Monserrath Vargas L.. 3 febrero
El juego fue una de las estrategias utilizadas para que los niños aprendieran conceptos complejos sobre ciencia. Foto: Alonso Tenorio
El juego fue una de las estrategias utilizadas para que los niños aprendieran conceptos complejos sobre ciencia. Foto: Alonso Tenorio

Mariángel Hidalgo de 11 años contó muy decidida que, como no estaba satisfecha con lo que aprende en la escuela decidió invertir sus vacaciones en el “Verano Científico”, celebrado durante el mes de enero en la sede central de la Universidad de Costa Rica (UCR), en San Pedro de Montes de Oca.

Esta apasionada por las matemáticas relató: “Estamos sacando ciencia de una lectura (el libro Alicia en el País de las Maravillas). Me gustan los números”.

Ella es una de los 80 participantes de esta iniciativa impulsada por el Trabajo Comunal Universitario 695 de la UCR, “Enseñando ciencia basada en observación y experimentación”. Inicialmente se inscribieron 160 niños.

Aunque inicialmente el programa esperaba a unos 40 niños entre los 11 y 14 años de escuelas públicas, del Sistema Integral de Formación Artística para la Inclusión Social (Sifais) y del Patronato Nacional de la Infancia (PANI), se enfrentaron a la sorpresa de que muchos más estuvieron interesados en participar.

Así lo confirmó Óscar Herrera, docente e investigador de la Escuela de Física y coordinador de este TCU: “Desde el punto de vista logístico tuvimos que aumentar todas las facilidades, porque habíamos pensando solo impartirlo en la mañana y tuvimos que llevarlo a cabo también en la tarde y solicitar más presupuesto”.

(Video) Niños de entre 11 y 14 años disfrutan de un 'Verano Científico' en la UCR

Fue así como recibieron apoyo por parte de la Vicerrectoría de Investigación, la Escuela de Física, la Facultad de Ciencias y en general de otras escuelas y de la misma universidad.

¿En qué consiste el programa?

Herrera resaltó que la idea es que los participantes puedan familiarizarse con que: “Ser científico es toda una aventura, sentirse bien, sentirse mal con algo, equivocarse... la satisfacción que le da a uno obtener un resultado. También que aprendan a enfrentarse a problemas que a veces se resuelven rápido y a veces llevan un poco más de tiempo”.

Ese entusiasmo por la ciencia que desean transmitirle a los niños se evidenció en Matías Martí, otro de los participantes del Verano Científico, quien contó a La Nación que vino porque le gusta el espacio, y quiere ser astrofísico algún día.

“Vine para aprender sobre el espacio y cosas nuevas de la ciencia . Aprendimos sobre la gravedad, fuimos allá arriba (señala un edificio de varios pisos) y tiramos un huevo en paracaídas, también aprendimos de brazos robóticos”.

Pero esas no son todas las actividades a las que tuvieron acceso los participantes de esta iniciativa. Según Katherine Acuña, asistente del TCU y organizadora del Verano Científico este ha sido un taller planificado desde meses antes.

“En setiembre, octubre y noviembre comenzamos a hacer análisis de las dos novelas que estamos trabajando (Alicia en el País de las Maravillas y El Principito). Luego de eso decidieron estructurar las lecciones que iban a recibir los niños participantes y cómo podrían asociar conceptos científicos con los libros.

Además de las lecciones, los menores realizaron experimentos, como construir un motor con una pila, o una actividad con la que trataron de explicarles un concepto matemático complejo, por ejemplo.

Los participantes fueron niños de escuelas públicas, del Sistema Integral de Formación Artística para la Inclusión Social (Sifais) y del PANI. Foto: Alonso Tenorio.
Los participantes fueron niños de escuelas públicas, del Sistema Integral de Formación Artística para la Inclusión Social (Sifais) y del PANI. Foto: Alonso Tenorio.

El Verano Científico fue atendido por 13 estudiantes de la Universidad de Costa Rica que forman parte de este trabajo comunal, y que vienen de áreas como Educación, Enseñanza de la Ciencia, Física, Química, Ingeniería Mecánica, Industrial, y que realizan su trabajo comunal.

Entre ellos se encuentran, Felipe Bazo, quien es estudiante de Ingeniería Mecánica y lo que más le emociona del Verano Científico es aportar su “conocimiento, mostrando lo que sé y compartirlo con los niños, para así incentivar el gusto por la ciencia”.

Por su parte Michelle Herra, quien estudia Educación Primaria contó que participar de este taller del TCU “es muy divertido, es todo un reto”.

La joven dijo que a veces ellos vienen con la mentalidad de que quizá sea difícil para los niños entender conceptos científicos complejos y “más bien hay chicos que ya tienen teorías súper de memoria y inclusiva ya las han aplicado en la escuela”, aseguró.

También cuentan con el apoyo de la psicóloga Amaryllis Quirós Ramírez y de una estudiante de Psicología. Ella explicó que su presencia ahí se debe a tratar de “entender a los participantes desde la perspectiva del desarrollo y del entendimiento de qué pasa en términos cognitivos, cuando están implicados en un experimento. Observan situaciones como liderazgo, trabajo en grupo, colaboración, entender qué se mueve cuando están en un experimento”.

Quirós comentó que, si bien ha intervenido en ciertas situaciones, su rol ha sido la de observadora, para posteriormente analizar la información recopilada para identificar qué puede ser interesante de contar sobre la experiencia.

Este lunes 3 de febrero, a las 9:30 a. m., será la ceremonia de cierre de la actividad.