Editorial

Editorial: Pobreza en las aulas

Los estudiantes pobres en el sistema público de enseñanza aumentaron de 360.000 en el 2019 a 504.000 el año pasado. La reactivación económica, la disminución de la brecha digital, la mejora de la inversión social y una reforma educativa son tareas urgentes

Las aulas cerradas no solo representan un atraso en los procesos de aprendizaje sino que arrastran efectos emocionales para niños, niños y jóvenes. Archivo/Albert Marín
Las aulas cerradas no solo representan un atraso en los procesos de aprendizaje sino que arrastran efectos emocionales para niños, niños y jóvenes. Archivo/Albert Marín
Las aulas cerradas no solo representan un atraso en los procesos de aprendizaje sino que arrastran efectos emocionales para niños, niños y jóvenes. Archivo/Albert Marín
Las aulas cerradas no solo representan un atraso en los procesos de aprendizaje sino que arrastran efectos emocionales para niños, niños y jóvenes. Archivo/Albert Marín

Las dificultades de la enseñanza costarricense, expuestas a lo largo de las últimas semanas por las propias autoridades y por el VIII Informe del Estado de la Educación, justifican un plan de emergencia para recuperar el tiempo perdido, hasta donde sea posible, y enfrentar los nuevos retos planteados a docentes y alumnos.

Las interrupciones del curso lectivo en el 2018 y en el 2019 tuvieron, por devastador remate, la disrupción de la pandemia. El país no estaba preparado para la educación a distancia, ni por la formación de los educadores ni por la disponibilidad de recursos técnicos. La falta de lecciones se sumó a la de los años anteriores para ponernos al borde de otra generación perdida. Ese temor aumenta con los efectos de la pandemia sobre la condición socioeconómica del alumnado.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌