Esteban Cervantes Jiménez. 4 junio, 2018

Uno de los desafíos más apremiantes para la humanidad es limitar los efectos del cambio climático causado por las actividades humanas. Las transformaciones deben producirse en las estructuras productivas, en los estilos de vida y los costos económicos, ambientales y sociales.

En el modo tradicional de considerar el planeta se impuso tradicionalmente una visión extractiva y una creencia irracional en la existencia de recursos inagotables. Esto ha sido desmentido por el enfoque de desarrollo sostenible: el cual parte de una visión integral del ser humano como parte de la red de interacciones que se dan en la biósfera, lo cual exige responsabilidad de este con su medio. Así, todos debemos modificar nuestras prácticas para cumplir con los ambiciosos objetivos de reducción de gases de efecto invernadero.

Pero la solución no consiste en abandonar la GAM con sus problemas, pues, crecientemente, las soluciones aparecen por doquier

Costa Rica ha afrontado crecientemente las consecuencias del cambio climático, la contaminación y la escasez de recursos, como el hídrico. Aunque el país ha hecho grandes progresos en la recuperación de la cobertura boscosa, la creación de áreas protegidas y la utilización de una matriz de energías limpias en la producción eléctrica, sigue teniendo la factura pendiente de su fuerte dependencia de los combustibles fósiles para mover su creciente parque vehicular.

No obstante, el problema no es en sí mismo la utilización de combustibles fósiles, sino la prevalencia de un modelo urbano expansivo en la Gran Área Metropolitana (GAM) a partir de los años 50 del siglo pasado, asistido por una deficiente planificación y gestión regional.

Dicho modelo, basado en el uso de zonificación rígida y la dependencia del vehículo particular, ha producido un crecimiento desordenado y la suburbanización de la GAM, y ha despojado a las áreas urbanas centrales de gran parte de su población. Áreas que cuentan con una mejor infraestructura y que al proveer a las zonas cada vez más periféricas de servicios adecuados es costoso.

Es irónico, pero también se está produciendo una migración fuerte de actividades comerciales y de oficinas hacia la periferia. Esto se traduce en una GAM congestionada con una infraestructura vial inadecuada, una red de transporte público anticuada y desarticulada, una severa degradación ambiental, la pérdida del patrimonio construido y el tejido urbano, con una segregación espacial que impacta en los índices de desigualdad social del país. Es una ciudad insostenible, ineficiente, que afecta la seguridad y la salud de sus habitantes e incide negativamente en la competitividad del país.

Solución. Pero la solución no consiste en abandonar la GAM con sus problemas, pues, crecientemente, las soluciones aparecen por doquier. Municipalidades, instituciones, empresas privadas y, especialmente, la academia y la sociedad civil, plantean y ponen en operación proyectos exitosos que mejoran la vivencia urbana y enamoran de nuevo a las personas de su ciudad.

Estas iniciativas se basan en nuevos modelos de urbanismo: inclusivos, participativos, integrales, que generan sinergias positivas. En estas iniciativas, los profesionales de diferentes sectores asisten para brindar soluciones a espacios públicos, barrios o comunidades enteras, que los acercan a sus ciudadanos.

Lo más importante es que estos proyectos llevan el paradigma de la sostenibilidad en su ADN, y promueven una nueva cultura y estilos de vida más racionales. Todo esto ha empezado a permear el discurso de los actores políticos, tanto que ya se plantea la materia urbana como uno de los grandes ejes de acción del gobierno.

Este tiene el desafío de atender y revertir los problemas detectados y gestionar la ciudad para el logro de las metas nacionales de sostenibilidad para brindar una mejor calidad de vida a la población.

El V Congreso Internacional de Ciudades Sostenibles mostró que existe amplio consenso sobre el diagnóstico y las soluciones planteadas. Es fundamental que ahora se pase a la acción: coordinada, intersectorial, multidisciplinaria, participativa y regida por criterios de gestión moderna. Una ciudadanía cada vez más consciente y comprometida lo exige.

El autor es arquitecto.