28 agosto, 2011
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Ligado a su esencia de árbol, Pinocho tiene un espíritu radicado en la tierra, una voluntad ecologista que se ramifica en su curiosidad apasionada por entender el mundo que lo rodea. La marioneta que deseaba ser de carne y hueso, es héroe de un romance florentino pleno de injusticias, frustraciones y aventuras.

Pinocho deambula por las calles italianas y en medio de las páginas del libro que en 1881 creó el escritor y periodista florentino Carlo Lorenzini, más conocido como Carlo Collodi. De pronto, Pinocho llega a las costas del Pacífico de nuestro país, y tres localidades de la Gran Área Metropolitana están listas para recibirlo.

En Las aventuras de Pinocho, nada es dado a la casualidad; cada personaje, animal o elemento significa algo. En Pinocho verde sucede lo mismo. Un trazo, un títere o una nota musical impregnan la historia de Pinocho de riqueza y significado en Costa Rica.

Esta obra infantil ecologista fue creada por Simona Trovato, narradora oral y directora de teatro de origen italiano residente en Costa Rica. Antes de escribir el guion, ella se inspiró en el relato original de Collodi e investigó los ecosistemas de nuestro país, con la ayuda de los biólogos Juan Figuerola y Guillermo Quirós.

“Pinocho es de madera y es el personaje perfecto para que tenga un vínculo con la naturaleza. Los niños lo adoran y es además un romance italiano dotado de una historia muy inteligente”, explica Simona Trovato.

Un muñeco de madera tropical. En la obra, realizada con el apoyo de Pro Artes, cantará Max Goldenberg, el célebre compositor guanacasteco, quien escribió la música original para Pinocho verde y debuta aquí como actor de teatro infantil.

“Al escuchar una voz tan dulce como la de Max y una caracterización tan especial, de inmediato pensé que debía hacer algo para niños”, explica Trovato. La música fue compuesta por Goldenberg con base en las sensaciones que la guionista le transmitió al conocer los escenarios que aparecen en Pinocho verde.

El espectáculo tiene por objetivo desarrollar en los niños un sentido de pertenencia a la belleza natural de Costa Rica; por ello, la historia enfatiza los hermosos escena-rios que surgen del calor de Guanacaste, más que en los problemas ambientales de los que intenta escapar esta provincia.

En sus aventuras por Italia, el dilema del Pinocho fue decidirse entre ser títere o niño. El dilema de este Pinocho “tropicalizado”, en sus aventuras por la pampa guanacasteca, radica en volver a su esencia de árbol o continuar como un niño de madera consciente de la importancia de la naturaleza.

Esta es la primera vez que Simona escribe para niños. Ella se dedica a la cuentería y su personaje infantil es una ratona cuentacuentos llamada Pancita. Sin embargo, las historias que interpreta son ajenas. Es también la primera vez que Max compone música para niños.

Notas de madera. El proceso de composición de las canciones duró unos dos meses. El cantautor guanacasteco confiesa que tiene facilidad para crear música; sin embargo, el componer letras para los pequeños se le dificultó. “Creo que al final hicimos un trabajo que vale la pena escuchar”, afirma Max Goldenberg.

“Hacía años que pensaba que hay necesidad de crear música costarricense para niños. Lo intenté en el pasado, pero me falló la trompeta. Simona me propuso que realizáramos el proyecto; el cantar para los niños y el concientizar sobre la naturaleza eran inquietudes que yo siempre tuve. Acepté de inmediato”, cuenta Goldenberg.

“Para mí ha sido un honor trabajar con Max pues ha sido como mi verdadero viaje a Costa Rica. Él es un personaje y está impregnado de la esencia y de las historias de este país. Ha sido una gran inspiración trabajar con semejante maestro y semejante ser humano”, añade Trovato.

Las canciones de Max Goldenberg transmiten pasión y están cargadas de crítica social hacia los peligros que corren los ecosistemas y muchas especies.

For sale, por ejemplo, es una melodía dedicada a la tortuga baula y al establecimiento de hoteles cerca de las zonas de desove en las playas. Su letra transmite sabor guanacasteco en cada sílaba y el dolor de una tierra que llora por sus carencias:

“Con luces y construcciones, / nos tienen desorientadas; / por favor, no pongan trabas / a las grandes arribadas. / Antes, la gente cuidaba / y había muchos animales; / ahora está todo plagado / de ese rótulo For sale”.

La puesta en escena tiene características que la hacen única: entra por los poros y aviva los cinco sentidos del espectador. Canto, títeres, actuación, ilustraciones e interacción con el público se fusionan en Pinocho verde para dejar huella y abrir un espacio a la conservación en las cabecitas de su público.

Ilustrar la conciencia. “Es interesante ver cómo Simona integró los cuentos de su cultura italiana con su amor por la naturaleza y las experiencias que ella ha vivido en Costa Rica. Por esto me involucré con la obra: me enamoró”, afirma la artista Ruth Angulo.

Ella es parte del equipo de ilustradores que elaboraron la propuesta gráfica para Pinocho verde. Contó con el apoyo de los coloristas Tatiana Soto y Raúl Angulo, de Casa Garabato. Ruth se encargó de los bocetos y la dirección artística.

El aporte gráfico consta de diez ilustraciones elaboradas en computadora que expresan una preocupación por el ambiente: aparecen escenarios como el manglar, la playa, el río, la montaña y el pueblo. El propósito es que los niños puedan identificar las especies de la flora y de la fauna.

Guanacaste toma las tablas y se convierte en el escenario de la obra: hay un punto en la historia original en el que Pinocho se encuentra con su padre, Geppetto, en el estómago de una ballena.

La guionista hace que los personajes “desemballenen” en el golfo de Nicoya pues aquí realmente arriban los tiburones ballena.

Santa Cruz, Tamarindo, Ostional y Nicoya son algunos de los escenarios que el personaje visita. En su recorrido, la marioneta se pierde gracias a “las famosas direcciones de Costa Rica” y se acerca a la naturaleza. Por medio de los personajes que encuentra, Pinocho conoce los problemas y las frustraciones que se sufren por el deterioro ambiental de las costas.

La obra se dirige a niños mayores de 5 años y dura 45 minutos. Junto a Pinocho, los chicos repasarán el calentamiento mundial, la extinción de los manglares, la contaminación del agua, el desove de tortugas y las técnicas de reciclaje en un espectáculo que los hará interactuar y aprender.