Educación

Alumnos indígenas caminan 8 horas en busca de señal de Internet para ‘recibir lecciones’ en pandemia

Para cargar la computadora, los estudiantes del Liceo Roca Quemada también hacen recorrido de cuatro horas a pie, los maestros saben que es cansado pero tratan de motivarlos

Entrega de Guías de Trabajo Autónomo por materia en el Liceo Roca Quemada, ubicado en el Territorio Indígena de Alto Chirripó. Foto cortesía Helen Villanueva

Los 140 alumnos del Liceo Roca Quemada, en el territorio indígena de Alto Chirripó, sí saben lo que es educación a distancia. De larga distancia.

No se trata de la misma educación a distancia que se implementó en el Valle Central; ellos recorren a pie kilómetros y kilómetros de montaña para recibir instrucciones y ayudas básicas de sus docentes durante la pandemia.

Los estudiantes que tienen celular deben caminar cuatro horas de ida hasta Grano de Oro, en Turrialba, para buscar señal de Internet y señal celular para enviar sus trabajos o llamar a los profesores con el fin de evacuar dudas. Así intentan cumplir con el programa establecido por el Ministerio de Educación Pública (MEP) de “clases a distancia”.

Luego, toman otras cuatro horas para el regreso.

Se trata de una viaje realizado semana a semana desde marzo, cuando suspendieron las clases y los maestros dejaron de llegar.

Este liceo atiende a jóvenes provenientes de 16 comunidades indígenas, muy alejadas entre sí. La mayoría de los estudiantes son jefes de hogar con hijos, con escasas posibilidades de empleo y dedicados a la agricultura de susbsistencia. Los ayudan las becas que reciben en la institución por parte del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), aunque no todos cuentan con el beneficio.

Su lengua materna es el cabécar, mientras que el español lo hablan con dificultad.

De los 140 alumnos, solo14 tienen teléfono célular y viajan a Grano de Oro a buscar señal, cuenta la directora del Liceo, Hellen Villanueva.

Otros 97 tienen computadora que recibieron de la Fundación Omar Dengo, con el problema de que en su hogar no hay electricidad, por eso emprenden el viaje de cuatro horas hasta el colegio, que tiene electricidad a base de turbina y paneles solares, para cargarla.

Los 29 restantes no tienen ni computadora ni teléfono.

Ellos reciben las guías de los equipos que ingresan a la comunidad con alimentos, una vez al mes. Quince días después de recibir los trabajos, los docentes llegan al Liceo a resolver dudas.

Esa ha sido la dinámica.

La otra opción que tienen quienes no poseen celular o computadora es pedir ayuda a los que sí, para que envíen fotos de las guías resueltas a los docentes, cuando bajan a Grano de Oro por señal.

“El 80% de la población estudiantil camina hasta cuatro horas diarias para llegar a la institución a recibir clases y ahora en tiempo de pandemia caminan a cargar sus computadoras para llegar a trabajar en sus casas” dijo Villanueva.

Hasta en caballo

En el centro educativo laboran 10 funcionarios, cinco docentes y cinco de administración.

Antes de la pandemia, los profesores vivían en unos albergues de la comunidad, pero, por la suspensión del curso lectivo presencial, ahora solo van a entregar alimentos y guías, y atender dudas.

Cuando el tiempo lo permite, pueden llegar desde Turrialba hasta el Liceo en vehículo de doble tracción; duran poco más de tres horas. Si ha llovido mucho, deben buscar otro transporte como un cuadraciclo o caballo.

“El personal docente elabora videos contextualizados y algunos en idioma cabécar para una compresión del tema. Ahora con el trabajo a distancia, dichos videos se entregan al mismo tiempo que el paquetes de alimentos.

“No hay desertores (abandono estudiantil) gracias al trabajo del personal docente y administrativo. En algunos casos de posibles salidas, se visitó a los estudiantes en sus hogares”, explicó la directora.

Melissa Brenes, docente de Español, relató que cuando los alumnos llegan a Grano de Oro a buscar señal, la llaman para que ella les recargue pues el saldo no les dura mucho para entregar sus trabajos y el de sus compañeros y hacer llamadas para evacuar dudas.

“Cuando estaban en clases presenciales salían a las 3 a. m. de su casa para llegar al colegio a las 7 a. m. Ellos, en este contexto de pandemia, manifiestan que es cansado estar caminando tanto pero uno los trata de motivar”, dijo Brenes.

Barrera del idioma

Para comunicarse mejor con los estudiantes, cuenta Brenes, llevó unos cursos de cabécar, pues el español de los muchachos es muy básico.

Cuando definitivamente no les entiende, tiene que pedirle ayuda al guarda de la institución para que traduzca.

En las guías de trabajo, usa el cabécar para girar instrucciones.

Ella admite, que la barrera del idioma también es otra dificultad para las clases a distancia en la pandemia.

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