2 noviembre, 2011
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¿Qué sucede cuando el arte se mete en las cárceles? ¿Cuál es el efecto que producen la danza, el teatro y la música en los privados de libertad? Todas estas preguntas encontrarán respuesta durante el primer congreso Artes escénicas y visuales para el empoderamiento de los derechos humanos de los privados y exprivados de libertad 2011.

La actividad se realizará en nuestro país, del 8 al 11 de noviembre, en el Museo de Arte Costarricense, el Teatro de la Danza (ubicado en el Centro Nacional de Cultura), el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, la sala Enrique Acuña (en el Museo Calderón Guardia), el Centro Cultural de España y en los centros penitenciarios La Reforma, Zurquí y Buen Pastor.

En este encuentro, organizado por la agrupación Signos Teatro Danza, participarán expertos en el trabajo con personas en prisión, como el escritor ecuatoriano Luis Ángel Saavedra y su compatriota, el fotógrafo Jimmy Coronado; la periodista española Elisa Collados; la educadora uruguaya Melissa Zunino y el conferencista italiano Andrea Calvi.

También dirán presente los actores Hannah Borboleta (México), Vicente Concilio (Brasil), Cristina Cobaleda y Elena Cánovas (ambas de España).

Estas dos últimas invitadas son integrantes del grupo Teatro Yeses; ambas tienen una historia interesante para compartir, pues Cánovas trabajó para el sistema penitenciario de España, y Cobaleda fue una de las internas donde Elena trabajó. Ahora esta dupla comparte sus experiencias en escena por medio de su compañía.

Por Costa Rica, la lista de participantes es extensa; en ella figuran 16 expositores, como la artista plástica Florencia Urbina; el bailarín Antonio Corrales y la coreógrafa Valentina Marenco, entre otros.

Acerquémonos. Según explicó Ofir León, directora de Signos Teatro Danza, el objetivo principal de este encuentro es sensibilizar al público sobre los derechos de los privados de libertad y, a su vez, mostrar el trabajo artístico que se hace en las prisiones ticas.

Además, una de las grandes metas es proporcionarles a los internos de estas instituciones las herramientas suficientes para desarrollar sus propias iniciativas, o bien, para involucrarse en los grupos que ya existen en sus cárceles.

“Este espacio (el encuentro) es importantísimo. No podemos pensar que en Costa Rica hay cárceles solo para llenarlas de gente; en ellas tiene que haber un acompañamiento donde se analicen los derechos de las personas y espacios que les den a los internos la posibilidad de recapacitar” manifestó Ofir León.