Áncora

América Latina en su literatura, a partir de la mirada de Michi Strausfeld

Esta escritora alemana, en un análisis de textos, construye la historia de Latinoamérica de una forma amena. Además, es conocida por impulsar en su país la literatura de nuestra región.

Michi Strausfeld es alemana, crítica, editora y una entusiasta estudiosa de la literatura latinoamericana. Esta pasión la llevó a viajar por los distintos países del continente, sumergirse en sus bibliotecas y entrevistar a varios de los más destacados escritores latinoamericanos del siglo XX que, dicho sea de paso, fue el siglo en el cual esta literatura alcanzó sus niveles más altos en cuanto a calidad artística y reconocimiento mundial.

En enero de este año salió publicado en español su libro Mariposas amarillas y los señores dictadores. América Latina narra su historia, en cuyas casi 600 páginas la autora realiza un recorrido por la historia de América Latina leída y comprendida principalmente en sus novelas, aunque también hace referencia a algunas crónicas, poemas y ensayos. Desde la conquista española hasta las guerras del narcotráfico contemporáneas, Strausfeld revisa los acontecimientos políticos más determinantes del continente por medio de un análisis de textos literarios que son pensados siempre en relación con el contexto social que estas obras nos cuentan y en ocasiones, con el contexto social en el cual estas obras surgieron.

En un artículo reciente sobre este libro, Mario Vargas Llosa dice sobre Michi Strausfeld que es “una crítica y editora latinoamericanista que ha hecho por la difusión de la literatura de América Latina en Alemania más que todas las universidades juntas de su país.”

El lenguaje de este texto colabora mucho en esa tarea de difusión, ya que se sale del claustro académico para volverse accesible y ameno para todos los lectores que nos interesamos por la literatura latinoamericana. Sumado a esto la autora intercala entre los capítulos del libro semblanzas de algunos autores que son el resultado de sus experiencias con ellos y, en algunos casos, de su amistad con ellos. De esa manera aparece Carlos Fuentes diciendo que su casa es el mundo, Isabel Allende en San Francisco, Joao Ubaldo Ribeiro en Brasil, Gabriel García Márquez en Barcelona, Augusto Roa Bastos en Creisy-la-Salle, Mario Vargas Llosa en el Amazonas, Julio Cortázar en París y Elena Poniatowska como princesa polaca.

De Colón a las débiles democracias del siglo XXI

No existe una única vía para viajar al pasado. Con variantes, podemos decir que los historiadores siguen un camino regido por la objetividad, la revisión de fuentes, la pretensión científica y la idea de correspondencia entre lo narrado y lo ocurrido. Por su parte, los novelistas tienen más libertad para mentir con conocimiento de causa, para inventar personajes, tiempos y escenarios.

“Es una crítica y editora latinoamericanista que ha hecho por la difusión de la literatura de América Latina en Alemania más que todas las universidades juntas de su país”

—  Mario Vargas Llosa

No por casualidad afirma Albert Camus que la literatura es la historia fingida, que es otra manera de decir que la literatura miente la vida y, sin embargo, es gracias a las novelas que podemos aproximarnos al corazón de una época, a la mentalidad de un grupo social representado por individuos, por personas hechas de palabras, personas que son personajes y que nos hablan de países cercanos o distantes, de guerras y pasiones, de política y de sexualidad, personajes que en sus diálogos y acciones confrontan nuestras creencias y nos permiten iluminar rincones oscuros de nuestra personalidad.

Michi Strausfeld ha seguido el camino de la literatura para pensar América Latina y sus períodos históricos. Su libro abre un valioso panorama sobre textos canónicos del continente que a su vez son ventanas que nos permiten asomarnos a la conquista española, a la destrucción de Tenochtitlan o a la caída del Imperio incaico, a la civilización maya y a sus vestigios, a los oscuros trescientos años de período colonial español, a las luchas republicanas, a la Revolución mexicana, a la Revolución cubana, a la plaga de dictaduras que ha azotado al continente, a México después de 1968, a las ciudades modernas, al Caribe, a las guerras centroamericanas de finales del siglo pasado, al narcotráfico y a la situación política contemporánea.

Es natural que una pretensión tan ambiciosa encuentre dificultades en el camino, algunos períodos históricos están muy bien relatados y por otros la autora pasa de manera superficial. Lo mismo ocurre con algunos de los libros, a algunos les dedica un análisis más sesudo y a otros apenas los menciona, esto sin perder nunca de vista su objetivo, que es usar los textos literarios para contar la historia del continente.

Estas debilidades, como otras referidas a su idea sobre el compromiso político de los autores, no le restan mérito a la tarea titánica que se propuso, cuyo resultado es un libro que nos lleva a viajar por mares y por islas, por valles y cordilleras, por ciudades y por haciendas, por llanos y por distintas formas de organización política, por intentos de liberación y por imposiciones del poder; y todo esto de la mano de escritores y escritoras que le dieron a la literatura latinoamericana carta de identidad en el mundo.

La autora cierra el libro manifestando su voluntad de encontrar un mejor entendimiento entre Europa y América Latina, expresando su interés por aumentar el conocimiento europeo sobre la cultura latinoamericana, especialmente sobre su literatura. Posiblemente Michi Strausfeld ya haya contribuido mucho con esto y también, su trabajo, leído desde esta orilla del océano, nos estimula a continuar indagando, escribiendo y discutiendo sobre la riqueza de la literatura latinoamericana y sobre la historia que la sostiene.