Editorial

Editorial: Niños a las calles

Asombra la falta de escrúpulos de quienes engañan a niños y adolescentes para ponerlos en la primera fila de un esfuerzo desestabilizador dirigido a defender beneficios incosteables. La explotación infantil es abominable tanto en la empresa como en la política. Lo sucedido ayer indigna precisamente por eso.

Asombra la falta de escrúpulos de quienes engañan a niños y adolescentes para ponerlos en la primera fila de un esfuerzo desestabilizador dirigido a defender beneficios incosteables de la aristocracia sindical. Lo mismo cabe decir de los grupos religiosos que vieron una oportunidad para sumarse al caos e introducir, con la misma mendacidad, elementos de su agenda de intolerancia.








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