14 octubre, 2009
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Entre amagos de peleas e intercambio de insultos entre los acusados y el padre de dos de las víctimas terminó ayer el debate en el que el Tribunal de Juicio de Pavas impuso condenas centenarias a dos delincuentes por atacar, la noche del 28 de octubre del 2008, a tres empleadas de un casino.

Por unanimidad, las juezas del Tribunal establecieron una pena de 193 años de cárcel para Christian Mora Cantillano, y de 179 años para su cómplice, Juan Carlos Mena Jiménez.

El plazo en ambos casos se reducirá a 50 años, pues ese es el tope máximo en Costa Rica.

La Fiscalía los acusó de homicidio, tentativa de homicidio, abusos contra persona mayor de edad, violación, robo agravado y privación de libertad en perjuicio de las hermanas Arelis y Yerlin Marín Salazar (esta última falleció), y de su compañera Angie Peraza Fernández.

Las jóvenes sobrevivientes (ambas recibieron disparos a quemarropa) estuvieron ayer presentes durante la lectura del fallo.

Finalizado el debate, custodios del Poder Judicial tuvieron que emplearse a fondo para contener al padre de las hermanas Marín, Carlos. “Asesinos, pendejos”, les gritó mientras eran conducidos a las celdas del edificio de tribunales, en San José.

Mena, por su parte, forcejeó con oficiales de la sección de Cárceles, pero estos impidieron que se acercara al señor.

Manipuladores. La jueza Kattia Jiménez Fernández indicó que al Tribunal no le quedaron dudas de que los homicidas atacaron a las víctimas “en pleno uso de sus facultades mentales”.

A lo largo del debate, la defensora Miriam Bedoya intentó demostrar que Mora y Mena no estaban en sus cabales cuando interceptaron a las víctimas.

Las juezas creyeron más en las víctimas. “No se evidencia en las ofendidas un sentimiento de venganza, sino uno de búsqueda de la justicia”, destacó la jueza Jiménez

La funcionaria explicó que llegaron al convencimiento de que los acusados conservaban íntegras sus capacidades mentales, pese a que estos afirmaron haber bebido esa fatídica noche.

Para sustentar lo dicho, la jueza hizo hincapié en una serie de actuaciones de los sentenciados, tendientes a encubrir sus acciones.

Citó, por ejemplo, que Mena tapó con su mano la cámara del cajero automático en el que retiraron el dinero de una de las víctimas, mientras que Mora utilizó su gorra para abrir la puerta del motel al que fueron llevadas las hermanas Marín.

Para entonces ya habían disparado contra Peraza, a quien dieron por muerta.

La jurista destacó que los hoy sentenciados se raparon el pecho y sus partes íntimas con la intención de no dejar elementos pilosos (vellos) que los delataran.

“Aquí no se trata de que si hubo un plan previo o no. Aquí se trata de que los imputados fueron ejecutando una serie de hechos que, por lo menos, fueron planeados en el curso de la noche.

“Para mala suerte de los imputados y buena suerte de las víctimas, los disparos que le propinaron a Angie (Peraza) en la cabeza y a Arelis (Marín) en el cuello y en la cadera no las privó de su vida. De esa forma, no pudieron eliminar testigos”, enfatizó la jueza.

Más prisión. Los dos individuos seguirán encarcelados, de forma preventiva, hasta el 14 de abril. La sentencia aún no está en firme.

“Estoy satisfecho con la condena, pues la hipótesis del Ministerio Público se logró comprobar totalmente. Nosotros habíamos pedido el máximo de penas”, dijo el fiscal José Cabrera.

Los sujetos fueron absueltos de un delito de violación.