Carlos Rubio/carlos.rubio@ucr.ac.cr. 20 septiembre
Un retrato de la escritora recibía a la niñez. Foto: Graciela Pellizari.
Un retrato de la escritora recibía a la niñez. Foto: Graciela Pellizari.

Miles de niños encontraron un sitio para disfrutar de la lectura y las artes. Se trataba de la Biblioteca Infantil Carmen Lyra, ubicada en el sótano del quiosco del Parque Central de San José. Fue una institución inaugurada en 1971 que mantuvo abiertas sus puertas, en ese sitio, hasta 1993.

Hoy, gracias a unas fotografías tomadas, en 1980, por la profesora Graciela Pellizari, presidenta de la Academia Argentina de Literatura Infantil, es posible reflexionar sobre la trascendencia de ese proyecto de la municipalidad capitalina.

Razones para un nombre

Carmen Lyra no solo fue escritora, educadora y lideresa política. Junto con Joaquín García Monge, fue propulsora del concepto de bibliotecas infantiles en el país. En la Escuela Normal de Costa Rica, institución formadora de maestros, fundada en Heredia en 1914, se desempeñó como profesora en la Cátedra de Literatura Infantil. Entre sus prácticas se encontraba la “Hora del Cuento”. Periódicamente, estudiantes y profesores de la talla intelectual de Omar Dengo, Carlos Luis Sáenz o Adela Ferreto, leían cuentos a la niñez herediana.

Evocación de Los cuentos de mi tía Panchita, editado por el Ministerio de Cultura en 1975. Fotografía Graciela Pellizari.
Evocación de Los cuentos de mi tía Panchita, editado por el Ministerio de Cultura en 1975. Fotografía Graciela Pellizari.

También Carmen Lyra fue fundadora, directora y maestra de la Escuela Maternal de Costa Rica, centro pionero de la educación preescolar, fundado en abril de 1925, en una casona de madera, ubicada detrás del Edificio Metálico. En el “Inventario de libros” de esa institución, realizado por Emilia Prieto, se mencionan varias obras de literatura infantil, la mayoría en inglés y francés, pues debe recordarse que Carmen Lyra dominaba esas lenguas. Se debe señalar que en ese mismo listado de libros se mencionan los títulos For he Story Teller (Para el narrador de cuentos, de autor desconocido) y Comment Raconter des Histories aux Enfants, que posiblemente se trata del célebre texto El arte de contar cuentos de Sara C. Bryant, y así se vislumbra la importancia que esta educadora otorgaba al arte de narrar cuentos a la niñez.

Joaquín García Monge también consideró que las jóvenes generaciones debía conocer literatura de alta calidad. Durante su gestión, como director de la Biblioteca Nacional, entre 1920 y 1936 estableció, con la ayuda de Carmen Lyra, una sección para la niñez. En ese edificio, que alguna vez existió en la Avenida Primera de nuestra capital, se organizó un sitio con obras literarias para los más pequeños. Lamentablemente, no se registra el año exacto de su fundación, ni datos de la colección, sin embargo, María Pérez Yglesias, expresa que ese lugar fue bautizado como “Biblioteca Infantil” y detalla que Carmen Lyra lo organizó y manejó durante algún tiempo y que allí se instituyó la “Hora Semanal del Cuento” y se procuró estimular, en los niños, el hábito de la lectura.

Exhibidor central de libros, atrás se aprecia el escenario. Foto: Graciela Pellizari.
Exhibidor central de libros, atrás se aprecia el escenario. Foto: Graciela Pellizari.
Década del 70, tiempo de reivindicación

Concluida la Guerra Civil de 1948, Carmen Lyra y otras figuras emblemáticas del Partido Comunista, se vieron obligadas a abandonar Costa Rica. La escritora partió a México y falleció, en ese país, en mayo de 1949. Durante las décadas del cincuenta y sesenta fueron escasas las publicaciones de su obra y su casa de habitación, -ubicada en la avenida 7, entre las calles 3 y 5- fue demolida.

Sin embargo, en la década del 70, poco más de veinte años después de terminada la guerra, se evidenció una reivindicación de su obra y su memoria. En 1972, Luisa González y Carlos Luis Sáenz publicaron una “antología mínima” con cuentos infantiles, escritos para el público adulto y una muestra de su dramaturgia, que dieron a conocer con el título Carmen Lyra, en la serie “¿Quién fue y qué hizo”, con el auspicio del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes. En 1975, Carmen Naranjo, ministra de esa misma cartera, dio a conocer una edición de Los cuentos de mi tía Panchita con el propósito de distribuirla entre bibliotecas rurales.

Y, en 1977, Alfonso Chase puso a disposición del público Relatos escogidos de Carmen Lyra, con el sello de la Editorial Costa Rica, obra que aún en la actualidad es una de las más completas colecciones de la producción literaria y política de esta autora. En ese contexto se abrió la Biblioteca Infantil Carmen Lyra.

El mobiliario se ajustaba a las necesidades de los niños. Foto: Graciela Pellizari.
El mobiliario se ajustaba a las necesidades de los niños. Foto: Graciela Pellizari.
Inauguración de una biblioteca

El actual quiosco del Parque Central de San José fue construido en 1944. Cuenta con un sótano circular sostenido por seis columnas centrales que evoca la figura de una rosa de los vientos.

Allí, la Municipalidad de San José inauguró, el 9 de setiembre de 1971, Día del Niño, la Biblioteca Infantil Carmen Lyra. Explica Alfonso Chase que al acto acudió el Presidente José Figueres Ferrer, quien en su discurso “hizo hincapié en la justicia de los ideales de la maestra y política y dijo que era un acierto que se bautizara una biblioteca infantil con su nombre”, lo cual implica un hecho de amplio significado pues Figueres Ferrer fue el Presidente de la Junta de la Segunda República, en 1948, año en que la escritora tuvo que establecerse en México y permanecer allí hasta su muerte.

Esta biblioteca fue innovadora. El punto central servía como un panóptico del que se podían mirar las portadas de los libros, que generalmente estaban clasificados según las edades de los pequeños usuarios. Sin embargo, no había restricción, cualquier menor podía tomar la obra que fuera de su interés y sentarse a disfrutarla en un mobiliario que se ajustaba a su estatura.

Alrededor de los usuarios estaban libros de alta calidad, clasificados por edades. Foto: Graciela Pellizari.
Alrededor de los usuarios estaban libros de alta calidad, clasificados por edades. Foto: Graciela Pellizari.
Vida cotidiana en la biblioteca

Las fotografías realizadas por la Sra. Pellizari, en 1980, permiten traer a la memoria las prácticas habituales de ese sitio. Se ingresaba al bajar por unas escaleras y se miraba un retrato de Carmen Lyra. En el punto central se hallaba un exhibidor de libros, que evocaba el diseño de las columnas del quiosco, iluminado con lámparas con forma de globo.

Había un escenario, con su telón, y varias sillas que complementaban un auditorio. Algunos libros se encontraban tras un mostrador en el que estaban las funcionarias identificadas con gabachas blancas. Y alrededor de los niños se hallaban los estantes con cuentos, poesías, novelas, álbumes ilustrados y, generalmente, se escuchaba música infantil y, en otras ocasiones, selectas obras musicales que producían una sensación de tranquilidad en medio del bullicio de la ciudad.

A las 3:00 p.m, se llevaba a cabo “la hora del cuento” y era, acaso, un legado de las prácticas que Lyra y García Monge iniciaron en la Escuela Normal. Durante las mañanas se prestaban cajas con juegos y, usualmente, se proyectaban películas y se presentaban obras de teatro y títeres. También se recibían grupos de escolares y se les ofrecía apoyo para cumplir con sus tareas. Era un lugar destinado a formar la sensibilidad estética, el cultivo de las artes y los hábitos de lectura en las jóvenes generaciones.

Mirada al eje central de la biblioteca. Foto: Graciela Pellizari. Foto: Graciela Pellizari.
Mirada al eje central de la biblioteca. Foto: Graciela Pellizari. Foto: Graciela Pellizari.

La Municipalidad de San José extendió su red de bibliotecas a otras comunidades de la capital. Ya no se dedican solamente a la niñez y ofrecen servicios a personas de diversas edades. Actualmente hay bibliotecas en Barrio Sagrada Familia, Mata Redonda, Paso Ancho, Barrio México, San Francisco de Dos Ríos y Zapote.

Mirada al futuro

Entre los múltiples testimonios de niñas y niños que disfrutaron de este espacio, está el de Ruth Angulo, ilustradora y arquitecta: “Salíamos de la Escuela Vitalia Madrigal al mediodía, camino a la parada de buses en La Cañada, de paso quedaba el Parque Central. A mis seis años creía que el parque era el centro del país entero y que la Biblioteca Carmen Lyra era el corazón de Costa Rica, como si fuera un núcleo lleno de cuentos a la disposición de los que éramos niños, como un premio y una esperanza. Ahora de adulta me da pena saber que ahí es adonde se guardan los carritos de la basura, en ese lugar que latía y me pasan sombras por la cabeza.”

En el año 1993, la Biblioteca Infantil Carmen Lyra cerró sus puertas en el quiosco del Parque Central. La Municipalidad de San José pudo considerar para tal decisión, entre otros factores, el despoblamiento de la ciudad, las condiciones de ruido, la contaminación y los índices de delincuencia. En 2006, se abrió una biblioteca, con ese mismo nombre, en Rincón Grande de Pavas.

Tras un mostrador se guardaba parte de la colección. Foto: Graciela Pellizari.
Tras un mostrador se guardaba parte de la colección. Foto: Graciela Pellizari.

Sin embargo, el municipio capitalino debería considerar el valor simbólico y cultural de convertir el centro de la ciudad en una biblioteca destinada a la niñez; un sitio que se ajuste a las necesidades de lectura y humanismo del siglo XXI y que rinda tributo a Carmen Lyra, la escritora, la maestra y la política costarricense. Sería justo que un país pacífico y democrático como Costa Rica tuviera una biblioteca infantil, como lo pensara una niña de aquel entonces, en el corazón del país.

El autor es profesor de literatura infantil de la UCR y miembro de número de la Academia Costarricense de la Lengua.