientras se encontraban estudiando pasaban ocupados con las actividades académicas y sus compañeros, ¿pero qué iba a pasar cuando esto acabara? Ir a la Universidad, quizá, no era el camino para muchos de ellos.

La disyuntiva en la que estaban estas familias coincidió con que Linda Madriz, investigadora de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), educadora especial y quien impartía tutorías a varios chicos con TEA, comenzó a tomar clases de teatro.

Entonces, ella se preguntó: ¿este tipo de arte podría ser una respuesta para estos muchachos? Motivada con la idea, planteó una línea de investigación ante la UNED, enfocada en el tema.

El TEA, popularmente conocido como autismo, es una condición caracterizada por un desorden del desarrollo de las funciones del cerebro. Quienes la presentan tienen una interacción social limitada y problemas con la comunicación verbal y no verbal.

Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estiman que en el mundo hay más de 70 millones de personas con TEA. En Costa Rica no hay estadísticas oficiales, pero se habla de unas 64.000 personas.

En diciembre del 2016 se presentó la primera obra y en el 2017 se hicieron otros dos montajes. A cada función han llegado cerca de 200 personas como parte del público. Fotos Melissa Fernández(se cuenta con la debida autorización)
En diciembre del 2016 se presentó la primera obra y en el 2017 se hicieron otros dos montajes. A cada función han llegado cerca de 200 personas como parte del público. Fotos Melissa Fernández(se cuenta con la debida autorización)

Las opciones que tiene esta población para desarrollarse cuando llegan a la adultez suelen disminuir, por ello, se propuso esta línea de estudio, que, a su vez, sirviera como una opción de desarrollo de habilidades. Entonces, en 2016 se comenzó a investigar cómo el teatro ayuda en las habilidades sociales de estos jóvenes.

En este momento el equipo está formado por cuatro educadoras especiales, una psicóloga y una docente y actriz, además de los voluntarios.

"Ellos (los muchachos con TEA) no son sujetos de investigación, ellos son participantes activos, la investigación se forja de las experiencias. Uno nunca es más auténtico que cuando interpreta a otro", expresó Madriz.

Bernal García, del Teatro La Máscara, les abrió las puertas para que pudieran experimentar, y encomendó la tarea a Evelyn Solano, educadora y actriz.

Así nació el grupo "Rompecabezas", en el que participan, por igual, seis jóvenes con TEA y voluntarios. Dentro de estos voluntarios hay hermanos, educadores, padres y amigos de diferentes personas con el trastorno.

"Aquí todos aprenden por igual, en igualdad de condiciones. Tanto los muchachos con esta condición como los voluntarios no sabían de teatro y comenzaron, en su mayoría, de cero y entre todos aprenden juntos cómo hacer teatro", indicó la psicóloga Alicia Sandoval, una de las investigadoras.

Los investigadores indican que el teatro los empodera, les hace ver que tienen otras habilidades y esto se da en un ambiente de amor e inclusión en donde ellos pueden ser ellos mismos y trabajar a su ritmo. Fotos Melissa Fernández (se cuenta con la debida autorización)
Los investigadores indican que el teatro los empodera, les hace ver que tienen otras habilidades y esto se da en un ambiente de amor e inclusión en donde ellos pueden ser ellos mismos y trabajar a su ritmo. Fotos Melissa Fernández (se cuenta con la debida autorización)

Madríz agregó: "ellos no aprenden teatro en un aula, están aquí, en un teatro. Están en el escenario, con las luces, en un lugar con camerinos y las obras se presentan a teatro lleno. Esto los empodera más".

Los talleres

El programa de investigación comenzó en el 2016 con un taller de actuación de hora y media, todos los martes, que se impartió a un grupo de 10 jóvenes con TEA entre los 13 y los 23 años de edad y a voluntarios.

"Actuar es jugar con verdad. Yo estoy feliz, aquí puedo actuar, cantar y estar con estos amigos. Es trabajar en equipo", puntualizó Luis Daniel Valverde, quien hoy tiene 25 años y recuerda que llegó por primera vez al taller el 1 de marzo del 2016.

En diciembre del 2016 se presentó la primera obra y en el 2017 se hicieron otros dos montajes. En cada función han tenido un público de unas 200 personas.

Hoy preparan su cuarta propuesta, que posiblemente se presentará en agosto y que tendrá como tema el bullying, una situación que casi todos estos muchachos han enfrentado.

"Cada vez ha aumentado la complejidad de la obra. La primera era una propuesta muy de fantasía, en donde eran duendes de Santa Claus, en la segunda fueron animales con personajes más profundos y más acción en la escena. En la tercera los voluntarios actuaban menos para darle más oportunidad (a los jóvenes con TEA). La que se está preparando ahora es aún más compleja", manifestó Sandoval.

García añadió: "es una obra más difícil de ejecutar, pero ellos demuestran de sobra que pueden hacerlo, ya ellos conocen su potencial y cómo explotarlo. A ellos se les da una instrucción y están tan ávidos de aprender y tan felices con el teatro que cuando te das cuenta ya lo están haciendo".

También se les han dado talleres de electrónica y programación que han implementado en sus puestas en escena.

¿Cómo ayuda el arte a estas personas?

Hoy, luego de dos años y con tres obras presentadas y una cuarta en camino, los profesionales están convencidos de que el teatro empodera a los jóvenes con TEA, mejora su calidad de vida, potencia sus destrezas sociales y su desarrollo motor y mental.

Los investigadores indican que este tipo de arte les permite ver que tienen otras habilidades y todo se da en un ambiente de amor e inclusión en donde pueden ser ellos mismos y trabajar a su ritmo.

Madriz comentó: "en el teatro ¿para quién actuamos? No para mí, porque yo no me veo, no para el público, que cambia todos los días, si no para el compañero. Esto los hace preocuparse por estar con un igual".

Solano, como instructora del teatro, manifestó: "hay muchachos que cuando llegaron aquí ni siquiera se movían, no hablaban. La evolución hoy es impresionante. Verlos transformarse en personajes cada vez más complejos es un logro. Además, se cuidan mucho, se preocupan por ellos, hasta hemos tenido que parar la clase para saludar al que llega tarde".

Quienes participan de este grupo y sus familias coinciden en que el desarrollo alcanzado es otro desde que están en el teatro.

Yo era muy nerviosa y tímida, ahora no. Me gusta mucho estar en el escenario con mis compañeros", enfatizó Silvia Niño, quien participa desde hace dos años.

Su madre, Nelly Calderón, agregó: "El desenvolvimiento es otro. Es mucho más extrovertida hoy. Este grupo se convirtió en una familia".

Para Kathia Chaves, otra de las mamás que integran el grupo, el teatro marcó un antes y un después para todos los que aquí participan.

"La parte artística es súper importante para mejorar las actividades sociales. Los cambios son impresionantes. Es una familia más. Para nosotros también; como madres es muy importante, nos apoyamos, contamos nuestras experiencias. Es una terapia para todos", explicó.

Gigliola Lazzarotto comentó que su hijo Gabriel, de 17 años, es otra persona gracias a "Rompecabezas": "le ha ayudado a ser muy autónomo en muchas cosas. Es más seguro, más expresivo, hasta tiene mejor vocabulario. También tiene más dominio de sí mismo y de sus emociones".

¿Cuáles son los resultados? El equipo investigador presentó los primeros resultados en Málaga, España, durante un congreso sobre educación especial.

Los investigadores indicaron que los participantes han fortalecido las cuatro áreas de habilidades sociales trabajadas: comunicación, expresión de emociones, autocontrol y trabajo en equipo.

"Nosotros llevamos un video de la obra al congreso y lo expusimos, y algunos nos dijeron que no encontraban diferencias entre quiénes eran voluntarios y quienes sí tenían una condición del espectro autista", subrayó Madriz.

El programa de investigación comenzó en el 2016 con un taller de actuación de hora y media, todos los martes, que se impartió a un grupo de 10 jóvenes con TEA entre los 13 y los 23 años de edad y a voluntarios. Fotos Melissa Fernández. (se cuenta con la debida autorización)
El programa de investigación comenzó en el 2016 con un taller de actuación de hora y media, todos los martes, que se impartió a un grupo de 10 jóvenes con TEA entre los 13 y los 23 años de edad y a voluntarios. Fotos Melissa Fernández. (se cuenta con la debida autorización)

"Y también lo vemos aquí en la dinámica semanal. Por ejemplo, ya tenemos una pareja. Ellos tienen una relación muy linda y el apoyo de sus papás", añadió.

¿Qué sigue? El martes pasado comenzó otro taller para un segundo grupo, con una población más diversa, que incluye personas con síndrome de down y retardo mental. La idea es aplicar la misma receta: mucho amor y una forma inclusiva de hacer arte.

"Estamos convencidos que el teatro los va a empoderar y vamos a ver grandes resultados en ellos", aseveró García.