Salud

Así afectan los no vacunados la batalla contra la covid-19

Sea por dudas, por falta de acceso o por rechazo a este producto, tener población sin protección mantiene al virus con una dinámica muy activa

Un 10% de la población que no se vacune sería suficiente para mantener al SARS-CoV-2, virus causante de la covid-19, circulante e infectando por más tiempo, advirtieron especialistas en Epidemiología y en Matemáticas consultados por La Nación.

Para este momento, el 38,8% de los costarricenses ya recibió las dos inyecciones que conforman el esquema completo de vacunación mientras que 24,6% más tiene su primera dosis y está a la espera de la segunda. Se logró con el empuje de la última semana cuando se aplicó la cifra récord de 406.322 vacunas.

Quedan, sin embargo, miles de personas que por falta de acceso, dudas o reticencia total no han acudido al llamado de las autoridades. En mayo pasado, una encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) estimó que un 13% de la población no estaría dispuesto a recibirla.

“La vacunación me protege individualmente, pero yo protejo a toda la población. La vacunación es un bien colectivo, pero esta solo se da cuando los niveles de vacunación son extremadamente altos. No sirve que unos se vacunen y otros no se vacunen. Esto es un fenómeno de población, no de ciencias médicas“, señaló el matemático Tomás de Camino, director de la Escuela de Sistemas Inteligentes de la Universidad Cenfotec.

En el mismo sentido se pronunció el epidemiólogo Melvin Anchía, al destacar que hay dos formas mediante las cuales las vacunas dan protección: una individual y otra colectiva.

La primera es la que considera la mayoría de la gente a la hora de tomar esta decisión. “Es cuando uno dice: ‘Esto me va a beneficiar a mí porque mi riesgo de enfermarme de gravedad se va a disminuir muchísimo’”, resaltó.

Luis Rosero, demógrafo y salubrista público del Centro Centroamericano de Población de la Universidad de Costa Rica (CCP-UCR), también es del criterio de que la gente opta por vacunarse “de forma egoísta” pensando en ellos, y aunque eso es cierto, el cuadro “es mucho más complejo que nada más bajar su riesgo”.

Para una gran mayoría de los inoculados esto sí es así, pero no para todos. Existen subgrupos en los que, por problemas en su sistema inmunitario o por algún medicamento, su sistema de defensas es menor, por lo que no podrá construir toda la respuesta que las vacunas le ofrecen a quienes sí tienen un sistema inmune funcional.

A esto se debe agregar también a los adultos mayores, que debido al proceso llamado inmunosenescencia, sus defensas responden cada vez menos con el pasar del tiempo. Estas poblaciones son las que más se benefician de las vacunas porque sus defensas están más debilitadas, pero, por la misma razón, no pueden construir tantas defensas una vez inoculados.

Estas poblaciones dependen, además de la protección propia, de la que se genera en otros inoculados.

Vacuna limita posibilidad de infectar

El inocularse contra la covid-19 no genera protección total y aun con esquema completo sí pueden infectarse e infectar a otras personas. Sin embargo, las probabilidades de que un vacunado infecte a otros son mucho menores a que si no lo estuviera.

Craig Spencer, director del Centro de Salud Global en Medicina de Emergencias del Hospital Presbitariano en Nueva York, comentó a la revista The Atlantic que la gran mayoría de quienes infectan no han completado su esquema.

“Si se diera una infección en una persona vacunada, sí, pueden ser infecciosos, pero probablemente lo serán por menos tiempo y podrían contagiar en menor medida. Cada persona vacunada ayuda a limitar la habilidad del virus de esconderse, replicarse y propagarse”, aseveró.

Spencer hace una analogía con el virus como si fuera un automóvil. En los no vacunados el virus circula en alta velocidad y tiene disponibles varias gasolineras. En los vacunados, este “automóvil” se encontrará con un laberinto lleno de calles sin salida. Podría encontrar una ruta de escape, pero solo en algunas ocasiones.

Faltan todavía

La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) desarrolla actualmente el llamado Vacunatón mediante el cual intenta inocular a 500.000 personas mayores de 18 años con primeras dosis en diez días. El evento comenzó el 17 de setiembre y terminará el 26 con horarios extendidos hasta las 7 p. m. entre semana y las 8 p. m. fines de semana. En los primeros cuatro días, entre el viernes y el lunes, se administraron 188.277 fármacos.

En los últimos días, además, la institución ha desarrollado diversas estrategias para llegarle a la población no inoculada: ir casa por casa, llegar a comercios como sodas o pulperías, visitar sitios de trabajo como fincas productoras, y campañas en redes sociales que buscan recordar a las personas la importancia de inmunizarse contra el virus.

Rosero teme que llegue el momento en que no se pueda vacunar a más individuos, porque los que falten no quieren. Sin embargo, no es hoy, pues todavía queda población vacunable que sí está anuente a inocularse y por algún motivo no lo ha hecho, además de personas que están indecisas y se irán convenciendo.

Se les suman quienes tienen cierta desconfianza al biológico desarrollado por la farmacéutica AstraZeneca y Universidad de Oxford, que podría disuadir a algún sector poblacional.

“Esto es algo que era esperable. No sabemos en qué momento o a qué nivel íbamos a topar con muro y no íbamos a avanzar más en la vacunación de primeras dosis. Nos estancaríamos. Hay personas que no han tenido acceso y otras que se han dejado llevar por desinformación y toca hacer campañas informativas”, agregó.

Para el epidemiólogo Juan José Romero es “una curva de rendimiento”. Al principio, señaló, la curva sube lentamente y después sube más rápido y después la velocidad de subida comienza a decrecer hasta que se toca un techo. Cada vez se crece menos.

“Al principio era poca gente la que se vacunaba porque eran pocas dosis. Después las campañas subieron muy rápido y ya hay un porcentaje grande de personas que no va a vacunarse porque ya está vacunada, entonces queda ir en busca de quienes no”, explicó.

Para ambos profesionales, el trabajo en pos de quienes aún no cuentan con una sola dosis es más complejo y meticuloso, porque significa ir a los lugares de difícil acceso, tomarse el tiempo para aclarar dudas de los indecisos, hablar con las empresas para que otorguen permisos a sus trabajadores y facilitar los procesos a los migrantes, entre otros mecanismos.

Inmunidad rebaño

Romero consideró que el mal manejado concepto de la inmunidad de rebaño también hace que algunas personas no acudan a los vacunatorios: “mucha gente se confía de que ya otros se vacunaron, entonces dicen ‘¿para qué me vacuno yo si ya hay mucha gente vacunada?’ Se creen protegidos por esas personas”.

“La inmunidad de rebaño como muchos la imaginan no existe. Yo puedo morir tres veces y no va a llegar”, especificó.

De Camino insistió en que la protección colectiva necesita niveles muy altos de vacunación con los que Costa Rica no cuenta en este momento. “Eso sucede solo cuando los niveles de vacunación son extremadamente altos. La enfermedad no se va a ir del todo, pero sí se tendrá un nivel de protección cruzada para evitar complicaciones”.

Romero coincidió al afirmar que en el momento en el 60% de los habitantes tengan dos dosis y otro 25%, una dosis, las hospitalizaciones se van a reducir sustancialmente. “Y no estamos tan lejos de eso. El efecto colectivo en reducción de hospitalizaciones y muertes podría verse en unos dos meses”, expresó.

El peligro del rechazo

Para los especialistas, cada rechazo podría repercutir a nivel colectivo. “Es terrible. Es un problema muy grave que impedirá llegar a algo parecido a inmunidad colectiva. También nos afecta a personas que, como yo mismo, dependemos de que todo el mundo se vacune. Posiblemente los mensajes no han sido claros en eso.

“Esto no se va a ver ya. Se podrá ver en unos meses. Si no se logra romper el muro nos toparemos con un tope que no nos deje avanzar. Si topamos con un 70% con dos dosis, es un problema porque no eso no es suficiente para tener una protección más colectiva”, dijo Rosero.

De Camino también advirtió de que si la inmunidad de rebaño se logra con un 95% o 98% se está en problemas. “No es un ‘ya casi llegamos y tenemos un poquito’. No eso no sucede así. Se tiene que llegar a este punto. Antes no funciona”, dijo.

Para los entrevistados, esto también pasa por la percepción de riesgo de cada individuo. Si alguien no percibe la vacuna como necesaria estará más reticente a obtenerla, aunque a la larga, todos los habitantes se vean afectados.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.