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Revolucionar, no remendar

Si que queremos transformar a Costa Rica, hay que hacer algo extraordinario

Como ciudadano, no puede uno más que alegrarse de que distintos grupos estén presentando propuestas para mejorar este país. Más allá de contenidos o de que estemos de acuerdo con unas o con otras, es de por sí un síntoma muy positivo que podamos tener una discusión de fondo sobre temas relevantes para nuestro futuro.

Siento que desde hace varias décadas hemos cometido el error de que –como se dice popularmente– por hacer lo urgente, hemos dejado de hacer lo importante. Nuestras tareas en lo público se han limitado a disminuir el impacto o efectos inmediatos de nuestros problemas en la vida diaria, pero hemos dejado de lado una tarea más dura y más importante: entrarle de frente y con valentía a atacar las causas de nuestra situación actual.

A lo anterior hemos agregado un segundo error. Desde hace rato, pero mucho rato, venimos confundiendo lo que son fines con lo que son medios. A partir de 1948, equipamos nuestra sociedad con un arsenal de medios para cumplir los fines que esa generación se propuso alcanzar. La mayoría de ellos cumplieron de forma efectiva la tarea para la que fueron creados; otros, no tanto. Pero, ante la incapacidad de reinventarlos, muchos de esos medios se han convertido en el inconsciente nacional, en fines en sí mismos, simplemente soportan un sistema que funciona ahí, como se va pudiendo subsistir, pero que poco o nada aportan al desarrollo.

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