Áncora

La entrañable amistad entre Lilia Ramos y Lara Ríos

La autora de ‘Pantalones cortos’ y ‘Algodón de azúcar’ habla acerca de la relación que tuvo con su querida Talita y condimenta el relato con algunas anécdotas

Hubo una reunión de escritores de literatura infantil en el Teatro Variedades y yo me quedé a la entrada, frente a un telón de pana color vino, esperando que alguien me invitara a pasar, pues me sentía como gallina en patio ajeno. Una que otra persona salía, me miraba, sonreía y volvía a entrar. Finalmente, me devolví a mi casa, molesta con mi timidez.

Cuando escribí mi primer libro, Algodón de azúcar, poemario premiado en el Concurso Carmen Lyra en 1975, promovido por la Editorial Costa Rica, supe que el jurado había sido constituido por Emma Gamboa, Lilia Ramos y Carlos Luis Sáenz. No conocía a ninguno de los tres y me sentía desamparada en el mundo de las letras.

Meses después se convocó a otra reunión de escritores de literatura infantil y yo, con mi premio, me sentí parte del grupo.

Allí conocí a Lilia Ramos, que me habló muy cariñosamente y me despertó una gran admiración por su inteligencia y sabiduría. Terminé llamándola Talila.

Conocí también a Carlos Luis Sáenz y a su esposa Adela Ferreto; a Alfonso Chase y a muchos escritores más. Fue ese día que les propuse fundar el Instituto de Literatura Infantil y Juvenil, y todos aplaudieron la idea.

Desde entonces fui amiga de Lilia Ramos y ella fue mi mentora. Asistía con frecuencia a sus charlas y conferencias que eran magistrales.

“Aprovéchenme”, nos decía al grupo de sus amigas y a los del Instituto. “Yo no les voy a durar 100 años, pero les ofrezco mis charlas cuando se reúnan”.

El estadounidense Richard Ford guardaba sus escritos en el congelador, para protegerlos de un incendio. Talila metía los libros en el horno porque no le gustaba cocinar. Cosas de escritores.

La invitaba a casa a almorzar, una vez por semana; le gustaba conversar y pedir opiniones a mis hijos adolescentes sobre temas de interés de la vida. Para ella era muy importante permitirles a los jóvenes tener parte en el proceso para fortalecer su personalidad. Yo luchaba en esos momentos con el pelo largo de mis hijos, pero ella no le daba importancia a esas cosas insignificantes. “Son buenos muchachos”, me decía.

El robo de los libros

Un día, quise que ella leyera lo que llevaba avanzado –en hojas manuscritas– de mi libro Verano de colores. Después de unos días, me llamó y me dijo que pasara a recogerlo, que ya lo había corregido. Me dijo, también, que me iba a prestar Los diarios de Anaïs Nin, eso sí que se los cuidara, porque varios estaban autografiados. Hoy día están condensados en uno o dos tomos, pero en ese momento lo que Talila me ofrecía era una colección de 12 libros. Le prometí devolvérselos pronto y cuidárselos mucho.

Salí de su casa con una canastita con los libros de Anaïs y la mitad de Verano de colores, y me fui a cumplir con un muerto, a Santa Teresita, donde le hacían su novenario. Yo manejaba un jeep Land Rover y, cuando regresé de la iglesia, me habían roto un vidrio y se habían llevado la canasta.

Abrí el carro y me puse a llorar como la Magdalena. ¡Los libros de Talila! ¡Mi libro, semanas de trabajo! No pude dormir esa noche.

Al día siguiente, me fui de una librería a la otra y pude conseguir 11 ejemplares pero me faltaba el número 10, que no pude encontrar en ninguna parte.

Llegué donde Talila como perro regañado y tartamudeando, le conté la tragedia griega.

“No se preocupe, Larita, eso no es nada, si ya me los trajo de vuelta”. Como es de suponer, no leí ni uno. Y menos cuando supe que se llamaba la autora, Angela Anaïs Juana Antolina Rosa Edelmira Nin Culmell.

La mala salud de Talila coincidió con la apertura de Ediciones Farben y se decidió imprimir dos libros para comenzar: Almófar, hidalgo y aventurero, de Lilia Ramos y Algodón de azúcar, de Lara Ríos. Almófar iba a ser editado así: 100 libros en pasta dura, que se venderían caros para recoger dinero para la enfermedad de Lilia, y 1000 ejemplares con buen papel, en ediciones bellamente ilustradas por Vicky Ramos. Muy enferma logró ver la edición terminada y ayudó en el hospital a vender sus libros.

*La autora ha escrito textos de literatura infantil como ‘Pantalones cortos’, ‘Verano de colores’, ‘Pantalones largos’ o ‘Mo’. Es miembro de número de la Academia Costarricense de la Lengua.

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