Fernanda Matarrita Chaves. 11 agosto
Imágenes con fines ilustrativos. Foto: Shutterstock
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En el 2018, el Departamento de Atención Inmediata del Patronato Nacional de la Infancia (PANI) recibió más de 4.600 denuncias sobre menores de edad que estaban siendo víctimas de algún tipo de violencia.

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En una vivienda en abandono, maloliente, con paredes rayadas y sin rastros de comida, se creería que nadie puede estar. Mucho menos, niños.

“Papá pega” fue lo que dijo Antonio, un chiquito de unos nueve años, para expresar lo que sufrió junto a sus hermanos. Sus palabras no abarcaron, en realidad, la pesadilla que los cuatro infantes, entre ellos un bebé de pocos meses, padecían a diario.

Él y sus tres hermanos fueron protegidos luego de que ante el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) se denunciara que los niños, con un rango de edades entre tres meses y nueve años, estaban encerrados en una vivienda. Antonio no es el nombre real del chico, pues por el cumplimiento de la privacidad de los menores de edad sus datos son confidenciales.

Tras un allanamiento, los hermanos fueron sacados de la casa en la que permanecieron privados de libertad no se sabe por cuánto tiempo. Cuando las autoridades ingresaron al lugar hallaron a los cuatro menores encerrados, con signos de negligencia severa y marcas de violencia física.

En el sitio no había ningún tipo de alimento y la cocina y refrigeradora estaban en desuso. Su padre dijo, la primera vez que el PANI llegó, “que allí no había nadie, que sus hijos vivían en otro lugar y que iban a una escuela”. Las autoridades comprobaron que no era así y regresaron con la orden de allanamiento y los encontraron.

Luego de valoraciones médicas se demostró que los niños estaban en una situación de riesgo grave y que sufrían maltrato físico, por ello se les puso bajo protección. Además, aunque tenían edad para estar escolarizados, no acudían a ningún centro educativo.

Anargerie Alvarado Ulloa, coordinadora del Departamento de Atención Inmediata del PANI, narró este caso, protegiendo completamente los datos de los niños.

“A pesar de que la información con las personas menores de edad fue difícil por su privación cultural y su entorno, podemos confirmar mediante la pericia médica y con preguntas específicas que el padre era quien les brindaba la agresión. No dieron muchos detalles. El mayor se refería en frases cortas.

No sabemos cuánto tiempo tenían en esas condiciones. Ambos padres se mostraron herméticos a brindar información sobre los niños”, explicó Alvarado, quien se refirió a otros casos en los que niños fueron víctimas de distintos tipos de violencia. Ninguno de los nombres que se usan en este artículo para referirse a los infantes son sus identidades verdaderas.

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Saúl y Daniel, dos hermanos con rangos de edades entre los 9 y 12 años, presentaban moretes en todas sus extremidades. Luego de ser atendidos por profesionales se conoció que ambos sufrieron agresión física y emocional. Una persona denunció su situación y su caso fue atendido.

Ambos niños contaron que el maltrato venía de su papá, quien les pegaba constantemente con fajas y cables, incluso con el cargador del celular. Tras la valoración, se determinó que el maltrato que vivían los infantes era crónico e intenso. Luego una investigación y entrevista con ellos, fueron protegidos y ubicados con un familiar.

Los niños vivían con su papá porque él tenía la custodia; en su proceso se conoció que su mamá los había abandonado.

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Belén nació con parálisis cerebral infantil. Una mañana un familiar la llevó al centro médico de su comunidad. En ese momento su rango de edad era entre dos y tres años.

La pequeña fue llevada al centro de salud por presentar “una alergia” que terminó siendo escabiosis, una infestación en la piel conocida comúnmente como sarna. El padecimiento, según los especialistas, se debía al estado de negligencia en el que había estado la niña. En la valoración, además, se notó que Belén tenía un retraso en el desarrollo psicomotor.

Tras esa visita, el PANI recibió una denuncia en la que se reportaba la situación y se alertaba que no había registro del historial médico de la niña en el que se evidenciara que su condición de parálisis cerebral había sido tratada.

Las autoridades hicieron una investigación y ubicaron a la madre, quien manifestó “no tener mayor interés con relación a su hija, pues que esas eran las condiciones que le podía dar”.

La niña fue protegida en un albergue alternativo del PANI y actualmente permanece allí. Según contó Alvarado, los papás de Belén aun no cuentan con factores suficientes que permitan que la niña retorne a su núcleo.

Imágenes alusivas a violencia infantil. Foto: Shutterstock
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A Sara su mamá le prometió que viajarían a Costa Rica porque en este país tendría mejores opciones de estudio y que así su futuro estaría lleno de oportunidades.

Cuando llegó al país, topó con una realidad lejana a aquella promesa de su madre: no habría cuadernos nuevos ni una mochila con su personaje favorito. A Sara la llevaron a una casa de una supuesta tía, un lugar en el que en vez de ser acogida, fue tratada como empleada doméstica.

Tenía un rango de edad entre 12 y 13 años y debía levantarse todos los días a las 4 a. m. para hacer los quehaceres de la vivienda y cocinar para una pareja de esposos y sus dos hijos menores de edad. Sara además, debía cuidar a los niños. No tenía seguro médico, su condición migratoria era irregular y a su corta edad iba a una escuela de noche.

Su caso se conoció porque alguien denunció que la niña estaba siendo explotada laboralmente. Tras realizar una investigación preliminar, el PANI confirma que la mujer a quien la niña veía como tía no era su familiar y que su madre la trajo y se fue del país. Su caso se ingresó a la fiscalía de trata de personas.

Sara fue protegida en una alternativa institucional y continúa allí. Las autoridades desconocen si su madre recibió algún tipo de pago por entregar a la niña.

Aunque Sara no nació en Costa Rica, la convención de los derechos de los niños indica que por estar en suelo costarricense, tiene las mismas garantías y derechos que todos los menores de edad.

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Victoria tenía toda esperanza en que su mamá la iba a proteger. Ya no soportaba que la pareja de su madre abusara sexualmente de ella. Su edad está en un rango de 8 a 10 años.

Ella le reveló a su mamá lo que pasaba y ella le dijo que le diría al abusador que “ya no lo hiciera más”. La situación continuó y la niña se lo contó a alguien más. Esa persona denunció lo que ocurría.

Anargerie Alvarado, coordinadora del Departamento de Atención Inmediata del PANI, dice que los casos de abuso sexual intrafamiliar, contra niños de todas las edades, son muy frecuentes.

“Pasa con personas muy pequeñas hasta adolescentes, la constante es que es intrafamiliar. Es (el abusador) parte del núcleo familiar cercano, son allegados los que agreden sexualmente a personas menores de edad.

Tenemos el caso de una persona menor de edad que fue agredida por la pareja sentimental de la madre. La persona refiere que la pareja de su mamá le realiza actos sexuales, la toca, le muestra el pene y una serie de situaciones que describe claramente”, comentó.

Las autoridades determinaron que la madre de Victoria “mantenía un interés contrapuesto”, pues la niña le contó lo que ocurría y ella “invalidó esa información” lo que demuestra un factor de riesgo para la niña. Tras investigaciones se determinó que Victoria estaría protegida viviendo con otras personas de su familia.

“Ocurren múltiples lesiones. No es solo una fractura. Se están viendo niños marcados con fajas. Niños quemados con cigarrillos. Niños que a nivel de cuero cabelludo tiene alopecia y es porque les arrancan cabello. Otras agresiones menos visibles son las lesiones a nivel de orejita, principalmente en niñas, como tienen pelito largo, esa área no es visible para notar la agresión, recibe golpe directo allí. Ese tipo de lesiones nos impactan”, Sindy Mora, jefa de trabajo social del HNN.
Imágenes con fines ilustrativos. Foto: Shutterstock
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La violencia de todos los tipos hacia los niños aumenta en el mundo y también en Costa Rica. A finales de 2017, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) publicó el informe Una situación habitual: violencia en las vidas de los niños y los adolescentes, en el que se reflejan las distintos agresiones que infantes sufren en el planeta.

Solo esta entrega saca a la luz que “cerca de 300 millones de niños de dos a cuatro años en todo el mundo (3 de cada 4) son habitualmente víctimas de algún tipo de disciplina violenta (sacudirlos, golpearlos en los brazos, piernas, cabeza u orejas, darles fajazos, golpear con fuerza repetidamente, especifica el informe) por parte de sus cuidadores. Violencia que “está justificada” por más de uno de cada cuatro adultos que tienen niños a su cuidado y que afirman que el castigo físico es necesario para educarlos adecuadamente”.

También revela que seis de cada diez niños (de 30 países diferentes) con edades entre los 12 y 23 meses “están sometidos a algún tipo de disciplina violenta. Entre los niños de esta edad, casi la mitad son víctimas de castigos físicos y una proporción similar están expuestos al abuso verbal (gritos, palabras ofensivas)”.

En el caso particular de Costa Rica, las cifras de agresión a los niños dentro de sus hogares son sobrecogedoras.

El Hospital Nacional de Niños recibe diariamente cinco casos de niños que supuestamente son víctimas de violencia infantil, entre las que destacan la negligencia y los abusos emocionales, físicos y sexuales. En el 2006 la cifra era de 2.5 casos cada día, informó Olga Arguedas, directora de ese centro médico.

“El maltrato infantil es una epidemia global. En todo el mundo se reporta que números de maltrato contra los niños van en crecimiento en las últimas décadas y Costa Rica no es la excepción. En el 2006, en el HNN, teníamos una cifra de 2.5 niños por día que eran valorados por alguna de nuestras instancias por posible violencia contra persona menor de edad. En el año 2018 cerramos esa cifra con cinco niños por día que son valorados por manifestaciones de violencia”.

La doctora Arguedas agrega: “El mensaje de esto es que por poco más de una década la cifra se ha duplicado y esto preocupa. Nos preocupa que la población que es más afectada son los niños más pequeños (entre cero y cuatro años). Porque la violencia se concentra en los niños no escolarizados. Pareciera ser que ir a la escuela en nuestro país es un factor de protección contra violencia infantil. Ya el niño tiene capacidad de comunicarse y usualmente las maestras son protectoras y cuando detectan situaciones anomalas proceden como corresponde."

“A la luz de los conocimientos actuales, el castigo físico a cualquier edad es inaceptable y no es útil ni constructivo nunca”, Olga Arguedas, direcctora del HNN.
Imágenes con fines ilustrativos. Foto: Shutterstock
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Violencia en Costa Rica

Cuando los funcionarios del Hospital Nacional de Niños creen que lo han visto todo, llega un caso más desgarrador.

Si bien son muchos los dramas de violencia infantil que salen a la luz pública, hay situaciones particularmente incomprensibles por su grado de crueldad, y los medios de comunicación informan cada año con más frecuencia acerca de pequeños que sufrieron maltrato y tortura hasta que les provocaron la muerte. Más allá de esos trágicos casos en los que la falta de denuncia o insistencia de atención ante instancias correspondientes derivaron en un desenlace fatal, cada día en el país se dan situaciones en las que los niños sufren diferentes tipos de agresiones.

Las cifras del primer trimestre de este 2019 del HNN muestran que en esos meses se recibieron 341 “situaciones de abuso”: 227 fueron por negligencia, 32 por abuso sexual, 32 por abuso emocional, 22 por abuso físico y 17 por abuso prenatal. En el 2018 los casos de supuesta violencia llegaron a 1709 y mantuvieron el mismo orden según tipo de abuso.

" Los estudios muestran que los niños abusados van a tener secuelas severas a lo largo de su vida. Porcentajes más altos de depresiones, de intentos de autoeliminación. Es la sociedad que vamos a tener en 30 o 40 años", Sindy Mora.

Arguedas resalta que aunque las personas no reconocen la negligencia como violencia, sí lo es, y que “esa es la cara más común de maltrato” que atienden en el HNN.

“La gente piensa que ser negligente no es ser violento y claro que lo es. Cuando usted tiene un niño que viene aquí por un accidente de tránsito y que queda con una lesión cerebral irreversible y que eso se genera porque su papá venía conduciendo en estado de ebriedad y no le usó al niño los dispositivos de seguridad. Dígame si eso no es violencia.

"Cuando tiene un niño que está infectado por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH, virus que causa el sida), tiene la institución que le da tratamiento de manera gratuita y los papás no le dan pastillas en casa y con eso condenan a su hijo a estar enfermo y eventualmente a perder la vida. Dígame si eso no es una forma de violencia”, aseveró Arguedas.

En el caso de negligencia, en el HNN hacen diferenciación para saber si lo ocurrido tiene relación con un cuadro en el que el niño está en riesgo o si fue un evento único.

“Hay que ver si el niño está en situación de alta vulnerabilidad con la que no pueda regresar a su grupo familiar, o bien si es una situación de evento único con familia que de inmediato acudió al centro de atención, donde paralelo encontramos que el niño tiene vacunas al día, es un niño sano, que nos hablan bien de la familia.

W

¿Qué hacer si conozco de un caso de violencia infantil?

Si usted tiene conocimiento de alguna situación en la que un niño está en condición de negligencia, sufre abuso sexual, físico o emocional o se le estén violentando sus derechos fundamentales como el acceso a la educación, a la salud, entre otros, puede:

FUENTE: PANI Y 911.    || w. s. / LA NACIÓN.

Hay que hacer diagnostico diferencial de si este niño está sufriendo un evento crónico de abuso, o un evento agudo. Cuando identificamos que es un evento agudo trabajamos con estas familias la parte de prevención. Tenemos diferentes modalidades, diferentes talleres donde se trabaja temas relacionados a prevención de quemaduras, lesiones en el hogar, intoxicaciones, que es l alarma que se está encendiendo por el aumento de niños intoxicados en casa con medicamentos. Trabajamos con familias para que no se repita un segundo evento”, explicó Sindy Mora, jefa del servicio de trabajo social del HNN.

Otra forma de violencia recurrente es el abuso sexual. Según Olga Arguedas, la mayoría de las veces es perpetrado por personas de confianza para el niño y es el segundo tipo de violencia más atendido, junto a la violencia psicológica, según estadísticas del Servicio de Trabajo Social de ese centro, durante el primer trimestre del 2019.

Los casos de violencia emocional o psicológica pueden suceder, por ejemplo, cuando un niño es el mediador entre una disputa entre mamá y papá o entre otros miembros de la familia. Generalmente las consecuencias de ello van desde físicas hasta una laceración en el autoestima del niño, explicó la doctora.

En relación al abuso físico, si bien este siempre ha existido, Arguedas celebra que poco a poco la sociedad ha ido perdiendo la tolerancia a este tipo de maltrato en el que por muchos años se justificó la agresión como forma de educar.

En los últimos tiempos en Costa Rica se han dado a conocer casos en los que los infantes son víctimas de actos brutales en los que aparte de golpearlos con una faja, también se utilizan cables, objetos de madera, les arrancan cabello, los queman, los patean o estrellan contra las paredes.

“Muchos costarricenses de varias décadas atrás fueron criados con sistemas familiares patriarcales abusivo, donde se aceptaba que a los niños se les podía pegar. Eso no es aceptable porque no sirve para nada, solamente para lesionar el autoestima del niño y generar problemas mayores, porque el padre que toma una faja para castigar a un niño es un padre que está enojado y a veces no mide hasta donde va a castigar y hasta donde no puede producir secuelas irreversibles”, agregó Arguedas.

En terreno de agresiones físicas, otro de los casos más desgarradores se da cuando al HNN llegan niños por el síndrome del niño sacudido: bebés que fueron fuertemente sacudidos o incluso estrellados contra una pared. Aunque todos los casos de maltrato infantil causan profundo dolor en la directora del hospital, este es uno de los que más la impactan.

“De manera personal me impactan muchísimo los bebés menores de un mes que vienen por síndrome de niño sacudido. Son bebecitos que apenas están empezando a vivir en el mundo exterior y que lo que reciben de sus papás, sus supuestos proveedores de amor y cuidado, es violencia física. (…) Por el llanto los papás se exasperan y lo sacuden o lo estrellan contra superficie dura y esto produce hemorragias en la retina, a veces pérdida de la vista, sangrados intracraneanos y algunas veces la muerte”, dijo Arguedas.

De estas situaciones de violencia, el centro médico recibe entre uno y dos casos al año. Los bebés quedan con secuelas irreversibles y estas situaciones son abordadas judicialmente.

Retomando los tipos de abuso que sufren los niños, también está la violencia prenatal, que es la que se relacionada con aquellas madres que consumen drogas o alcohol durante el embarazo. Esto produce “secuelas en el desarrollo del feto y además, síndrome de abstinencia en el bebé".

“Este tipo de violencia se vincula con embarazos no deseados. (…) Muchos de estos niños tienen que quedarse hospitalizados después del periodo neonatal porque hacen manifestaciones clínicas parecidas a las de un adicto cuando deja de consumir. Es un pequeño bebé condenado a la adicción durante el embarazo y (cuando nace) hace manifestaciones como temblor, convulsiones, etcétera”, detalló Arguedas.

“Hace algunos años se habló de epidemia (fue en 2011, para ese año en Trabajo Social del HNN comprobaron 1544 casos de violencia. Para el 2018 fueron 1752 los casos de violencia infantil comprobados). Quiero creer que es tema que debe salir a la luz. Es problema país y por ende es responsabilidad país resolverlo”, Sindy Mora.
Imágenes con fines ilustrativos. Foto: Shutterstock
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La cruda verdad de la violencia infantil

Al HNN representantes legales o familiares de los niños llegan con “todo tipo de historias”. Sus excusas van desde decir que los niños, supuestamente víctimas de violencia, están en ese estado porque se cayeron, desmayaron, que no saben cómo se lesionaron o fracturaron, o “que estaba bien, que se durmió, se despertó y que empezó a vomitar o a convulsionar”; también justifican la lesión alegando que fue causada por una tercera persona o responsabilizan a hermanos mayores, narra Sindy Mora, jefa del Servicio de Trabajo Social del HNN, quien cuenta que ya con la expertiz médica y con exámenes se determina si el relato tiene coherencia.

“Nuestros niños están sufriendo física y emocionalmente. Las estadísticas que compartimos son de lo que llega. Hablamos y denunciamos la punta del iceberg. ¿Qué pasa por debajo?”, asevera Mora, trabajadora social del HNN desde hace 10 años, tiempo en el que ha visto todo tipo de abusos contra infantes.

Cuando al HNN llega un paciente quien aparentemente es víctima de algún tipo de agresión o abuso, se tiene un protocolo de atención que puede iniciar desde que la criatura es atendida en la interconsulta médica.

La jefa de Servicio de Trabajo Social narró que independientemente de si el niño está en emergencias, consulta externa o salones, se inicia un proceso de entrevista con los representantes legales y, cuando se requiere, realizan trabajo de campo trasladándose a la casa, comunidad o centro educativo del niño.

“Siempre hay vecinos que hablan, muchas veces de manera tardía; se está dando un despertar (en la sociedad) de que lo que pasa no es secreto. Se cree que (estos casos de agresión infantil) son de índole privado, que por eso no me meto.

"Cuando llegamos a la comunidad dicen que no quieren hablar o que no conocen a la familia y ya nosotros sabemos que ellos tienen años de vivir ahí. Hay personas más conscientes, diría yo, que dicen lo que está ocurriendo, otras nos solicitan guardar su identidad (todas las denuncias son confidenciales). Porque hay represalias. Con tanta violencia a nivel social uno tiene que cuidar a esas personas. Una vecina nos aclaró cómo sucedió un caso de agresión a persona menor de edad”, explicó Mora.

Desde Trabajo Social coordinan con el Ministerio Público y el Patronato Nacional de la Infancia. Cuando en el hospital tienen la sospecha de que los niños están siendo víctimas de agresión en sus diversas manifestaciones, se interpone una denuncia (sea desde ese departamento o cualquier profesional que cuente con información que le haga sospechar de una situación de abuso) ante el Ministerio Público, tal y como lo estipula en su artículo 49 la Ley de la Niñez y Adolescencia, que dice: “Los directores y el personal encargado de los centros de salud, públicos o privados, adonde se lleven personas menores de edad para atenderlas, estarán obligados a denunciar ante el Ministerio Público cualquier sospecha razonable de maltrato o abuso cometido contra ellas. Igual obligación tendrán las autoridades y el personal de centros educativos, guarderías o cualquier otro sitio en donde permanezcan, se atiendan o se preste algún servicio a estas personas”.

“Nuestra tercer institución de enlace es el PANI, entidad rectora que toma decisiones cuando existen elementos de alta vulnerabilidad. Si la vida del niño o niña está en peligro, ellos puedan tomar decisiones pertinentes para protegerlo de manera integral”, detalló. En esos casos se enlazan con el Departamento de Atención Inmediata del PANI que funciona 24 horas todos los días del año, solamente para atender denuncias presentadas en San José. (Lea más adelante todo en relación con este departamento).

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Violencia infantil en Costa Rica

Casos de abuso contra infantes atendidos en el Hospital Nacional de Niños, durante el primer trimestre del 2019.

FUENTE: TRABAJO SOCIAL HOSPITAL NACIONAL DE NIÑOS.    || w. s. / LA NACIÓN.

En los 10 años que Sindy Mora tiene de trabajar en el centro médico infantil, no ha dejado de impresionarse con todos los casos de niños que se comprueba fueron violentados. Hay situaciones que incluso, la han impactado por las secuelas que dejan en los infantes.

“Las situaciones que más impactan son las de niños que se conoce que eran niños sanos e independientes, corrían, iban a la escuela y que fueron víctimas de violencia y que salen del hospital con problemas visuales o sin vista.

“Solamente el Ministerio Público puede definir si fue adrede o no. Pero en los abordajes iniciales pues sí, (la agresión) fue causada con algún grado de intencionalidad. Niños que salen en silla de ruedas. Con PEG (sonda de gastrostomía) para alimentarse o traqueotomía. Cuando ellos encuentran una red de apoyo efectiva su recuperación es radical. Ya no se ven tristes. Tienen una resiliencia que lo hace a uno seguir adelante”, indicó la trabajadora social.

Cuando un niño es separado de su hogar para protegerle, la reubicación institucional es lo último que se busca. "Los niños tienen derecho a estar en un entorno familiar. Si no pueden estar con representantes legales se empiezan a valorar redes de apoyo inmediatas. Han aparecido padrinos, hermanos mayores. Si no hay afectivas, pueden ser redes de apoyo comunales, que sin tener vínculo afectivo, reciben a estos niños. Esas son pautas a seguir antes de la reubicación en un albergue”, explicó Mora.

Otras de las crudas situaciones que han atendido en el HNN y que pasan en este país, conocido como “el más feliz del mundo” tiene que ver con abusos sexuales perpetrados contra niños o niñas con discapacidades múltiples.

“Hay casos de casos. Puedo hablar generalidades de cosas que sí pasan en esta Suiza Centroamericana. (Como el caso de) Una niña que requiere cuidado de 24 horas y que ingresa por una sospecha severa de abuso sexual. Cuando uno dice que lo vio todo, entra algo peor.

"Que ocurran violaciones en niños encamados, que requieren cuidados para su alimentación y baño; están ocurriendo en figuras cercanas a estos niños y niñas. El mito de que estas situaciones ocurren y que los posibles ofensores son personas extrañas, está quedando como un mito. En nuestras estadísticas e investigaciones encontramos que presuntos ofensores son personas sumamente cercanas a estos niños y han obtenido confianza que les da el tiempo para planear los actos. Eso ha estado sucediendo con nuestros niños y niñas en el país”, agregó la trabajadora social.

Imágenes con fines ilustrativos. Foto: Shutterstock
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Prevención que salva

Tanto la doctora Arguedas como la trabajadora social Sindy Mora, enfatizan en que si se conoce de un caso en el que un niño está sufriendo cualquier tipo de violencia se debe denunciar. Las denuncias pueden ser presentadas ante alguna oficina local del PANI o llamando al 9-1-1 y se garantiza suma confidencialidad (lea en una nota adjunta cuál es el protocolo de este servicio de emergencias).

Ambas funcionarias destacan, eso sí, que lo prioritario es trabajar la prevención por encima de la denuncia, pues cuando se llega a denunciar ya es tarde.

“Trabajar con niños es lo mejor que a uno le puede pasar en la vida. Tener que protegerlos nos obliga a ser rigurosos. A ser contundentes con la forma de comunicarnos. Cuando un niño fallece víctima de violencia tomamos esa muerte para construir un compromiso. Nunca una muerte de un niño puede ser en vano”, sentenció la doctora Arguedas.

Hoy, la historia de Belén es muy distinta a la de sus primeros años de vida: la pequeña cuenta con los cuidados necesarios que requiere su condición de discapacidad y su piel está sana.

¿Quién puede protegerlos?

Si usted es testigo de algún caso de violencia infantil, o escucha a un adulto agrediendo de alguna manera a un menor de edad, puede presentar la denuncia inmediatamente ante el sistema de emergencias 9-1-1. No importa si es de noche, fin de semana o feriado. Allí siempre habrá un operador atento para tomar informaciones y remitir los incidentes a las instancias correspondientes. Eso sí, para que la denuncia sea atendida con eficacia, es fundamental que se brinden todos los detalles posibles del menor edad que está siendo violentado y del lugar en el que se encuentra: dar la dirección tan exacta como sea posible es vital.

Para atención de emergencia de menores de edad, el 9-1-1 cuenta con tres protocolos de protección, elaborados por el PANI, a través de su línea. Entre ellos está el de Protección inmediata que funciona cuando un infante está siendo violentado en ese instante.

“En esta categoría se incorporan todos los incidentes que den evidencia de que existe peligro, que están afectando derechos, o integridad de un menor. En esos casos quien puede dar ayuda inmediata al niño es la Fuerza Pública. Como el incidente de protección a menores es una situación que se está dando en proceso (en el momento) se informa a Fuerza Pública, lo ven y mandan respuesta policial. Simultáneamente ese incidente lo ve el PANI, que va a intervenir en el momento en que la policía llega, rescata al menor de edad y hacen trabajos posteriores de protección del menor.

"Estos casos se dan, por ejemplo, cuando llaman y dicen que padrastro o papás le están pegando al niño. Incluso vecinos que llaman diciendo que escuchan gritos de menor, dicen que se escucha persona adulta que lo está agrediendo. Ese tipo de situaciones los operadores las clasifican apropiadamente para que haya intervención directa”, explicó Guiselle Mejía, directora del Sistema de Emergencias 9-1-1.

Durante junio de este año, el 9-1-1 recibió 3428 denuncias en la categoría de protección a menores, lo que significa, más de 100 diarias y cerca de cinco cada hora.

Datos brindados por el Sistema De Emergencias 9-1-1, IPC-CE, revelan que en los casos de incidentes de protección a menores hay un fuerte incremento en el promedio mensual de los últimos años: para el 2017 fue de 2072; 2739 para el 2018 y 3211 en lo que va del 2019.

Hay otras dos atenciones que brinda el 9-1-1 relacionadas con violencia de todo tipo hacia los menores de edad. Una es la denuncia al PANI, que es cuando se tiene evidencia o hay sospechas que se clasifican como alto riesgo a integridad física y emocional de los niños pero que no está sucediendo en ese momento, explicó Mejía.

El 9-1-1 también cuenta con el servicio de consultas generales relacionadas a menores de edad: este permite a las personas llamar y hacer preguntas relacionadas con inquietudes sobre los derechos de niños, niñas y adolescentes o cualquier situación que afecte su bienestar y que no esté siendo una emergencia.

“Llaman y cuentan que creen que el vecino está maltratando a los hijos, y preguntan que qué es lo que ellos pueden hacer en esos casos, o cuando un familiar no alimenta bien a sus niños, por ejemplo”, agregó Mejía.

“La información que llega al 9-1-1 es estrictamente confidencial. Ello es parte de bondades del sistema. Los datos que se consignan de las personas que llaman no pueden ser compartidos con nadie. Es fuerte la seguridad que se mantiene”, Guiselle Mejía.
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Niños de San José con ayuda 24/7

El Patronato Nacional de la Infancia trabaja en un plan piloto para que en todo el país se cuente con atención todos los días del año, las 24 horas, para ocuparse de los casos de emergencia que se presenten con los menores de edad.

Actualmente existe el Departamento de Atención Inmediata (DAI) del PANI, que desde el 2006 se consolidó como departamento y que desde hace varias décadas, (no se precisan cuántas) fue consolidado como una unidad de atención de emergencias. Este está enfocado en brindar atención 24/7, solamente para San José.

Anargerie Alvarado Ulloa, coordinadora del DAI, refirió que la administración del PANI “está haciendo grandes esfuerzos por realizar un plan piloto y empezar a trabajar a nivel nacional las situaciones de emergencias en todo el país. Se ve una necesidad real de la atención directa de esta población con un eficiencia y eficacia en la gestión”, comentó.

Desde su departamento, Alvarado no puede referirse a casos específicos como el ocurrido en mayo, cuando un niño falleció, en Alajuela, a causa de una hemorragia intestinal provocada por golpes. La denuncia de un caso de violencia infantil se presentó, ante el 9-1-1, un sábado (fue clasificada como prioridad 1, lo que quiere decir que se debe responder en 24 horas) y una funcionaria acudió a atender la situación el lunes siguiente, día en el que no encontró la vivienda en la que vivía el menor.

En declaraciones dadas a La Nación en mayo, Patricia Vega, presidenta ejecutiva del Patronato Nacional de la Infancia, recalcó que desde el año pasado se propuso que el PANI sea una institución que puede responder a las alertas los 365 días del año y las 24 horas, como lo hacen los bomberos (y como funciona el DAI en San José).

“En la actualidad si hay un incidente así (como el caso del niño fallecido en Alajuela) en el centro de San José nosotros sí actuamos, pero en el resto del país no. Eso es muy deficitario, visto lo delicado de la materia que nosotros vemos”, aseveró Vega en aquel momento.

¿Cómo funciona el Departamento de Atención Inmediata del PANI en San José?

Anargerie Alvarado explicó que en el DAI tienen varias vías de ingreso para denuncia: la principal es el 9-1-1. También reciben incidentes, de situaciones violatorias contra niños, a través de centros de salud, algún juzgado, fiscalías, policía municipal o Fuerza Pública, instancias que alertan que una situación de riesgo está ocurriendo en el momento.

“Si la policía municipal encuentra una señora vendiendo en San José acompañada de una niña, ellos hacen esa referencia de que la acaban de encontrar, entonces iniciamos el proceso de atención inmediata el cual consiste en realizar, lo que denominamos de acuerdo al modelo de gestión de los procesos atencionales, una investigación preliminar que consiste en hacer un análisis de los hechos denunciados, los hallazgos y la determinación de factores de riesgo y factores protectores.

"A partir de los factores de riesgo y factores protectores, procedemos a tomar una decisión técnica catalogando estos factores de riesgo como leves, graves o moderados, dependiendo de esta calificación (se toma) una decisión técnica que puede llevar a un segundo proceso en una oficina local que es una fase diagnóstica y un plan de intervención o en su defecto, si los factores de riesgo que se detectaron fueron graves (se procede) la inmediata protección de la persona menor de edad”, explicó Alvarado.

De acuerdo a su modelo de gestión, el DAI, unidad en la que trabajan profesionales en psicología y derecho, conductores y auxiliares de servicios infantiles, debe tener 24 horas para atender una denuncia en proceso. Alvarado asegura que desde el instante en el que la denuncia se presenta, la atención es inmediata. La premisa de este departamento es finalizar el riesgo en el que se encuentran los niños.

FUENTE: SERVICIO DE TRABAJO SOCIAL DEL HOSPITAL NACIONAL DE NIÑOS.    || w. s. / LA NACIÓN.