Michelle Soto. 13 agosto, 2015
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A la fecha existen 32 organizaciones certificadas con el sello de carbono neutralidad que otorga el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae).

De estas, el 44% son pequeñas y medianas empresas (pymes) dedicadas a la industria, el turismo y los servicios.

Este es un sector que, cada vez más, ve en la certificación una oportunidad para mejorar su operación y hacerla eficiente, mediante la generación de ahorro en costos y el apuntalamiento de una imagen frente a consumidores más exigentes.

“Se han desarrollado capacidades a nivel nacional y cada vez se crean más empleos verdes donde gran cantidad de profesionales en el tema ambiental dan su aporte a la iniciativa y en las pymes tenemos un mayor grado de profesionalización”, dijo Manuel González, coordinador de la Unidad de Verificación de Emisiones (UVE) del Instituto de Normas Técnicas de Costa Rica (Inteco).

De hecho, las dos primeras empresas en obtener el sello, en el 2012, fueron pymes: la agencia Travel Excellence y la empresa de productos de limpieza Florex.

Eso viene a desmitificar que la carbono neutralidad sea exclusiva de grandes compañías.

“En el fondo, la norma no es tan difícil y se ajusta a la realidad de cada empresa. De verdad, una pulpería o venta de macetas puede aspirar a ser carbono neutral”, dijo Cristina Calvo de Asuaire Travel, pyme certificada en 2014.

Tanto José Álex López, de Travel Excellence, como Silvia Chaves, de Florex, admitieron que, cuando salió el sello, lo vieron como una oportunidad.

“Ser carbono neutral debe ser una decisión muy adentro de la empresa. Es decir, hay que querer serlo”, comentó Chaves, al agregar que “además el mercado va hacia eso. Si la empresa no se apunta pronto, luego va a tener problemas para transformarse”.

El sello. La marca se deriva de la norma nacional de carbono neutralidad (INTE 12-01-06:2011), publicada en La Gaceta en 2012.

Esta es una guía del proceso de certificación. Primero, las empresas hacen un inventario de los gases efecto invernadero (GEI) que producen y sus fuentes de emisión. Luego se diseña un plan de reducción que implica modificar procesos, sin afectar la producción. Las emisiones que no logren reducirse, se compensan.

Eso se puede hacer a través de mecanismos nacionales, como adquirir una unidad costarricense de compensación (UCC) que financia el Programa de Pago por Servicios Ambientales (PSA) del Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (Fonafifo) o, internacionales, como el certificado de reducción de emisiones (CER) o de reducción de emisión voluntaria (VER). Una vez que se cumple con ese proceso, la empresa se somete a una auditoría por parte de la Unidad de Verificación de Emisiones (UVE). En el país hay dos UVE: el Instituto de Normas Técnicas de Costa Rica (Inteco) y la Universidad Earth.

Según el resultado de la auditoría, se otorga o no el sello. Este tiene una vigencia de un año con posibilidad de renovación.

En criterio de Calvo, la norma es lo suficientemente flexible como para ir paso a paso.

“La gente cree que es un proceso difícil y enredado cuando no es así. Es cuestión de tener orden y buenas prácticas, y ya muchas empresas las tienen. Es cuestión de medirlas y empezar el cambio”, apuntó la empresaria.

Lo que muchas pymes hicieron fue iniciar con otras certificaciones y, de allí, cuando ya tenían una base de gestión, pasaron a la carbono neutralidad.

Así lo hizo Travel Excellence, que posee el certificado para la sostenibilidad turística (CST) y otro de Rainforest Alliance.

“Cuando hicimos el primer inventario ya teníamos casi el 80% de la tarea”, dijo López, al considerar que “la carbono neutralidad viene a ser un paso más en la filosofía de sostenibilidad”.

Por su parte, Calvo indicó que Asuaire Travel inició con CST y Bandera Azul Ecológica.

“Para tener las cinco estrellas de Bandera Azul Ecológica solo nos faltaba ser carbono neutral. Entonces, un proceso nos fue llevando a otro. Fuimos descubriendo con el tiempo cómo podíamos tener nuestro panorama de sostenibilidad lo más completo posible”, manifestó Calvo.

En el caso de Florex, cuentan con Bandera Azul Ecológica, así como las certificaciones ISO .

“Estudiamos otras normas internacionales, pero la verdad es que estamos aquí, en Costa Rica. Además, se trata de apoyar al país en reconocimiento al esfuerzo que hace y con el que podemos colaborar”, manifestó Chaves.

Quizá esa es la razón detrás del por qué las pymes suelen inclinarse a compensar con Fonafifo.

“Fonafifo es un ente de mucha confianza y tiene la ventaja de que no solo estamos compensando en cobertura forestal, sino que también pagamos por protección de recurso hídrico, belleza escénica y biodiversidad. Al final, todo se complementa”, enfatizó López.

¿Qué se gana? Para Calvo, el proceso de certificación permite entender la empresa, y de ahí diseñar un plan de sostenibilidad que optimice su funcionamiento.

“El proceso le ayuda a uno a ver qué cosas se pueden mejorar. Tampoco tiene que hacerse todo ya; uno puede ponerse metas a plazos”, destacó Calvo.

Según Manuel González, coordinador de la UVE de Inteco, la pyme gana en mejorar la operación, lo que se traduce en ahorro.

“Existen industrias que han cambiado combustibles fósiles por biomasa o flotas vehiculares que han reducido entre un 10 a 15% la factura de combustible con solo cambiar los hábitos de manejo”, ejemplificó González.

“Hay que buscar esos ahorros. Este no es un tema romántico, debe dar réditos en la tarifa eléctrica, en reducción de combustibles, ahorro de agua y por eso es tan importante medir, ya que el dinero producto de ese ahorro se transforma en posibilidades de inversión”, enfatizó Chaves.

Travel Excellence sigue creciendo, sin incrementar su inventario de emisiones. “Aunque las emisiones se mantienen iguales, ahora somos mucho más eficientes que antes”, declaró López.

Florex, por ejemplo, pasó de ser una empresa pequeña a una mediana. Ha crecido 25%, manteniendo su inventario casi igual. Chaves está consciente de la importancia de controlar su inventario y fuentes de emisión. Cualquier descuido, en un contexto de crecimiento, puede disparar las emisiones y comprometer el sello.

“Siendo organizado, planificado y con mucha disciplina, sí se puede hacer”, subrayó.

Otra ventaja del sello es la diferenciación frente a la competencia. “La gente aprecia cuando una empresa está haciendo las cosas bien”, aseguró Chaves.

“Si la empresa tiene una orientación clara que añada valor y no sea meramente filantropía, pues se logra. Las empresas costarricenses estamos acostumbradas a que responsabilidad social es regalar plata, cuando de lo que se trata es de invertir en una sociedad y un ambiente que permita continuar trabajando. Eso, a largo plazo, es rentable para la empresa porque da sostenibilidad en el tiempo”, explicó López.

Retos. El sello también pone en jaque a las pyme, sobre todo por el pago de la consultoría a la UVE. Calvo sugiere que las tarifas se ajusten al tamaño de la empresa.

“Lo más difícil fue encadenar a los proveedores y distribuidores. Es un proceso de convencimiento que requiere tiempo”, apuntó Chaves, como otro reto.

También se debe involucrar a la ciudadanía, de manera que privilegie estos esfuerzos, lo cual va de la mano con la divulgación.

Chaves expresó que aún falta concientizar a la gente, para que se percate de que su decisión de compra forma parte de la cadena de valor de la empresa.

“Es un círculo virtuoso: las empresas producen de forma diferente y van empujando el cambio. A la vez, el consumidor es más exigente y eso también provoca el cambio”, dijo Chaves.