Miguel Valle Guzmán. Hace 5 días

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) finalmente vio colmada la aspiración de su vida al resultar electo presidente, no tanto, creo yo, por sus méritos personales como por el desencanto de los electores con los políticos tradicionales de su país.

El mandatario formuló recientemente una excitativa al papa Francisco y al rey de España para que desde sus altos cargos se disculpen públicamente por “los agravios causados a México durante las etapas de la conquista y colonización de los territorios que hoy conforman su país”. Hasta la fecha no ha habido una respuesta formal a su planteamiento, y posiblemente no la habrá. Aprovecho la iniciativa de López Obrador para referirme a la larga cadena de infundios, repetidos insistentemente por quienes han pretendido calmar sus resentimientos y fundamentar sus pretensiones políticas, alimentando la campaña de odio y desinformación que se conoce como “la leyenda negra de la conquista de América”.

José Vasconcelos, integrante del proceso de revisión histórica gestado en el siglo pasado y quien fue, entre otras cosas, rector de la Universidad Nacional, ministro de Educación Pública y candidato a la presidencia de México en 1929, dice en el prólogo de su Breve historia de México:

“Antes de la llegada de los españoles, México no existía como la nación unificada que hoy se asienta en el territorio que conocemos. Lo que había, antes de la conquista y la colonización subsiguientes, era una multitud de tribus separadas por ríos y montañas y por el más profundo abismo de sus trescientos dialectos. Los aztecas dominaban apenas una zona de la meseta, en constante rivalidad con los tlaxcaltecas y al Occidente los tarascos ejercitaban soberanía independiente, lo mismo que por el Sur los zapotecas.

”Ninguna idea nacional emparentaba las castas; todo lo contrario, la más feroz enemistad alimentaba la guerra perpetua, que solo la conquista española hizo terminar (…). Al contrario, como pasa en las sociedades despóticamente gobernadas, por huir de los abusos de los caciques, se refugian los indios con el soldado de la conquista. Hecha la paz, la educación de las misiones transformó a los indios de parias, en artesanos, sacerdotes, agricultores y civilizadores (…). Nunca hubo en la Nueva España más de cuarenta mil españoles. Si los indios hubieran tenido conciencia nacional y hubieran sentido que era una ignominia, ¿acaso no se hubieran levantado los seis millones de indios para degollar a los blancos?” .

Más adelante agrega: “Desde que aparecemos en el panorama de la historia universal, en él figuramos como una accesión a la cultura más vieja y más sabia, más ilustre de Europa: la cultura latina. Este orgullo latino pervive a la fecha en el alma de todos los que tienen conciencia y orgullo; latinos se proclaman los negros cultos de las Antillas y latinos son por el alma, según bien dijo nuestro Altamirano, los indios de México y del Perú. Latino es el mestizo desde que se formó la raza nueva y habló por boca del inca Garcilaso en el Sur, de Alba Ixtlilxóchitl en nuestro México.

”Incorporados por obra de la conquista civilizadora, el indio y el negro a la rama latina de la cultura europea, nuestro patriotismo adquiere abolengo y entronca con una tradición prolongada y provechosa. De allí que todo corazón bien puesto de esta América hispana, indio, mestizo, mulato, negro o criollo, sienta las glorias de la España creadora y de Italia y Roma con predilección sobre los otros pueblos de la tierra. El mismo idioma latino es un poco nuestro, desde que en el culto católico halagó nuestro oído a partir de la infancia”.

Para concluir, transcribo la opinión de Vasconcelos sobre los conquistadores y la controvertida figura de su jefe, Hernán Cortés: “Y fortuna fue de México haber sido creado por la primera raza del mundo civilizado de entonces y por instrumento del primero de sus capitanes, Hernán Cortés, cuya figura nos envidia el anglosajón, más aún que los territorios que su conquista nos ha legado.

”El más grave daño moral que nos han hecho los gestores de la leyenda negra es el de habernos habituado a ver en Cortés un extraño, a pesar de que Cortés es nuestro, en mayor grado de lo que puede serlo Cuauhtémoc. La figura del conquistador cubre la patria del mexicano, desde Sonora hasta Yucatán. En cambio, Cuauhtémoc es, a lo sumo, el antepasado de los otomíes de la meseta de Anáhuac, sin ninguna relación con el resto del país”.

Con este artículo he pretendido señalar el error en que incurre López Obrador al calificar desfavorablemente el proceso de la colonización de territorios que posteriormente, al desintegrarse el Imperio español, bajo los Borbones, pasaron al dominio del México republicano que casi inmediatamente perdió gran parte de estos, en un proceso cuyo análisis, muy necesario por cierto, excede las limitaciones de este texto.

Se trata de un error colectivo, prohijado desde nuestras escuelas primarias. Evidentemente, la historia de nuestra América española está aún por escribirse.

El autor es abogado.