Emily A. Maguire. 22 febrero
'Protocolo Roslin' es publicado por la Editorial Costa Rica y tiene 132 páginas. Cada ejemplar se vende en ¢5.000. Fotografía: Editorial Costa Rica.
'Protocolo Roslin' es publicado por la Editorial Costa Rica y tiene 132 páginas. Cada ejemplar se vende en ¢5.000. Fotografía: Editorial Costa Rica.

Según el escritor estadounidense Samuel Delany, la ciencia ficción se define por la manera en que describe –con verisimilitud– una realidad que todavía “no ha pasado”. En otras palabras, lo que distingue la ciencia ficción de otros géneros es la forma en que se posiciona, como técnica narrativa, dentro de un futuro-posible, imaginando escenarios y mundos enteros que no existen, pero que podrían existir.

Los ochos relatos que componen Protocolo Roslin cumplen indudablemente con esta definición. Lo notable de estas narrativas, sin embargo, es la manera en que los mundos alternativos que se imaginan reflejan los acontecimientos, tendencias, y preocupaciones de nuestro mundo actual.

El calentamiento global, el uso de cámaras corporales y drones para mantener el control social, la transexualidad y la inteligencia artificial dentro del espacio doméstico: todos estos son algunos de los temas vigentes que los cuentos de esta colección exploran, aunque lo hacen dentro de escenarios futuristas.

Como se puede observar en esta lista de temas, los escritores de estas narrativas no se limitan a construir universos estrechamente costarricenses. Incluso cuando no tienen lugar en planetas o sistemas solares lejanos, los relatos de Protocolo Roslin retratan mundos futuros altamente globalizados e interconectados, donde los viejos modelos poscoloniales de centro y periferia ya no funcionan, y donde América Latina está a la vanguardia del desarrollo tecnológico.

Carla Pravisani escribió 'AB1234567890' que es uno de los relatos más innovadores del volumen debido a la estructura narrativa. Fotografía: Diana Méndez.
Carla Pravisani escribió 'AB1234567890' que es uno de los relatos más innovadores del volumen debido a la estructura narrativa. Fotografía: Diana Méndez.

Todos los cuentos de Protocolo Roslin tienen que ver de un modo u otro con la intersección de los protocolos tecnológicos y sociales y con los conflictos consecuentes. Las historias de la colección indagan no solo el futuro de la tecnología, sino también cómo las tecnologías futuras podrían afectar y hasta alterar los protocolos humanos, ya sean estructuras sociales o relaciones afectivas.

Aun cuando los cuentos se enfocan más en la relación entre seres humanos y robots o extraterrestres, también exploran las implicaciones psicológicas y emocionales de estas relaciones.

Se podría decir que son narrativas poshumanistas, en el sentido de que ilustran la compenetración de la humanidad y la tecnología, y de la forma en cómo exploran la subjetividad de individuos que no son necesariamente seres humanos desde un punto de vista biológico. A pesar de las nuevas condiciones sociológicas y tecnológicas, en los mundos futuros que estos cuentos imaginan, las relaciones sociales siguen teniendo una función clave.

El primer cuento del volumen, El enhebrador dimensional de Laura Fuentes Belgrave, juega con el cambio de perspectiva que puede producir la separación entre un punto de vista científico-racional y un punto de vista afectivo. La división entre lo que sucede dentro de la mente humana y la realidad vista desde afuera le da forma al resto del relato.

Protocolo Roslin, de Daniel Garro Sánchez, el cuento que da título a la antología, nos hace cuestionar lo que sabemos de la relación entre lo humano y lo poshumano, y cuestiona el sentido de la vida, además de explorar algunas de las áreas grises de las leyes de la programación robótica de Isaac Asimov.

'Sutil es el verdugo', de Uriel Quesada, es uno de los pocos textos de la colección que tiene lugar en Costa Rica. Fotografía: Juan Carlos Rodríguez.
'Sutil es el verdugo', de Uriel Quesada, es uno de los pocos textos de la colección que tiene lugar en Costa Rica. Fotografía: Juan Carlos Rodríguez.

Aunque tiene que ver con extraterrestres y no con robots, El guardián del museo, de Rafael Ángel Herrera también explora la subjetividad del no-humano. Tanto la gracia como el misterio del cuento surgen del contraste entre el carácter de la voz narrativa –ansiosa, fumadora, un poco obsesiva– y la vida curiosa que alega haber llevado.

Marx de los Sargazos, de Iván Molina Jiménez, comienza como una narrativa detectivesca, que a veces genera más preguntas que respuestas. Sin embargo, se pueden rastrear otras interpretaciones también: un Marx cuya teoría es complicada por el “mar” que lo rodea, una historia que tiene más niveles de sentido de lo que aparenta tener.

AB1234567890, de Carla Pravisani, es tal vez el relato más innovador del volumen en cuanto a la estructura narrativa. El cuento está compuesto por fragmentos de varios tipos de documentos: reportajes periodísticos, anuncios promocionales, trozos de texto enviados desde el teléfono de un narrador anónimo. En términos generales, Pravisani narra un momento futuro en que se ha alcanzado la “fusión” de la literatura y la ciencia.

Sutil es el verdugo, de Uriel Quesada, es uno de los pocos relatos de la colección que tiene lugar en Costa Rica, pero el ambiente altamente urbano y tecnologizado que presenta el cuento muestra un país más parecido a Brasil o a Japón. La historia parte de un fenómeno contemporáneo: la adopción de cámaras corporales por la policía para documentar sus propias acciones.

'La espera', de Anacrsitina Rossi, es el último cuento del libro. Fotografía: Gabriela Téllez.
'La espera', de Anacrsitina Rossi, es el último cuento del libro. Fotografía: Gabriela Téllez.

Asistencia doméstica, de Laura Quijano Vicenzi, es otro cuento que examina cómo los cambios tecnológicos son capaces de modificar las dinámicas familiares, al considerar cómo los androides se adaptan al ambiente del hogar y esa incorporación revela aspectos escondidos de la historia de la familia.

La esperada de Anacristina Rossi, el último cuento del volumen, comienza de una manera digna de la ciencia ficción erótica y concluye con un mensaje fuertemente ambientalista, que imagina cómo el planeta puede llegar a regenerarse.

A través de sus futuros imaginados, los ocho cuentos de Protocolo Roslin ofrecen un comentario indirecto sobre los problemas confrontados por nuestro mundo actual, incluyendo la degradación medioambiental, los usos y abusos de la tecnología y las posibles funciones de las vacunas.

Las historias de este volumen juegan con la construcción de escenarios posibles en respuesta a estos y otros temas vigentes. Nos recuerdan así que la mejor ciencia ficción puede expandir nuestra visión del presente a la vez que nos lleva a mundos completamente imaginarios.

Aun cuando se trata de inteligencias artificiales o de mundos lejanos, en el fondo, los cuentos de esta antología exploran –de manera sofisticada y provocadora– las distintas dimensiones de lo que significa ser humano en las primeras décadas del siglo XXI.

*Emily A. Maguire es profesora asociada de Literatura Latinoamericana y Caribeña en Northwestern University.