Revista Dominical

La biología del cariño

No se me ocurre una forma justa de retratar a un hombre bueno sin cruzar la línea de la apología. Emilio era mi papá y era fantástico

Emilio tenía una cajita cerca de su mesa de noche. Para todos era un objeto misterioso, intocable. Estaba gastada por el uso diario de tantos años. Siempre colocada en la misma posición. Todos sabíamos que adentro había apenas una muestra de todo lo que guardaba en sus miles de escondites. Sabíamos que por la mañana abría la caja y catalogaba, re catalogaba, seleccionaba y clasificaba el contenido. Luego la cerraba. Era eso, la cajita de la mesa.








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