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Crítica de teatro: 'Manifiesto para mientras llega el barco'

<em>Manifiesto para mientras llega el barco</em> es sugestiva experiencia.

Las piedras son esta obra, la columna vertebral. Libertad Sobrado para La Nación
Las piedras son esta obra, la columna vertebral. Libertad Sobrado para La Nación
Las piedras son esta obra, la columna vertebral. Libertad Sobrado para La Nación

En la diminuta antesala de Espacio2, una anfitriona en bañador nos involucra en su juerga playera. Bailes, bebidas y pareos nos transportan a un alegre litoral. La mujer nos trata con familiaridad y buenas maneras. Juntos, vivenciamos la ilusión compartida de una amistad que se apaga cuando ella –taciturna– nos pide dejar atrás algunas pertenencias para ingresar a la sala principal.

Adentro, ya despojados de lo innecesario, la mujer nos cuenta un cuento. Es la anécdota de sí misma: se ha construido una isla para esperar un barco. A la vez, su cuerpo expresa otra historia más oscura, cargada de recuerdos lejanos. La memoria del personaje se materializa como síntoma de una vida al final de su camino y nos obliga a develar lo que no está en las palabras.

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