Áncora

100 años de Ingmar Bergman: mujeres de resentimiento y piedad

El director sueco tenía auténtico interés por destruir y reconstruir los lazos afectivos de sus mujeres protagonistas

Liv Ullmann e Ingrid Bergman (derecha) son hija y madre, en la cinta de drama Sonata de otoño (1978). FOTO: Fotograma de la película.
Liv Ullmann e Ingrid Bergman (derecha) son hija y madre, en la cinta de drama Sonata de otoño (1978). FOTO: Fotograma de la película.
Gritos y susurros (1972) usa el rojo como una alegoría visual de la vida y, también, de la muerte . FOTO: Fotograma de la película.

El director no tiene nada que confesar en Conversaciones con Ingmar Bergman: “Mi fascinación incesante con toda la raza de mujeres es una de mis motivaciones principales. Obviamente, una obsesión así implica ambivalencia; tiene algo de compulsivo”.

El interés de Bergman por las mujeres que lo rodearon, de quienes siempre tomó algo –el nombre, la personalidad, un gesto, el rostro–, era clínico.

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