Por: Natasha Cambronero 15 abril, 2016

Chiriquí, Panama.

Hacinados, con poco o nulo acceso a agua potable, poca comida y letrinas para hacer sus necesidades: así viven cientos de cubanos varados en Panamá, a pocos metros del puesto fronterizo de Paso Canoas, colindante con Costa Rica.

El gobierno panameño instaló un albergue en la provincia de Chiriquí, en el barrio San Isidro y hospeda a otros tantos en el hotel Milenio, el cual se visualiza desde suelo costarricense, pero ambos lugares ya no dan abasto.

En el albergue, una especie de galerón al cual llaman “El boom”, los camarotes son insuficientes, por lo que los migrantes optaron por comprar colchones inflables y tiendas de campaña, en busca de un poco de privacidad.

La escasez no es solo de camas, sino también de espacio. Es por ello que los cubanos también pernoctan al aire libre, en toldos improvisados hechos con bambú y bolsas plásticas, o bien, en las infaltables tiendas para acampar, con sus colchones.

“Por aquí pasan las aguas negras, casi al lado de donde dormimos, usted no se puede imaginar cuando llueve, todo se inunda, es un pantano”, se lamenta Rubén Gavino, mientras le corta el cabello a uno de sus compatriotas.

Él fue uno de los más de 1.300 cubanos que el miércoles intentaron cruzar el puesto migratorio de Paso Canoas y adentrarse a territorio costarricense, movilización que no prosperó, luego de que la Fuerza Pública multiplicó su presencia policial en la zona.

Costa Rica impide el paso por su territorio para evitar una nueva aglomeración en la frontera norte, limítrofe con Nicaragua, debido a que el gobierno de Daniel Ortega les cerró sus puertas a los isleños desde noviembre del año pasado.

Unos 2.000 cubanos están varados en la provincia panameña de Chiriquí, limítrofe con Costa Rica, en un albergue que instaló el gobierno de Panamá en el barrio San Isidro, a pocos metros del puesto migratorio de Paso Canoas.
Unos 2.000 cubanos están varados en la provincia panameña de Chiriquí, limítrofe con Costa Rica, en un albergue que instaló el gobierno de Panamá en el barrio San Isidro, a pocos metros del puesto migratorio de Paso Canoas.

Los cubanos intentan llegar a Estados Unidos para cobijarse bajo la Ley de Ajuste Cubano, que data desde 1966, la cual establece que cualquier habitante de esa isla debe ser acogido con solo poner un pie en ese territorio, siempre que llegue por mar o tierra, y puede optar por la residencia tras un año de vivir de ahí.

Basura y malos olores. A la espera de una solución regional a esta crisis humanitaria, los cubanos en Panamá conviven entre basura y olor a excremento humano, pues solo disponen de unos 15 baños portátiles, que tienen que compartir con sus coterráneos, unos 2.000 aproximadamente, según pudo corroborar un equipo de La Nación que visitó la zona.

La situación se agrava aún más con la falta de duchas. Las mujeres disponen de dos regaderas, mientras que los hombres por lo general se bañan al aire libre, en calzoncillos y a cubetazos.

Otros aprovechan la cercanía del rió Chiriquí para asearse y lavar su ropa.

Elvira Nápoles es una de las cubanas instaladas en ese albergue. Ella denuncia las críticas condiciones en las que están, pues la falta de agua potable es pan de cada día, así como la acumulación de basura por todas partes.

“Los baños malísimos, el agua a veces falta (…). Las condiciones son críticas, le agradecemos al Estado (de Panamá) que nos dé comida, pero no queremos que nos ayuden, sino que nos den libertad para caminar por todas las fronteras sin que nadie nos pare, sin que nos deporten, sin que nos estafen, es decir, que nos den vía libre para que podamos llegar a nuestro destino final, y no que nos tengan retenidos aquí”, dijo Nápoles, quien vivía en la ciudad de Camagüey en Cuba.