Por: Aarón Sequeira 5 agosto, 2016
Jean Charlie (der). | JOSÉ CORDERO
Jean Charlie (der). | JOSÉ CORDERO

Jean Charlie es haitiano. Así no más. Entre centenares de migrantes que ocultan su verdadero origen y prefieren ingresar ilegalmente, él lo afirmó sin ambages: “Yo soy haitiano”.

Charlie contó que él viene de Puerto Príncipe y que necesita saber dónde está la Embajada de Nicaragua en Costa Rica, porque está decidido a ir allí a pedir una visa para ingresar y, luego, seguir a Estados Unidos.

Trabajó un año y medio en Brasil, donde asegura que hay miles de isleños, empujados por la perenne crisis de su país y que, luego de trabajar como electricista en un hotel de la cadena Marriott, en São Paulo, siguió su camino por Perú, Ecuador, Colombia y Panamá.

No sabe ni entiende por qué los demás ocultan su verdadero origen, diciendo ser del Congo, pero sí tiene claro que quiere ir a Estados Unidos “para buscar vida”.

El francés de estos migrantes tiene más acento caribeño y, cuando hablan español, suenan a dominicanos.Al decir que son africanos, señalan su punto de partida en un país centroafricano del que solo sabem que está en conflicto perenne y que su capital es Kinsasa. Y a veces ni eso.Charlie es uno de los cientos que han atravesado la frontera y solicitado un permiso de estancia temporal en las oficinas migratorias de Paso Canoas. Ayer, segundos después de dar declaraciones, tomó un bus de Tracopa que, ansiaba él, lo llevaría a San José.