Medio Ambiente

Costa Rica posee una de las colecciones de café más importantes del mundo, pero su futuro podría estar en riesgo

Es uno de los cuatro principales bancos de recursos genéticos para la preservación a largo plazo de este cultivo y su industria

La respuesta para evitar la extinción de muchas especies de café podría encontrarse en el cantón de Turrialba, en la provincia de Cartago. Este es el hogar, desde 1949, de una de las colecciones más importantes de dicho cultivo.

Su creador y actual guardián es el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie).

Sin embargo, el futuro de este vital muestrario podría estar en riesgo, ya que durante 70 años ha permanecido en el mismo sitio, lo cual provoca que las plantas pierdan fuerza, que disminuya su capacidad productiva y que posiblemente sufran más ataques de enfermedades.

Por esta razón, el Catie decidió emprender un estudio que permita conocer más a fondo el reservorio y tomar las acciones necesarias para su traslado.

“Empezó como una colección de trabajo, cuyo objetivo era buscar materiales tolerantes a la roya (enfermedad que afecta al café y es producida por un hongo), pero poco a poco fue tomando importancia y fue creciendo en cantidad, principalmente por materiales que se trajeron desde su sitio de origen”, explicó William Solano, especialista en recursos genéticos del Catie.

Este importante banco de recursos genéticos alberga 12.000 árboles de 11 especies, sembrados en 10 hectáreas en la sede del Catie en Turrialba, a unos 660 metros de altitud. Cuenta con plantas provenientes de Etiopía, Yemen, Kenia, Tanzania, Colombia, Brasil, México, institutos de investigación y otros países de América Central.

Los materiales contenidos en esta colección tienen un gran valor para la ciencia, ya que permiten mejorar las variedades de café existentes, así como producir nuevas que sean tolerantes a las enfermedades, adaptadas a diversas condiciones de clima y suelo, con alta productividad y excelente calidad de taza.

Su mantenimiento cuesta unos $100.000 (alrededor de ¢57 millones) al año, por lo que el Catie y sus socios lanzaron un llamado a la comunidad internacional y a la empresa privada “para que colaboren apoyando a financiar la conservación de esta colección, para bienestar de los productores y consumidores de café de todo el mundo”.

De importancia mundial

El futuro del café

Una de las colecciones más importantes para la industria de la caficultura se encuentra en Costa Rica y es resguardada por el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie).

FUENTE: CENTRO AGRONÓMICO TROPICAL DE INVESTIGACIÓN Y ENSEÑANZA.    || J.C. / LA NACIÓN.

En 1976, el muestrario se estableció formalmente como un centro para la conservación y el uso de los recursos fitogenéticos de América Central. Actualmente, se considera una de las cuatro “colecciones de origen” que son absolutamente esenciales para la preservación del café a largo plazo.

La anterior categorización fue definida por la organización internacional Crop Trust, en colaboración con el World Coffee Research (WCR), en un documento titulado Estrategia mundial de conservación de los recursos genéticos del café.

Las restantes tres colecciones se encuentran en países africanos: Costa de Marfil, Etiopía y Madagascar; empero, según los expertos, la de Costa Rica “tiene un estatus especial, ya que es la única colección mundial que comparte materiales a nivel internacional”.

“De esas colecciones (de origen), la del Catie es la única que distribuye germoplasma (semillas) a cualquier usuario del mundo; las otras tres solo lo hacen a nivel nacional. Para nosotros la colección es un bien público, un bien de la humanidad”, recalcó Solano.

En el 2004, el Catie colocó sus colecciones bajo los auspicios de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y, para el 2006, quedaron bajo la jurisdicción del Tratado Internacional para los Recursos Fitogenéticos para Alimentación y Agricultura (Tirfaa), de la FAO.

El peso del tiempo

A sus 70 años de edad, la colección afronta problemas, pues nunca ha sido cambiada de lugar desde su creación.

“La colección ya cumplió su vida útil en el sitio donde está, debemos reubicarla o reestablecerla en un sitio nuevo; eso lo hacemos mediante injertos (...). Normalmente, en una plantación comercial se recomienda una renovación cada 20 o 25 años.

”Hace cinco años, según nuestro último inventario de la colección, descubrimos que habíamos perdido más de 100 plantas, correspondientes a casi 40 variedades diferentes de café. Debido a lo que le está pasando a la diversidad del café en sus sitios de origen, si perdemos una accesión, podríamos estar perdiéndola para siempre”, advirtió el experto.

Por tal razón, el Catie realizará un estudio independiente y a profundidad, para obtener una imagen clara y comprensiva de lo que se debe hacer para cumplir y mantener las normas internacionales en los esfuerzos de conservación. La investigación será financiada por la empresa Felco, fabricante suizo de herramientas de poda y corte.

El objetivo es conocer con detalle qué es lo que hay conservado en el Catie y cuál va a ser su importancia en el futuro para el mejoramiento genético; asimismo, permitirá saber el costo estimado que se tendrá que invertir para reubicar la colección, para así definir una estrategia y buscar el financiamiento.

Otro de los planes es duplicar la colección pero en otro sitio, para que en caso de que las plantas vayan a morir, se pueda tener un respaldo, o como medida preventiva ante una eventual erupción del vecino volcán Turrialba.

Lo que sí se tiene claro es que las plantas tendrán que ser colocadas en un terreno que esté, como mínimo, a 1.500 metros sobre el nivel del mar (m. s. n. m.).

“En Catie están a 660 m. s. n. m., no es una condición ideal para el café; uno no podría encontrar atributos de calidad”, dijo Solano.

El cambio también es necesario para que la colección pueda cumplir con ciertos estándares internacionales que le permitan optar por los fondos que el Crop Trust está recaudando ($25 millones) para el funcionamiento a perpetuidad de los cuatro bancos de genes.

Impacto en la industria

Según el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie), muchos de los productos que han salido de esta colección han sido de importancia para la caficultura centroamericana.

Un ejemplo que destacó William Solano, especialista en recursos genéticos de la institución, es el Geisha, que ingresó al Centro en 1953, proveniente de Tanzania. En la década de 1960 se distribuyó a toda la región porque se creía que tenía tolerancia a la roya; sin embargo, a muchos no les gustó porque la productividad era baja.

“Pero en la zona de Boquete de Panamá como que encontró el ambiente o la condición agroecológica especial para expresar todo el potencial de calidad y se hizo famoso a inicios del 2000, cuando un lote de Geisha ganó el concurso Best of Panama y la industria del café descubrió un nuevo sabor de café muy exótico”, indicó Solano.

El pasado 16 de julio marcó un récord cuando la casa japonesa Saza Coffee desembolsó $1.029 por libra de este grano, producido por la familia Lamastus, durante la subasta electrónica internacional de la Asociación de Cafés Especiales de Panamá. Un año antes, la misma marca logró la venta de una libra de café por $803, provenientes de una empresa de China, de acuerdo con información del diario La Prensa.

“Nosotros distribuimos pequeñas cantidades de semilla, no somos una compañía que vende comercialmente semillas, no nos dedicamos a eso, porque la mayoría de estos materiales no han empezado el proceso de mejoramiento genético como para ser liberados como una variedad nueva. Los productores de café, sobre todo de especialidad, andan buscando nuevos sabores y aromas, porque eso es lo que le está demandando el mercado”, explicó el vocero del Catie.

Japón, Corea del Sur, Taiwán y China son los países que mejor están pagando este café de especialidad.

Lucía Astorga

Lucía Astorga

Bachiller en Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica y Bachiller en Periodismo de la Universidad Latina; finalizando la Maestría en Diplomacia del Instituto Manuel María Peralta.

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