Columnistas

Los útiles rehenes de Ortega

Su gran y cruel ventaja es que la vida humana le importa poco

Daniel Ortega quedó más debilitado y deslegitimado que antes con la simulación electoral del domingo. Ahora deberá afrontar no solo mayor aislamiento, sino también nuevas presiones y sanciones internacionales. Las más determinantes serán de Estados Unidos y la Unión Europea (UE), tanto directas como indirectas, mediante sus votos en organismos financieros internacionales. Pero no descartemos la capacidad reactiva y manipuladora del dictador para capear la tempestad y seguir en el poder. Y en su arsenal tiene un arma tan potente como inhumana: sus rehenes, que pueden funcionar, además, como moneda de cambio.

El grupo más visible son los presos políticos, en particular los posibles candidatos y dirigentes políticos, sindicales y empresariales encerrados en las últimas semanas. Pero hay otro, aunque mucho más difuso, que es tan o más importante: la población en general.

La liberación de algunos presos, sobre todo los que ya no representan riesgos, puede ser utilizada para dar la impresión de apertura, traer de nuevo a su redil al gran empresariado, apaciguar tensiones e intentar un nuevo equilibrio que reduzca presiones internas y externas. Es la estrategia de dos (o más) pasos adelante y uno atrás, que en nada cambia los factores estructurales: un excelente rédito.

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