Doriam Díaz. 31 agosto
Gonzalo Castellón es abogado, cantante y escritor. Foto: Eyleen Vargas/Archivo LN.
Gonzalo Castellón es abogado, cantante y escritor. Foto: Eyleen Vargas/Archivo LN.

Al servicio de la ópera ha puesto su voz, inquietudes, investigaciones y artículos; por ello, el cantante y abogado Gonzalo Castellón llegó a la Feria Internacional del Libro en Costa Rica con un ensayo acerca de este género artístico titulado La obra de arte imposible y otra vidas menores.

Sin duda, esta publicación es resultado de su pasión por la ópera (él afirma que es “su vida”). El texto trata acerca de la emoción que genera la ópera como expresión artística, así como el canto como un fenómeno transformador.

El libro ofrece un recorrido por el nacimiento, evolución y consolidación de la ópera en el mundo, así como reflexiones más filosóficas acerca de la obra de arte.

Como parte de este trabajo se incluyen las versiones ampliadas de artículos que Castellón ha publicado, durante 12 años, en el suplemento cultural Áncora de La Nación, los cuales desarrollan historias de cantantes y personajes míticos.

Hablamos con Castellón sobre este trabajo y su pasión e ideas sobre la ópera.

–Este ensayo estético está titulado La obra de arte imposible y habla acerca de la evolución de la ópera en el mundo. ¿En qué aspectos radica esa imposibilidad que le da nombre a este texto?

–El nombre La obra de arte imposible proviene del texto alemán de Oskar Bie, que así denomina a la disciplina que envuelve canto, música, drama, actuación, vestuario, efectos, tramoya, ambientación y otras actividades de menor rango. El libro del autor alemán Oskar Bie, Die Paradoxie der Oper, identifica a la ópera, no como obra de arte total, expresión netamente wagneriana, sino de arte imposible. Por supuesto que no reclamamos como propio dicho contexto, así como tampoco suscribimos la alusión wagneriana. Simplemente quisimos contextualizar los diferentes criterios –extremos algunos de ellos– acerca del fenómeno operístico y sus repercusiones.

–Reúne artículos que ha publicado en Áncora durante 12 años sobre ópera. ¿Cuál ha sido su norte y cuál su aliciente al realizar esta labor tenaz y apasionada durante más de una década?

–En realidad, el proceso es al revés. Los artículos fueron surgiendo, como producto de inquietudes disímiles o historias particulares que fueron surgiendo durante muchos años. Al cabo del tiempo, procedí a reestudiarlos o valorarlos y encontré un raro denominador común en todos ellos: la génesis y la omnipresencia del mito. La definición de mito es la que suscriben autores como Mircea Eliade, Theodor Adorno, o George Steiner, sobre cuyas opiniones desarrollé ese fenómeno común que empieza en la figura de Orfeo. De tal manera el mito de Orfeo y su inextinguible amor por la ninfa Eurídice, aparece reseñado en múltiples obras operísticas y mantiene una constante a través del llamado canto órfico, al borde mismo de una religión particular.

“Aludimos expresamente a las épocas en las que el canto poseía el poder de permear la realidad, cambiar el mundo físico y ascender a las estrellas”.

–Al revisar este conjunto de publicaciones, ¿qué certezas encontró? ¿Qué lo dejó satisfecho y cuáles son vacíos que le gustaría llenar en el futuro?

–Que todo desemboca en el mismo lugar, al mejor estilo de la fábula (utilizada por Verne en algunos de sus libros) en la que el hombre camina sin descanso, para terminar siempre en el mismo lugar. El mito de María Callas adquiere tal condición a través del efecto enloquecedor que su canto producía en sus fanáticos. Otro tanto, podríamos mencionar de Giuseppe Di Stefano, Luciano Pavarotti o Mario Lanza, todos ejemplos utilizados en el libro. Otro caso de abierto interés lo constituye el barítono americano Leonard Warren, que murió sobre el escenario del viejo Met, luego de pronunciar la terrible frase de La Forza del Destino de Verdi: Morir… tremenda cosa!

Libro
Libro "La obra de arte imposible y otras vidas menores", de Gonzalo Castellón.

–Usted ha sido cantante, director de la Compañía Lírica, crítico y estudioso de la ópera. Tras tantos años con ella y formas de acercamiento, ¿en qué se le ha convertido la ópera?

–La ópera es mi razón de vida, sin excluir otras formas disímiles de canto, como el Lied alemán o la mélodie francesa. Propugno entonces un canto órfico, que se base en la belleza de la obra de arte y en su capacidad para cambiar el entorno. Ya no se trata del canto de las sirenas o de la capacidad de conmover a los dioses del inframundo, sino de permear la propia capacidad de los gobernantes, o sus intereses políticos, y de tal manera orientar el mundo hacia la paz. Creo que después de tantos años de lucha en pro del arte lírico como fenómeno, he terminado por concluir que no existe un criterio individual para juzgarlo. No es lo mismo la tradición wagneriana del Festpielhaus de Bayreuth que la no tan tradicional esfera del Met neoyorquino, pero todos pueden ser válidos, aún pasando por encima de criterios modernos para el montaje de las óperas. Ello constituye una discusión estética que aparenta no tener fin. ¿Queremos la ópera tradicionalmente desarrollada, o permitimos la innovación subjetiva de artistas de la talla de Stefano Poda? Por ello expresamente, le pedí a Stefano, con quien mantengo una enorme amistad luego de haber trabajado tantas veces juntos, que prologara mi obra. Poda y Montresor son la línea innovadora del arte operístico, que concentra la actividad en el efecto general que percibe el público, a través de un metalenguaje que cada quien percibe de manera diferente. Por ello, la idea de un arte total permanece en constante discusión

–¿Por qué cuesta tanto hacer ópera en Costa Rica? ¿Qué sobresale en el panorama actual?

–Es obvio que asistimos a la génesis de una interesante generación de cantantes. Los maestros como Oscar Scaglioni (a quien dediqué el libro), Claudio Brenes, Julia Araya o Romas Joneliusktis ya no están con nosotros. Se hace necesario, en consecuencia, que la praxis docente se reoriente hacia una intervención estatal: la creación de una Escuela Superior de Arte Lírico, por la que tanto Enrique Granados como un servidor, hemos propugnado. A nada conduce mantener un presupuesto exiguo, que se emplea en un montaje anual con cantantes extranjeros. Es indispensable pensar en la formación total del cantante costarricense.

–¿Hacia dónde lo conducen sus intereses en los textos que está escribiendo y que planea escribir?

–Creo que en este momento le toca nuevamente a la narrativa y, en especial al otro aspecto de mi desarrollo vital. Por ello, estoy en proceso de elaborar una novela que enfrente mi práctica judicial y académica en el Derecho Penal. Me apasiona la novela policíaca, que posea a la vez un contenido moral y estético, al mejor estilo de Thomas de Quincey, Robert Louis Stevenson, G. K. Chesterton, o Stefan Zweig; pero que también posea la erudición histórica o filosófica de Umberto Eco, para procesar todo el material narrativo que en ella se incorpora.

A la venta

La obra de arte imposible y otras vidas menores se vende en la Feria Internacional del Libro a ¢12.000 (precio ferial) en el puesto del Grupo Yolanda Oreamuno, del cual Gonzalo Castellón forma parte.

Después de esta actividad, la publicación estará a disposición del público en la Librería Andante, en la Librería Universitaria y en Libros Duluoz, sin perjuicio de otras alternativas de mayor difusión.