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Panamá y sus relaciones con China

La pretensión de Panamá de convertirse en el ‘brazo comercial chino en América Latina’ no ha servido siquiera para que Pekín abra su mercado a los productos panameños

Carlos Piña es politólogo.
Carlos Piña es internacionalista especializado en la relación entre China y América Latina y colaborador del proyecto Análisis Sínico en www.cadal.org.

En el 2017, seis meses después de formalizar las relaciones diplomáticas con China, el entonces presidente panameño, Juan Carlos Varela, afirmó en Pekín que su país quería ser el “brazo comercial de China para Latinoamérica”. La declaración de intenciones servía para justificar la alianza de Panamá con la autoritaria República Popular, en detrimento de la democrática Taiwán.

Seis años después, el recorrido bilateral, repleto de claroscuros, evidencia la brecha existente entre las buenas intenciones y las acciones. Mientras la relación dibuja una posición de predominio de China, el beneficio de Panamá es tangencial y no ha contribuido al desarrollo del país.

Pekín ha logrado varios de sus objetivos estratégicos. Aisló diplomáticamente a Taiwán y defendió su política de una sola China, a la vez que fortalecía su posición en la Zona Libre de Colón (ZLC), convertida en epicentro para la reexportación y sede regional de 18 empresas chinas. También se aseguró el cobre panameño y avanzó en la construcción de obras de infraestructura, como el cuarto puente sobre el Canal.

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