El presidente Rodrigo Chaves está fallando en dos elementos vitales de cualquier estrategia de comunicación gubernamental. En la pirotecnia para atraer atención, proyectar imagen, autoafirmarse y alimentar expectativas, ha tenido éxitos. Sin embargo, esta dimensión, casuística y táctica, está erosionando las facetas más necesarias para su gestión sustantiva.
Me refiero, primero, a articular y explicar con claridad una visión coherente de objetivos, metas y métodos de la administración; segundo, partir de ese marco referencial para avanzar en la interacción fluida y la construcción de acuerdos con actores políticos indispensables. Entre ellos, los diputados ocupan lugar preferente. La forma como, el miércoles, el presidente reaccionó contra ocho de ellos que, en comisión, redujeron la partida presupuestaria de intereses y trasladaron esos recursos a otros fines, revela torpeza estratégica.
Sin conocer detalles, tiendo a coincidir con Chaves en que el acuerdo de comisión no fue responsable. Sin embargo, de aquí a denunciar a sus protagonistas con nombres y apellidos hay gran distancia. Y tufo de amenaza. Tal actitud puede generar aplausos entre públicos fieles, pero rechazo entre quienes no lo son y, sobre todo, repudio de los diputados. Los dos resellos a vetos en el curso de ocho días pueden verse como síntomas de esto.
