Columnistas

Divina herencia literaria

El 14 de setiembre se conmemoran los 700 años del fallecimiento de Dante Alighieri, conocido como el Poeta Supremo

Hace un siglo, poca gente sabía leer. Según un censo de 1927, Salitral de Santa Ana contaba con apenas 783 habitantes, y 320 personas de 9 años y más eran analfabetas. En la Edad Media, aun en Europa, la situación era peor, y por eso mucha poesía fue concebida para ser cantada. La obra clásica «la Divina comedia», de Dante Alighieri, fue bellamente estructurada en cien divisiones, llamadas cantos.

Dante, llamado el Poeta Supremo, vivió del 1265 al 1321 en lo que actualmente es Italia, y los 700 años de su fallecimiento se conmemoran el 14 de setiembre. El autor recurrió a una serie de simbolismos para producir una obra difícilmente superable hoy.

La base es el número tres, como en la Santísima Trinidad, y también el diez, que equivale a tres veces tres más uno, que representa la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en un solo Dios. Uno y trino, podríamos decir.

A la obra, inicialmente, Dante quiso llamarla «Comedia», porque, a diferencia de la tragedia, tenía un final feliz y esperanzador, pero Giovanni Boccaccio, al ver el contenido, optó por agregarle un adjetivo y titularla «Divina comedia».

Fue escrita en idioma toscano, matriz del italiano moderno, no en latín, el lenguaje culto. Consta de tres capítulos o libros titulados «Infierno», «Purgatorio» y «Paraíso», cada uno de 33 cantos, que, más el introductorio, suman cien.

Cada canto está compuesto por estrofas de tres versos endecasílabos en «terza rima», estilo que se dice que él inventó. En la «terza rima» (o tercetos) el primer verso de una estrofa rima con el tercero, y el segundo con el primero de la siguiente, para producir una cadena así: aea, eie, ioi, etcétera. En total, la obra consta de 14.233 versos.

El protagonista es el mismo Dante, quien es guiado por el poeta pagano Virgilio, autor de «la Eneida» y, luego, por Beatriz, su amor de juventud, en un viaje imaginario por el infierno («quien entre aquí, abandone toda esperanza») y el purgatorio, lugar donde las almas pueden, si se arrepintieron antes de morir, purificar con penas finitas sus pecados y aspirar al siguiente estadio, el paraíso celestial, la máxima felicidad. Este último, de acuerdo con la obra, consta de nueve cielos, más el empíreo, la sede de Dios.

En el paso por el infierno, el autor recurre a un lenguaje un tanto vulgar; en el purgatorio, a muchas citas bíblicas; y en el paraíso, a himnos litúrgicos.

En «la Divina comedia» se nota la influencia del modelo astronómico de moda en la Edad Media, según el cual la tierra estaba ubicada en el centro de los pocos planetas conocidos (la luna y el sol eran considerados planetas) y de las estrellas fijas; el infierno, creado cuando Lucifer fue expulsado del cielo tras rebelarse contra Dios, estaba situado al fondo de un cono invertido en el centro de la tierra; se creía que las erupciones volcánicas constituían manifestaciones periódicas.

El purgatorio estaba localizado en una montaña de cumbre plana hecha con la tierra sacada para crear el abismo del infierno y en su cima se ubicó el paraíso terrenal, de donde Adán y Eva fueron expulsados. (Ese «lapsus humani generis» llevó a la humanidad a tener que ganarse el pan con el sudor de la frente, a los partos con dolor, a soportar incomodidades, como el frío, la enfermedad y el hambre, que no tenían en el Edén).

En el infierno, Dante encuentra muchos conocidos, amigos y enemigos, quienes habían cometido pecados como la lujuria, la gula, la avaricia, la herejía, el fraude, la hipocresía, la traición. Allí, soportaban penas enormes y eternas.

En el purgatorio, halló los lugares reservados a quienes purgaban la soberbia, la envidia, la ira, entre otros. En los círculos del cielo, vio a sabios y a los mártires de la cristiandad (quienes estuvieron dispuestos a morir en defensa de su fe) y a gobernantes justos, entre otros.

El paraíso celestial estaba compuesto de nueve círculos concéntricos, correspondiente a las nueve agrupaciones angelicales según la clasificación de Pseudo Dionisio Areopagita: ángeles, arcángeles, principados, potestades, virtudes, dominaciones, tronos, querubines y serafines.

Los primeros son los más cercanos a Dios y los últimos, los más cercanos a los seres humanos y, por ende, los más expuestos a la corrupción. La tierra estaba ubicada en el centro de esos nueve círculos. Y arriba, en el centro de ellos, y como un punto fijo y luminoso, figuraba el empíreo, donde Dante, ayudado por la Virgen María, pudo ver la luz de Dios.

En el punto central de esa gran luz, Dante vio tres círculos, correspondientes a las tres personas de la Trinidad, la segunda de las cuales tenía figura humana, signo de Cristo, de naturaleza divina y humana a la vez.

Dante Alighieri también escribió otras obras, participó en política y, por ello, en su ciudad natal, Florencia, fue condenado al exilio perpetuo y a la muerte si era atrapado. Eso lo llevó, con dolor, a emigrar a otras ciudades y a instalarse definitivamente en Rávena, donde murió y fue enterrado el 14 de setiembre de 1321, a la edad de 56 años.

En 1829 se le construyó una bella tumba en la basílica de Santa Cruz, en Florencia, ciudad que lamenta su exilio y lo considera su hijo. Tiene, en la parte frontal, una inscripción que dice: «Honrad al más alto poeta». Pero esa tumba está vacía.

No hay mal que por bien no venga, o al revés. Thomas Carlyle manifestó que la sociedad no debe quejarse de las miserias que Dante Alighieri enfrentó al final de su vida porque, de haber tenido una vida tranquila, perfectamente pudo haber sido alcalde de alguna de las ciudades que conforman Italia o el superior de un monasterio, o lo que se quiera, pero el mundo se habría privado de una de las más destacadas obras habladas o cantadas que atesora.

tvargasm@yahoo.com

El autor es economista.