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Nada de eso es nuevo para mí

La llamada ‘gig economy’ es la evolución del antiguo servicio que prestaban muchachos en bicicletas, sastres y vendedores ambulantes

Está de moda en estos tiempos hablar de la gig economy para referirse a actividades en las cuales la gente, por su propia cuenta, trabaja en empresas como Uber, de outsourcing, que consiste en encargar a terceros la producción de bienes o servicios intermedios o de reciclaje para garantizar la salud del planeta.

Nada de eso es nuevo para mí, pues, como les contaré, “¡ya lo sabía!”, igual que en la canción Un telegrama, de la chilena Monna Bell, nombre artístico de Ana Nora Escobar.

Más o menos por esta época veraniega, cuando la población no llegaba todavía al millón, en San Vicente de Moravia, pueblo tranquilo como muchos otros, donde las casas no tenían rejas y no había teléfono en la mayoría de ellas, ni televisión en blanco y negro, el silbido de un amigo llamaba a la acción, que podía consistir en participar en una mejenga que se estaba organizando en la plaza, ir al limpísimo río Virilla a darse un chapuzón o de paseo en el carro de don Fernando (un rato a pie y otro andando) a San Isidro de Coronado o a San Juan de Tibás.

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