13 mayo, 2004

Alajuela. Cada zarpazo llevaba la firma de un león herido que se jugaba el partido más importante de “su” temporada.

Porque, para Alajuelense, ganar anoche el cetro de Concacaf significaba rescatar un año de furstraciones. Y fue un goloso premio de consolación: victoria ante su gran rival, por goleada, en una demostración incontestable de superioridad.

Saprissa, en cambio, recibió una cura de humildad a tres días de disputar otra final, ante Herediano, por el Campeonato Nacional.

La noche se mostró rojinegra desde los primeros trazos. La Liga se olvidó del protocolo: desechó los consabidos minutos de estudio y se lanzó en tromba hacia el arco rival, con la idea obsesiva de vencer cuanto antes a José Francisco Porras.

No tardaron mucho en conseguirlo. Apenas a los seis minutos, Pablo Gabas reventó una centella contra el poste, de zurda. En la jugada siguiente, el argentino sacó un centro que Froylán Ledezma empujó con sapiencia a la red.

En un clásico normal, el primer gol provoca una reacción instantánea del oponente. Pero anoche Saprissa nunca tuvo respuestas.

Sin su mejor hombre de toda la campaña, Wálter Centeno, los morados dependieron de un Alonso Solís intermitente y un Wilson Muñoz que nunca terminó de engancharse.

Con su media cancha en permanente corto circuito, los tibaseños empezaron a abusar de los balones aéreos a Álvaro Saborío. Mas, el ariete no tenía la varita mágica, y fue imposible evitar la tortura de caer humillados en la casa del enemigo.

Conjunto

Luego de aquellos asfixiantes minutos, que desembocaron en el gol de Ledezma, Alajuelense cambió de libreto: pasó de la presión al toque. Abrió la cancha, se confió a la precisión de su futbol en corto y brindó un recital de juego de conjunto.

Aquella euforia inicial se transformó en delirio con los dos goles de Alejandro Alpízar. El tercero, especialmente, desnudó a una defensa visitante permisiva, incapaz de despejar hasta jugadas que parecían fácilmente controlables.

Saprissa tardó 34 minutos en hilvanar una llegada hasta el arco de Wardy Alfaro, quien se estrenó en este tipo de duelos de campanillas.

Para el segundo tiempo aquello parecía resuelto. Los morados ni siquiera ensayaron una reacción postrera, que al menos decorara un poquito los números.

Más bien, siempre dio la impresión de que la Liga estaba más cerca de redondear la goleada que Saprissa de acortar en algo la diferencia en la pizarra.

El sentimiento de desesperación quedó retratado cuando José Luis López “cazó” a Ledezma al 51, con una falta en media cancha que le valió la tarjeta roja.

Con diez hombres, tres goles en contra y una final el domingo, Saprissa terminó de desaparecer. El coraje de Try Bennett animó un poco el encuentro, aunque ya estaba claro que el trofeo regional se quedaría en las vitrinas del equipo local. Cuando cayó el cuarto gol, de Wílmer López, aquello había dejado de ser un duelo entre dos oponentes que se suponen de calibre similar.

Hace menos de un mes, los morados festejaron una polémica victoria en la casa de los rojinegros. ¡Cuántas vueltas da el futbol! Porque anoche, las caras largas se fueron para Tibás, y el júbilo se quedó entre los aficionados de un león que volvió a sentirse rey.