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La subordinación de las mujeres en Texas

Según la ley, una madre que lleva a su hija a una clínica puede ser demandada, pero un violador no, por ejemplo

En 1984, la jueza de la Corte Suprema de Estados Unidos Ruth Bader Ginsburg (1933-2020) dio una conferencia sobre por qué Roe vs. Wade, la decisión de la Corte de 1973 de reconocer un derecho constitucional al aborto, fue una decisión equivocada. El caso, explicó, nunca debió haberse encuadrado como una cuestión de privacidad o de elección reproductiva solamente: el aborto era en el fondo una cuestión de igualdad de género.

Treinta y siete años más tarde, Texas está reconociendo el argumento de Ginsburg en su ley de aborto draconiana y potencialmente transformadora. Si la Corte Suprema respalda la ley —acaba de oír argumentos orales sobre si permitir o no proceder con dos impugnaciones legales—, retrotraerá las relaciones de género a una era que precede la memoria viva de la mayoría de los estadounidenses.

La ley de Texas, Proyecto de Ley del Senado 8 (SB 8), no solo prohíbe el aborto después de seis semanas, también, empodera a los ciudadanos comunes a demandar a cualquiera que colabore con un aborto o lo incite: un empleador cuya paga se utilice para solventarlo, un conductor que lleva a alguien a alguna parte o un padre o pareja que ofrece un hombro donde llorar.

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