Silvia Artavia. 1 octubre, 2017
El alcalde, Néstor Mattis, asegura que los colores empleados pretenden rescatar la esencia caribeña.
El alcalde, Néstor Mattis, asegura que los colores empleados pretenden rescatar la esencia caribeña.

Tras haber sorteado dos años de controversia, el remozamiento del mercado municipal de Limón es una realidad y, de hecho, a finales de octubre estará terminada su nueva etapa.

Se trata de un edificio multicolor, de dos pisos, que en su primera planta albergará un área de comidas y, en la segunda, más locales comerciales.

Con esto, se descongestionará el hacinamiento que sufrían los 130 inquilinos del antiguo mercado –declarado patrimonio histórico y arquitectónico en 1998– y se generará espacio para 100 comercios más, explicó a La Nación Néstor Mattis, alcalde limonense.

La edificación está ubicada al norte de la cuadra que ocupa el inmueble, en un sector donde antes había unas piezas que se construyeron como "agregados" y que también hospedaban vendedores.

Para la construcción de la nueva estructura, de 2.000 metros cuadrados, fue necesario demoler una parte del conocido anillo Maxwell, un espacio público que bordeaba el mercado, así como unos quioscos antiguos que también acogían a comerciantes.

Aunque todavía no se tiene una fecha exacta para que los inquilinos puedan ocupar el edificio, Mattis expresó que la obra está muy avanzada y a la espera de detalles finales.

Se trata de una construcción que tuvo un costo de ¢2.600 millones.

Según el alcalde, a ese monto hay que agregarle ¢600 millones más. Esto debido a que el municipio tuvo que construir unos tramos provisionales frente al antiguo mercado, para que se albergaran ahí los comerciantes que estaban en el área donde se construyó el nuevo.

"No quisieron pasarse a un lugar que ya habíamos destinado para que se ubicaran mientras tanto, y hubo que hacer ese gasto. Cuando se inaugure el nuevo, esos puestos los quitamos", afirmó.

El antiguo mercado recibió la declaratoria de patrimonio histórico y arquitectónico en 1998.
El antiguo mercado recibió la declaratoria de patrimonio histórico y arquitectónico en 1998.
Propuesta completa

La nueva estructura forma parte de un plan integral que incluye la remodelación del inmueble histórico donde, desde 1941, opera el mercado, entre avenidas 2° y 3° y calles 3° y 4°.

Según datos proporcionados por el Centro de Patrimonio del Ministerio de Cultura, en el caso del edificio patrimonial, las obras consistirán en la sustitución del sistema electromecánico y la instalación de uno contra incendios.

Asimismo, se cambiará y se pintará el techo, se restaurarán las ventanas y las puertas y se remodelarán los servicios sanitarios.

También pasarán por una completa restauración la fachada y los espacios internos en general, se instalará una cubierta de policarbonato en el patio central del mercado, se pondrán pisos antideslizantes y se ampliarán los pasillos interiores.

El alcalde Mattis dijo no tener a mano el dato del presupuesto necesario para llevar a cabo estas mejoras, ni tampoco el tiempo aproximado que requerirán.

Lucha de años

La remodelación general del mercado ha atravesado un obstaculizado camino desde el 2015, cuando dio inicio.

El 24 de febrero de ese año, el Ministerio de Salud amenazó con desalojarlo debido a su deplorable estado.

En aquel momento, adicional a la restauración general por la que pasa actualmente y como medida paliativa para evitar su clausura, el municipio debió implementar una serie de mejoras.

Entre otras labores, fue necesario reparar el techo, las canoas, los bajantes, los servicios sanitarios y los sistemas eléctrico y de manejo de aguas negras.

Una vez realizados dichos trabajos, arrancó la remodelación, en octubre de 2015.

Sin embargo, esa no fue la primera vez en que Salud exhortaba a la municipalidad caribeña a dar mantenimiento a la estructura. La del 2015 fue la tercera de tres órdenes de desalojo emitidas desde el 2008.

Para levantar la nueva estructura, se demolieron algunos quioscos como este, que todavía queda al lado del antiguo edificio.
Para levantar la nueva estructura, se demolieron algunos quioscos como este, que todavía queda al lado del antiguo edificio.
Reparaciones desatan polémica

Aunque la remodelación servirá de desahogo y renovará el viejo mercado, al tiempo que generá más empleos, la intervención no es del todo bien vista por algunos sectores, que la consideran invasiva y creen que desentona con el edificio patrimonial.

"Yo quedo conforme en la parte comercial; sin embargo, no con la patrimonial. El Ministerio de Cultura (Centro de Patrimonio) extendió el permiso sabiendo que el nuevo edificio taparía la fachada norte del viejo. Esto, claramente, violenta la ley de patrimonio (Ley 7555 de Patrimonio Histórico Arquitectónico de Costa Rica)", dijo Adrián Sosa, presidente de la Asociación de Empresarios del Mercado Caribeño (Asemeca).

El representante de los inquilinos comentó, además, que para construir los puestos provisionales que se habilitaron frente al viejo mercado mientras se levantaba la nueva etapa, se talaron árboles.

"Además del daño patrimonial, a esa cuadra se le hizo un daño ecológico, porque se cortaron árboles que tenían como 60 años de existir, como palmeras y laurel de la India, que eran pulmones de la ciudad", aseveró Sosa.

Otra entidad que ha manifestado inquietud por la intervención arquitectónica es el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos).

Ofelia Sanou, presidenta de la entidad, argumentó que la intervención va más allá de que la nueva estructura reste visibilidad al antiguo inmueble.

"Es un edificio tipo centro comercial, metido en las áreas verdes por las cuales, se supone, también debe velar la declaratoria de patrimonio. Ahí lo grave es que se hizo un edificio nuevo sobre las áreas verdes", enfatizó Sanou.

Asimismo, la dirigente expresó su preocupación por que se quiera sacar a los chinameros de un sitio que históricamente ha sido suyo.

"Lo hemos visto en varios lugares del país, que sacan a los vendedores tradicionales para poner comercios que parecieran más bonitos y que lo que hacen es dar la impresión de ser centros comerciales en lugar de sitios que rescatan la cultura popular", agregó.

"Hay que ver la obra completa"

Ante ese panorama, William Monge, director del Centro de Patrimonio, explicó que era conveniente construir la nueva edificación por varios motivos; entre estos, hacer su oferta comercial rentable, detener el avance del comercio informal que venía creciendo alrededor del mercado y generar fuentes de trabajo y sostenibilidad económica.

"El nuevo edificio es necesario para satisfacer las mejoras de los sistemas incorporados al mercado, por lo que es más conveniente para la protección del edificio patrimonial construir esa obra civil aparte", reiteró.

Asimismo, dijo que sí será posible observar la parte norte del antiguo inmueble.

"Excepto la fachada principal sur, que contiene elementos art decó (un tipo de arquitectura histórica), las demás fachadas son simétricas. La fachada norte, en cuestión, frente al nuevo edificio, se puede apreciar desde su espacio interno", aseguró el funcionario.

Por otra parte, Monge manifestó que, mientras la restauración total no se haya llevado a cabo, no es posible apreciar bien la posición del edificio nuevo respecto al antiguo.

"Además, existen espacios comerciales provisionales que serán demolidos cuando terminen las obras. Esto es que, para un mejor juicio, habrá que apreciar las obras concluidas", concluyó el director de Patrimonio.

En ese mismo punto, el alcalde de Limón, Néstor Mattis, aseguró que el recién construido anexo del mercado intenta crear un contraste entre la esencia caribeña y el valor patrimonial del tradicional mercado.

"La gente que opina no vive en Limón. Los que vivimos, crecimos y estamos aquí, creemos que es una combinación de obra patrimonial de los años 40 con otra que reviste el sentir caribeño del 2017. No se puede estar viviendo en el pasado. Mantuvimos la vistosidad sin intervenir el patrimonio", puntualizó.

Teresa Rodríguez se gana el sustento vendiendo verduras desde 1963.
Teresa Rodríguez se gana el sustento vendiendo verduras desde 1963.
Inquilinos están felices

Al margen del conflicto arquitectónico, se encuentran muchos de los 130 comerciantes que encuentran sustento en los pasillos del mercado limonense y quienes se muestran esperanzados con el remozamiento.

Así lo reflejó Alfonso Moisés, un carnicero quien tiene 30 años trabajar ahí.

"La ampliación será muy buena, porque más gente entrará al mercado. Ha estado viniendo poca gente porque piensan que es incómodo venir, y peor ahora, que está en construcción", aseguró.

La misma opinión tiene Dalinda Noemy Jiménez, quien ahora se dedica a la venta de hierbas medicinales, pero que ha desempeñado cantidad de oficios dentro de esas históricas paredes; uno de ellos, la verdulería.

"Está bueno que amplíen. La ciudad está haciéndose más grande cada día y se necesitan cosas nuevas. Todo va para arriba. La juventud y el país necesitan renovarse", expresó.

Otra que no escondió su ilusión por las nuevas instalaciones fue Teresa Rodríguez, quien se defiende con la venta de verduras desde 1963.

"Me parece muy bonito. Puede ser que sí nos traiga más gente, porque dicen que ya hay muchos locales alquilados en el nuevo mercado. Todo lo que sea para mejorar está bien", sentenció.