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¿Libres o adictos?

La era digital abrió nuevas rutas al conocimiento, pero también desafíos como la necesidad de mantenerse conectado a las tecnologías de la información y comunicación y las redes sociales.

La dependencia psicológica de estar en línea suscita sentimientos de ansiedad. Estudios afirman que casi dos tercios de los usuarios de las redes sociales padecen este síndrome.

Despierta una curiosidad, una observación constante de cómo lo están pasando el resto de los familiares, amigos o conocidos mediante sus publicaciones en los diferentes perfiles (Facebook, Twitter, Instagram, etc.).

Paradójicamente, el cofundador de Facebook, Sean Parker, reconoció en una actividad médica en Filadelfia que la red fue creada para generar adictos, para explotar una herramienta de la vulnerabilidad humana.

El origen del miedo a perderse de algo (FOMO, por sus siglas en inglés) es considerado un asunto de salud pública. Expertos lo definen como una adicción a internet y puede causarla la falta de afecto.

Para solventar la carencia se suele buscar apoyo en otros espacios. Thomas Insel, exdirector del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, explica que nada motiva más al ser humano, ni activa más nuestro interior que sentirnos queridos o que a otras personas les importan nuestras cosas.

La falta de cercanía con los demás origina el aislamiento social. Las relaciones interpersonales favorecen interacciones enriquecedoras con familiares o amigos.

Las relaciones en el ciberespacio, señalan otras investigaciones, ejercen una preferencia por la amistad online sobre la amistad real. La ausencia de la interacción presencial debilita las relaciones socioafectivas, relevantes en todas las etapas de la vida, especialmente, en la adolescencia, pues tienen un impacto en el correcto ajuste psicológico y el desarrollo de la personalidad.

Literatura al respecto apunta que cuanto mayor sea el uso de dispositivos “inteligentes”, peor será el desajuste emocional y mayores los niveles de ansiedad, depresión e insomnio.

Otro efecto se produce en el rendimiento académico y la vulnerabilidad ante conductas agresivas como el bullying.

Información y formación son dos caras de la misma moneda. La tecnología ofrece valiosas oportunidades, pero exige formar en estrategias para el uso responsable. La familia y la escuela pueden colaborar para prevenir la deserción escolar y los bajos rendimientos académicos.

Es necesario que los padres nos informemos de la forma como nuestros hijos utilizan los dispositivos electrónicos. Interesarnos en sus experiencias online. Es cómodo, pero irresponsable entregar tablets a niños de tres años.

Nuestro acompañamiento los protege de la adicción. Viene a mi memoria una frase del médico y pensador Richard Moss, “el mejor regalo que podemos dar a otra persona es nuestra atención íntegra”. La presencia es necesaria. La filósofa y activista política francesa Simone Weil decía: “Amar es tanto como estar atento”. Díganme a qué está atento y le diré qué ama.

hf@eecr.net

La autora es administradora de negocios.

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