Fútbol Nacional

Christian Bolaños abre las puertas de su casa y muestra rincones de su vida

Aunque que debutó hace 21 años, a sus 17 años, y está pronto a cumplir los 38 años, una mezcla de genética, protección ante lesiones y estabilidad familiar... lo llevaron a ser considerado el mejor del torneo anterior

Christian Bolaños, Bola o Bolañitos, como le llaman unos y otros, pertenece a la ‘zona azul’ del balompié costarricense.

¿A qué viene el parangón? En el mundo hay zonas geográficas, pocas por cierto, en donde sus habitantes superan los 100 años, con muy buena calidad de vida. En Costa Rica, encontramos ‘zonas azules’ en varios cantones de la península de Nicoya.

Bolaños es de esa raza, pues, con sus casi 38 años (los cumple el 17 de mayo), es uno de los futbolistas con mayor edad, pero con un rendimiento excepcional en el Saprissa. Álvaro Saborío también es de esa estirpe.

Los redactores deportivos de La Nación lo designaron como el mejor del torneo recién finalizado, superando al inquieto y desequilibrante Gerson Torres, de apenas 24 años.

La Unión de Clubes de Fútbol de la Primera División (Unafut) lo postula también, junto a otros cinco colegas, en la categoría de mejor futbolista del campeonato.

Nacido en Hatillo 8, debutó con buen suceso con apenas17 años; pronto se marchó a Europa y luego recaló en la MLS y ahora es de los jugadores insignia de la S.

Así que su experiencia y liderazgo le dan la autoridad para analizar si, por ejemplo, es pesado llevar la camisa morada o si existe el ADN saprissista.

En una tórrida mañana de este enero, junto a sus amadas perras, Kiara y Maya, nos desgranó algunos secretos de su longevidad en el fútbol, al que dice ‘amar’.

Conversamenos plácidamente, él con su taza de café sin azúcar y la mirada expectante de sus mascotas.

“Tiene que haber algo natural, algo genético porque es la realidad. Muchos de mis colegas, que tienen la misma edad, inclusive, algunos más jóvenes, me dicen es que es increíble: ‘¿Usted tiene que hacer algo, qué es lo que hace?’”.

“Yo he sido muy privilegiado en eso; solo una lesión antes del Mundial de Rusia. Un jugador de 30 años, que llegue con dos operaciones de rodilla, se le acorta la carrera”.

“Pasé desde los 19 hasta los 28 o 29 años jugando en el extranjero y esa fue una base que me ayudó mucho para prepararme bien”. ¿En cuál sentido? Su periplo por Noruega, Dinamarca, Canadá y Catar le formaron su carácter de luchador, de no darse por vencido y de dejar todo en la cancha. “Me dio vivencias, experiencias, cultura, a mi familia le dio una ‘foto’ más amplia’; por ejemplo, mi hijo (Cristiano) nació en Dinamarca. Estuve en muchos escenarios, con jugadores que solo se ven en PlayStation, jugué Champios League, Europa League, estuve en estadios míticos”.

“Claro, si no ya lo hubiera dejado. Me encanta el fútbol, de hecho amo al fútbol y ahora lo digo porque tengo más experiencia”.

“Intento alimentarme bien, como de todo, la comida chatarra no, las bebidas gaseososas tampoco, el café sin azúcar, fue el único cambio después de los 30 años (...). Un entrenador me dijo: ‘Bola cuando uno pasa de los 30 años, el cuerpo cambia, cuando sos joven en el fútbol podes comer mal y no pasa nada, pero después de los 30 no”.

“Me gusta levantarme tarde, dormir seis o siete horas. Ahora que estamos entrenando dos veces al día, me gusta hacer una siesta de una hora o de hora y media. En la noche, ver una película con la familia y cenar”.

Christian Bolaños contó que en un partido corre entre 10 y 12 kilómetros, pero también es veloz, pues estima que los 100 metros planos los hace en 12 segundos. “Me gusta ser el mejor en los entrenamientos y en los partidos”.

“Soy muy reservado de cuidar mi intimidad. Intento cuidar mi núcleo familiar, en donde pueda estar tranquilo, con nuestras perritas, mis hijos, mi esposa. De hecho,¿ que en la casa no hablamos nada de fútbol; de ahí proviene que a mis 37 años esté sacando la mejor cosecha de mí; pero si retomamos de más atrás, sé de dónde vengo; soy de Hatillo 8, de los barrios del sur y me caracterizo por ser una persona muy sencilla; muy humilde, estoy siempre atento a las personas que intentan ayudarme; a las ajenas intento brindarles una ayuda. Ese soy yo, el que siempre va al frente”.

Christian Bolaños machaca y machaca, una y otra vez, la palabra sacrificio, que lo llevó, según él, a jugar con Saprissa, luego partir al exterior, y más recientemente afincarse, de nuevo, en Tibás.

Por eso, no espera retirarse pronto de las canchas y, cuando tome la decisión, seguirá vinculado a fútbol. De hecho, se prepara en la academia para continuar.

“Lo poquito que aprendí, se lo tengo que devolver a muchas generaciones”, expresó.

¿Eso significa que le gustaría ser técnico del Saprissa?, ¿está entre sus metas?

“¿Por qué no? Me toca prepararme. Estoy llevando una maestría en Gerencia Deportiva. No sé si me voy a dedicar a eso, pero sí me gustaría sacar la licencia de entrenador. Es lo único que llevo paralelo al fútbol y le dedico tiempo.

“Me gustaría seguir vinculado al fútbol. No puede dejar de pasar la oportunidad, sería egoísta de mi parte no regresar un poco de lo que viví”.

“Estando en Canadá (Vancouver Whitecaps), un galés me dijo: ‘Bola, usted debe tener presente que el día de mañana, cuando usted se retire, tiene que estar preparado porque el fútbol es un círculo. Va a llegar una persona y le va a decir: ‘Yo quiero a Christian Bolaños, el jugador que fue a tres mundiales, venga a la Federación o al Saprissa’.

- Me imagino que si llega al banquillo del Saprissa, guindaría un cartel en el camerino con una leyenda que diría: ‘Lo que se quiere de ustedes es carácter’.

(Asiente, callado) “Porque es la realidad. Soy una persona que si escucho algo malo mío, me voy a entrenar para cerrarles la boca cuando termine el campeonato. Por eso, me he ganado muchísimo el respeto de muchísimas personas de otras instituciones, que deberían odiarme por lo que le hago a sus equipos, pero sienten respeto porque intento hacerlo bien”.

Bolaños admite que es vanidoso porque el futbolista debe ser vanidoso, no un modelo, pero sí cuidar su presentación personal, oler bien, tener su buen reloj y cuidarse su ensortijado pelo.

En medio de esa conversación sobre la vanidad personal, hicimos un ejercicio: le consultamos cuándo piensa abrir esas puertas de la sala de su casa para irse del fútbol.

“Vengo de firmar dos años”, dijo entre risas.

-Pero eso puede ser en teoría porque se puede rescindir el contrato -contraatacamos al habilidoso volante de los subcampeones-.

“Soy sincero, nunca me imaginé que a mis 37 años estuviera renovando por dos años más. Eso es porque me siento muy bien, el cuerpo mío todavía puede seguir, disfruto los entrenamientos, los partidos”, destacó.

“Para mí lo importante es disfrutar y rendir. Si siento que no puedo competir, ahí mismo voy a decir: ‘Sigo seis meses’”, comentó.

“Lo mío es no pasar por pasar, quiero ser campeón en seis meses”, agregó.

-Usted debutó a los 17 años con buen suceso. ¿Pesa vestir la camisa morada?, ¿cualquiera se la puede poner?

Mucho, mucho. El jugador que no sabe dónde está llegando y quiénes hicieron una historia en el Saprissa, no está preparado, tiene que saber identificarse con la institución.

“Yo admiraba a jugadores y sabía lo que representaban ellos en Saprissa”.

“Deben valorar la oportunidad que se le está dando y ser conscientes de que tienen que hacer muchos sacrificios”.

-¿Existe un ADN morado?

“Sí, sin menospreciar a las demás instituciones. Todos los que salimos de Saprissa al extranjero llevamos esa mentalidad.

“En Saprissa piden el campeonato, nos piden que seamos los mejores, que representemos los colores de la institución, tienes que saber que no puedes ser un mal ejemplo para los demás y dejar todo en la cancha sin menospreciar al rival.

“Eso lo complementamos con la afición, con el estadio y con la historia del club. Esa es la mística, eso es parte del ADN del Saprissa”.

-¿Usted tiene toda la autoridad para jalarle las orejas a los jóvenes del Saprissa?

Es mi deber de hecho, dejarles algo.

“Hoy en día todo se da más fácil y uno entiende el cambio drástico para los jóvenes en el fútbol y es algo generalizado de que la juventud es muy diferente a la de antes.

“Yo lo puedo decir porque a mí me costó muchísimo llegar a Saprissa”.

-¿El jugador joven tiene que dar la milla extra?

“Cuando te subís a un bus hay que esperar los campos que sobran. Hoy en día el joven tiene un asiento, en el camerino tiene su espacio, su número y nombre en la espalda y eso antes no pasaba. Entonces, si esa milla extra no se da, en el terreno de juego va a ser muy difícil que se dé.

-¿Cómo se consigue esa milla extra en los jóvenes?

Ese es un problema grandísimo para los formadores. He intentado ayudar con mis declaraciones, porque lo vivo en el día a día. Cuando estaba en el extranjero, también pasaba.

-¿Eso se está reflejando en la cantera del Saprissa, que no explota?

“No explota es una palabra fuerte. Jóvenes hay y tienen condiciones y han salido al extranjero, pero hay otras competencias, se ven atraídos por la acera de enfrente, les brindan mejores condiciones para formarse y eso no lo podemos tapar”.

-¿Cuál es su verdadera posición en la cancha?

“Creativo, esa es mi posición; yo era un 10; esa figura del 10 se eliminó porque el fútbol evolucionó con los sistemas de juego; ya no existe ningún 10; de hecho hay poquitos y ellos son los que más sufren hoy.

-¿Iñaki Alonso (técnico de Saprissa) dio con su posición original o usted se lo pidió?

“Fue él quien me dijo: ‘Bola necesito que me ayudes en esta posición’. En Europa jugábamos 4-4-2 y era el volante por la derecha.

Ismael Venegas

Ismael Venegas

Licenciado en Economía y máster en Administración de Empresas.

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